Un ingeniero electrónico hambriento experimenta con un nuevo sistema de armas y crea sin querer el electrodoméstico revolucionario
Una simple casualidad dio paso a una gran revolución

Microondas / CSA Images

Corría el verano de 1945, parecía un día más, pero realmente todo cambiaría por completo en el seno de una fábrica de electrónica de Massachusetts, puesto que de manera accidental se terminaría desencadenando una revolución tecnológica que llegaría un tiempo más tarde a las cocinas de todo el mundo. La figura clave de esta historia narrada por Illustrert Vitenskap es Percy Spencer, un ingeniero de la empresa Raytheon, el cual se tomó un pequeño descanso de sus quehaceres y se dispuso a comerse una barra de chocolate PayDay, pero cuando la sacó de su bolsillo no se la encontró como cuando la había metido allí.
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La chocolatina se había derretido por completo, algo incomprensible en un primer momento porque la temperatura de la habitación era baja, así que decidió indagar en cómo había podido suceder esto. De primeras, descartó la explicación ambiental, así que se puso a revisar el equipo que estaba manipulando, que se trataba de un sistema de radar basado en magnetrones, el cual es capaz de convertir energía eléctrica en radiación electromagnética en forma de microondas. Esta fue la revolución, porque sin quererlo estaba a punto de convertirse en el inventor de un electrodoméstico que es indispensable en millones de hogares en la actualidad.
Y eso no fue todo, sino que daría otro vuelco a su propia empresa. Raytheon comenzó su andadura empresarial fabricando interruptores y tubos de radio, pero en 1940, gracias a una innovación desarrollada en la Universidad de Birmingham (Inglaterra), cambió. Los avances tecnológicos de la época perfeccionaron el magnetrón al diseñarlo con cavidades que aumentaban enormemente su eficiencia, por lo que se incrementó su potencia y empezó a verse como una opción ideal para mejorar los radares militares en un contexto marcado por la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. Pero la Spencer y su barrita de chocolate dieron otra vía mercantil.
Desarrollo del microondas
Raytheon apostó por la tecnología del magnetrón de alta potencia y puso a Percy Spencer a la cabeza de la experimentación, llegando incluso a optimizar el proceso y registrar algunas patentes, lo cual otorgó grandes beneficios. Pero la revolución vino durante unas tareas de su encargado, que al ver lo que había ocurrido con el chocolate decidió experimentar. Colocó granos de maíz frente al magnetrón y observó cómo estallaban en palomitas; los huevos, tras unos segundos de exposición, explotaban; y fue ajustando las cargas hasta descubrir que una frecuencia de aproximadamente 2,45 gigahercios ofrecía un calentamiento más eficaz.
Explican en el artículo que, a esa frecuencia, las microondas penetran varios centímetros en los alimentos y, tras un breve reposo, el calor se distribuye de manera óptima. Con todo este trabajo, Raytheon lanzó el primer horno microondas comercial, el RadarRange 1161, en 1947. Pero no era como los que tenemos en casa actualmente. El aparato medía 1,80 metros, pesaba 340 kilos y costaba unos 5.000 dólares, por lo que fue destinado a cocinas industriales. Poco a poco fueron optimizando aún más los procesos hasta hacer versiones más compactas y económicas, llegando su popularización doméstica a partir de la década de 1970. Así, aquel chocolate derretido marcaría el inicio de una de las invenciones domésticas más influyentes del siglo XX: el horno microondas.




