El subtexto lésbico que Hitchcock solo se atrevió a insinuar en 'Rebeca'
Un deseo prohibido que el director solo pudo insinuar en la película, condicionado por la censura de la época
El amor prohibido que Hitchcock solo pudo sugerir en Rebeca
Madrid
La señora Danvers es uno de los personajes más inquietantes del cine clásico. En Rebeca (1940), Alfred Hitchcock construyó en torno a ella una figura marcada por la obsesión y un amor enfermizo hacia la difunta Rebeca. Un vínculo que esconde un claro subtexto lésbico que el director solo pudo insinuar, condicionado por la censura de la época.
Así lo recordaron en el programa Sucedió una noche de la Cadena SER, donde analizaron la complejidad del ama de llaves de Manderley, interpretada por Judith Anderson. Lejos de ser solo una villana fría y manipuladora, la señora Danvers actúa movida por una pasión que nunca pudo expresar abiertamente.
Ese amor obsesivo presenta una evidente carga sexual. En la novela de Daphne du Maurier queda bastante más claro, pero Hitchcock solo lo sugiere. Aun así, hay una escena en la que ese deseo resulta imposible de ocultar: aquella en la que Danvers muestra a la nueva señora de Winter la ropa de la difunta Rebeca, conservada como un tesoro casi sagrado.
El placer con el que acaricia la lencería, la delicadeza de cada gesto y la expresión de su rostro revelan mucho más de lo que permiten los diálogos. "El gozo que se ve mientras acaricia la ropa deja claro su amor y su deseo sexual por ella", subrayaron en el programa, destacando el carácter perturbador de una secuencia clave dentro de la película.
Nada de esa escena fue improvisado. Al contrario, Hitchcock la diseñó con extrema precisión. En una entrevista posterior rescatado en Sucedió una noche, Judith Anderson recordaba cómo el director le marcó cada movimiento. "Llegó, abrió el armario y empezó a acariciar la ropa que estaba colgada, casi como si estuviera desvistiendo a Rebeca con los ojos". Según explicaba la actriz, Hitchcock le indicó "cada gesto y cada movimiento", algo que asumió sin reparos: "Sabía que estaba en presencia de un maestro". El resultado fue una de las villanas más memorables del cine, construida a partir de la insinuación y el subtexto, y no de lo explícito.
‘Tarzán y su compañera’, ‘¿Quién puede matar a un niño? ’ y Sra. Danvers