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Vive unos momentos de pura desesperación hasta que ve el regalo en el parabrisas: "Te debemos al menos una cena"

Una historia de bondad y agradecimiento

Coche / Tfilm

Coche

Era un día de excursión como tantos otros para un joven llamado Lele. Su peregrinaje le llevó hasta la zona del refugio Sebastiani, en Abruzos (Italia), pero todo se complicó durante él, porque sin darse cuenta las llaves de su coche cayeron, quedando escondidas en un sendero cubierto de hojas. Recoge el medio Il Dolomiti que llegaron donde habían aparcado y el miedo se apoderó de ellos, como él mismo contaba. "Realmente no sé qué habríamos podido hacer. Estábamos literalmente en medio de la nada, el último coche en el aparcamiento, con los últimos minutos de luz y la temperatura bajando", decía, pero ocurrió su "milagro".

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"Tras unos momentos de desesperación, vi esta nota en el parabrisas. Prácticamente un milagro", definía el muchacho, que se dedicó después de esta historia a difundir lo ocurrido entre grupos de montañeros, porque alguien había recogido sus llaves y, lejos de olvidarse de ellas o dejarlas en cualquier lugar, tuvieron a bien hacer una búsqueda de a qué coche pertenecían y ponerlas a disposición de su dueño para cuando llegaran. Se habían perdido en el camino, lejos del aparcamiento, pero volvieron con empatía para depositarlas en el parabrisas con una nota explicándole cómo habían dado con ellas. Un gesto que Lele no podía dejar en el anonimato.

"La situación es la siguiente. Mi familia y yo, incluyendo a mi padre, que tiene casi 70 años y está bastante cansado por el día, llegamos al coche después de una subida y de comer en el refugio Sebastiani. Me di cuenta de que había perdido las llaves: pánico total. Realmente no sabía qué habríamos podido hacer. Estábamos literalmente en medio de la nada, el último coche en el aparcamiento, con los últimos minutos de luz y la temperatura bajando. El lugar habitado más cercano era un bar-refugio (Rifugio del Lupo) a varios kilómetros por un camino de tierra, que seguramente habríamos encontrado cerrado a nuestra llegada, mientras que el pueblo más cercano estaba a unos diez kilómetros, obviamente sin estación de tren (teníamos que volver a Roma)", escribía.

Es cuando comentaba lo de sus momentos de desesperación, pero fue cuando se dio cuenta de que allí, en el cristal, estaba la nota y las llaves, como "una especie de visión mística". "Fue prácticamente un milagro, considerando que el 80% de la ruta estaba cubierta por una densa capa de hojas. Sin mencionar que nuestros rescatadores tenían un papel y algo para escribir, y que tomaron el mismo camino que nosotros (podrían haber empezado fácilmente desde otro punto)", pero no se quedaba ahí, ya que está buscando a los firmantes de la nota; Francesco, Clarissa, Pietro y Moka; a los que les dice que "si están aquí, acérquense. Les debo al menos una cena".

 

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