Julen Villarreal: un navarro en la selva boliviana al rescate del yurakaré
Se ha presentado el primer diccionario con 4.500 palabras de esta lengua indígena en peligro de extinción

Julen Villarreal presenta el Diccionario Yurakaré-Castellano
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Pamplona
El navarro Julen Villarreal Moreno tiene muy clara su pasión por las lenguas y las culturas que están en riesgo de desaparición. "En el mundo se hablan más o menos unas 7.000 lenguas y la mitad están en peligro de desaparición", constata este joven de Uharte, que se graduó en Estudios Vascos y que actualmente imparte clases de estas materias y de euskera en la Universidad de La Habana a través de Etxepare, la entidad pública vasca que promueve la difusión de esa lengua en centros universitarios de todo el mundo. Moreno participó en Bolivia sobre el terreno en un ambicioso proyecto lingüístico que pretendía, mediante la elaboración de un diccionario, preservar el legado y dar continuidad a una de esas lenguas que hoy están en grave riesgo de desaparecer porque sus hablantes cada vez son menos: en el caso del yurakaré, alrededor de un millar de personas.
Julen Villarreal ha compartido en SER Navarra su experiencia en Bolivia tras contribuir a culminar ese 'Diccionario yurakaré-castellano'. La obra se ha publicado recientemente, en 2025, coincidiendo con el bicentenario de la independencia de Bolivia, un detalle simbólico que valora para un trabajo que aspira a reforzar la dignidad de un idioma amenazado.
El lingüista navarro ha explicado que el yurakaré se habla en zonas selváticas del país, lejos del altiplano andino más conocido. Su trabajo se centró en el Chapare, una región de la cuenca amazónica en la que viven buena parte de los 2.500 yurakaré que componen esta nación indígena. Aproximadamente mil de ellos mantienen la lengua con soltura, aunque las generaciones jóvenes ya la utilizan menos y se limitan muchas veces a comprender lo que dicen los mayores. Es un escenario que, como ha apuntado, la UNESCO sitúa entre los niveles más críticos de riesgo de desaparición.
La escolarización ha tenido un papel determinante en esa pérdida. Villarreal ha recordado que las escuelas bolivianas emplean el castellano como lengua vehicular, una política que ha facilitado el acceso a la educación pero que, en comunidades como la yurakaré, ha provocado una sustitución cultural acelerada. Ha señalado que muchos niños entienden el idioma ancestral de sus abuelos, pero apenas lo usan entre ellos. También ha descrito una convivencia compleja entre las tradiciones propias y la presencia creciente de productos industriales, carreteras y nuevas dinámicas económicas que modifican la vida diaria en la región.
Misioneros y cocaleros
Además ha repasado la historia reciente del territorio yurakaré, marcada por la llegada de misioneros en el siglo XIX y posteriormente de grupos evangélicos más radicalizados. Esos encuentros impulsaron la sedentarización forzosa de un pueblo que había sido tradicionalmente nómada. A esa presión se sumó la expansión de los colonos andinos y el cultivo de hoja de coca, un fenómeno que alteró de manera profunda el Chapare. Entre esas familias instaladas en la zona se encontraban los Morales, de los que procedía Evo Morales, quien años más tarde se convirtió en presidente de Bolivia tras liderar el sindicato cocalero.
Esa trayectoria política tuvo consecuencias directas para la comunidad. Villarreal ha recordado que Evo Morales expulsó a misioneros, ONG y a la DEA de la región, y que el antiguo aeródromo usado por la agencia antidroga habría pasado a manos de los cocaleros, según diversas versiones. En paralelo, el Gobierno creó un territorio autogobernado para los yurakaré, una medida que otorgó mayor reconocimiento político a este pueblo, aunque también reforzó tensiones que siguen presentes en la zona.
El proyecto del diccionario arrancó en 1999 con investigadores de la Universidad de Leiden, en Países Bajos, -Vincent Hirtzel y Rik Van Gijn-, y se mantuvo inacabado hasta que Villarreal decidió retomarlo tras finalizar su máster de lingüística. Consiguió financiación de varias fundaciones y viajó al Chapare con 25 años para culminar un trabajo que combinaba la corrección del material recopilado y la elaboración de nuevas entradas. El resultado recoge 4.500 palabras y unas 6.000 entradas, cada una con sinónimos, ejemplos y en ocasiones pequeñas explicaciones culturales.
Palabras con alma
Villarreal ha explicado que el objetivo no era solo registrar vocabulario. Ha puesto como ejemplo la palabra tiriri, que designa a un ave capaz de imitar numerosos sonidos. Para los yurakaré, este pájaro es un antepasado transformado por una deidad, un relato que incorpora elementos de la cosmovisión del pueblo. El diccionario, en ese sentido, busca preservar no solo la lengua sino también la memoria cultural asociada a cada término.
El lingüista ha señalado que un idioma solo pervive si se habla, y que un diccionario no basta para revertir la tendencia, aunque sí contribuye a prestigiarlo. La existencia del volumen demuestra que el yurakaré es una lengua estructurada y útil para la enseñanza, un argumento que podría servir para reintroducirla en las escuelas como herramienta educativa y no solo como objeto de estudio.
Antes de este proyecto, Villarreal había trabajado con otra lengua minoritaria en Senegal, donde recopiló literatura oral tradicional y publicó un libro de 500 páginas junto con un compañero del país. Ahora reside en Cuba, donde imparte clases de lengua y cultura vasca en la Universidad de La Habana. Ha comentado que sigue con atención la situación política en Venezuela y sus efectos en Cuba, un país en el que la escasez de petróleo provoca periódicamente cortes eléctricos que afectan también al suministro de agua. Según ha dicho, la crisis venezolana puede agravar aún más ese escenario en los próximos meses.




