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Un jefe pide a sus empleados que lleguen siete minutos antes el trabajo y llama a la puerta el inspector con algo más que una sugerencia

Un cambio de rutina que tuvo consecuencias

Cartel de abierto / Willie B. Thomas

Cartel de abierto

Los horarios laborales se ponen muy estrictos en algunos momentos, sobre todo con el fichaje que se debe hacer al entrar y salir en cada jornada, aunque hay varias profesiones en los que suelen ser algo cambiantes, dependiendo de lo que haya que hacer en cada momento, pudiendo moverse turnos casi a diario. Igualmente, en general suelen ser bastante estrictos y de no cumplirlos podríamos vernos en un problema real, pero no solo los trabajadores, sino también los jefes.

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Esto lo vemos muy claro en un caso relatado en Le Figaro emploi, donde nos cuenta cómo la idea de un propietario de un comercio de telas en la Loire (Francia), la cual consistía en exigir a sus empleados que entraran a su puesto de trabajo siete minutos antes de la hora oficial, lo ha llevado a una encrucijada. Esto que parece un cambio mínimo le ha supuesto tener que enfrentarse a la justicia por estar violando las normas establecidas por la legislación vigente en el país.

Todo se desencadenó tras una inspección laboral sorpresa el pasado 13 de agosto de 2024, cuando un inspector encontró a los empleados a las 9:53 horas, aunque el local abría a las 10:00. Estos comentaron que habían sido dispuestos a entrar antes por parte del jefe con el objetivo de adelantar y preparar la apertura. Ese simple hecho que suponía tan solo siete minutos más de jornada fue constituido como tiempo de trabajo real no voluntario, incurriendo en un posible fraude laboral basado en las horas trabajadas no declaradas ni remuneradas.

Acusación y consecuencias

El juez que instruye el caso acusó al empresario de "trabajo disimulado", así como de recurrir a horas extra sin la correspondiente compensación para los empleados que la realizan, siendo el montante final anual bastante más grande que esos siete minutos diarios en los que nos fijamos. Por su parte, el propietario se defendió diciendo que sus empleados podrían recuperar ese tiempo mediante pausas más largas durante la jornada, porque según él se obvia en la acusación "si se quedan 20 minutos en el baño".

Esa argumentación fue rechazada por la fiscalía y el tribunal, puesto que las pausas no compensan el tiempo trabajado, que mensual y anualmente suponen una cantidad enorme de trabajo gratuito, suponiendo esos minutos diarios cerca de 80 euros al mes no pagados. Este juicio se realizó el 2 de diciembre, con el fiscal solicitando una multa de 2.000 euros, de los cuales 1.000 son con suspensión de pena para el responsable del comercio, así como la necesidad de instalación de un sistema de fichaje en sus establecimientos. Y, obviamente, se instó a los empleados a que no entren antes de las 10:00 horas.

 

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