Una directora de guardería alerta de lo que hacen los padres con el postre de los niños: "Absolutamente inaceptable"
Una manera diferente de afrontar la comida

Ilustración de un niño que no quiere comer / nicoletaionescu

Es una situación común para los padres esa en la que el pequeño no está por la labor de comerse todo lo que hay en el plato. Se ponen algo cabezones y dicen que no quieren comer, así que se buscan recursos para que pueda hacerlo, apareciendo muchas veces esa frase de "si te terminas la comida, te daré algo dulce". Es un método de recompensa que parece que tiene un alto porcentaje de éxito, al menos a corto plazo, pero hay algunos expertos que consideran que este enfoque puede tener ciertos efectos sobre los niños que pueden no ser positivos con el paso del tiempo.
Así lo explicaba en Instagram una directora de jardín de infancia llamada Liana Schulz, quien describía cómo una madre le contó que utilizaba recurrentemente ese mismo truco, por lo que se puso a reflexionar y analizarlo. Comentaba que ha observado que eso mismo se lleva a cabo en muchas guarderías, pero es algo equivocado, ya que los dulces no se están usando como una recompensa, sino como un medio de coerción, pues no se tiene en cuenta algo tan básico como sensación de saciedad, lo que provoca que muchos infantes terminen comiendo más de lo que realmente quieren para que le den los dulces.
Frankfurter Rundschau recogió este asunto y habló directamente con Schulz, quien fue clara en su razonamiento: "usar dulces como incentivo es completamente inaceptable". Nos explica que "los niños deberían aprender a cooperar por iniciativa propia y desarrollar una sensación de saciedad", lo que no quiere decir que se prohíban los dulces por completo, de hecho, en su jardín de infancia no lo están, basándose en su experiencia propia y la naturalidad con la que hay que tratarlos: "A mí me encanta comer algo dulce, como un caramelo o una galleta, después del almuerzo. ¿Por qué no se debería permitir que los niños lo hagan?".
Así, afirma que todo se trata de equilibrio, no de prohibiciones. Aunque sí ha observado que muchos otros centros adoptan un enfoque mucho más estricto. "Muchas guarderías son rigurosas y prohíben cualquier cosa que no se ajuste a su concepto, por razones como la pirámide alimenticia o la higiene dental", pero en las directrices del suyo en relación a la comida, prefiere la flexibilidad y que los padres sean quienes tengan la posibilidad de decidir. Si bien, esto no significa que los dulces puedan usarse como medida disciplinaria.
El abuso del poder: adultismo
La directora dice que, en el momento en el que los dulces se convierten en una recompensa, comer se convierte en una herramienta de poder. "No es guía. No es autorregulación. Es control". Esto puede provocar graves problemas de salud", puesto que se está desdibujando el sentido natural del hambre, que asegura que los pequeños tienen aunque no lo creamos, por lo que "la presión y los juegos de poder solo provocan que los niños desarrollen problemas a largo plazo con su sensación de saciedad". Y es que ha observado que la actitud de muchos adultos hacia los niños no es la más sana, lo que tiene altos porcentajes de que se traduzca en problemas a largo plazo.
"Es importante tratar a los niños como iguales. Cuando los padres abusan de su poder, lo llamamos adultismo: discriminación de los niños por su edad. Nadie debería querer eso". Y es que en el tema de la alimentación y la recompensa, "el postre no es un medio de coerción. La comida no es una herramienta pedagógica", siendo una parte más del menú que se debe tomar "en cualquier momento, independientemente del plato principal. Y a veces incluso antes". De esta forma, en su experiencia y la metodología aplicada en su centro, Schulz recomienda implicarlos en los procesos.
Explicaba que su guardería tiene huertos en los que los niños plantan sus propias verduras, las cosechan y las preparan, porque "cuando participan en todo el proceso, desde la compra hasta la preparación, suelen estar mucho más motivados para llevar una dieta equilibrada", acerándose así a la posibilidad de vislumbrar una alimentación saludable, motivándoles a probar cosas nuevas, porque como dice la experta, "la autodeterminación y la participación ayudan a que los niños se entusiasmen con la alimentación saludable".




