La Ventana de Navarra
Economía y negocios

Los preparativos para la segunda fase del Canal de Navarra

Agricultores y comunidades de regantes reclaman acelerar los trámites para acompasar la obra con la reorganización de tierras

David Navarro, agricultor de Tudela, sobre la Segunda Fase del Canal de Navarra

Pamplona

La segunda fase del Canal de Navarra no solo implica la construcción de una infraestructura hidráulica clave para la Ribera, sino también un proceso paralelo de modernización del regadío y concentración parcelaria que condiciona el futuro agrícola de la zona. David Navarro, agricultor tudelano y vocal de UAGN, lo resume con claridad: “Es un proceso lento, que cuesta años, no solamente en el caso del Canal de Navarra, sino con cualquier canal de riego”.

Navarro explica que antes de que llegue el agua, las comunidades de regantes deben decidir si se adhieren al canal y asumir las condiciones que conlleva: riego a presión, sistemas más eficientes y una reorganización de parcelas para optimizar el uso del agua. “Para ser parte regable del Canal de Navarra hace falta estar modernizado. Es decir, riego a presión, que es el que se considera más eficiente, y hacer una concentración parcelaria”, señala.

El procedimiento arranca con una solicitud formal y continúa con una fase de planificación que puede prolongarse dos años antes de ejecutar las obras. En Tudela, donde hay hasta nueve comunidades privadas y tres comunales, algunas ya han dado el paso. “El ayuntamiento tiene más capacidad porque es un único propietario y ya ha solicitado su adhesión”, apunta Navarro, que insiste en la importancia de informar a cientos de pequeños propietarios en un sector envejecido y con ritmos distintos. “Hay que dedicar mucho tiempo a informar, porque hablamos de comunidades de cientos, incluso miles de propietarios”.

La modernización no es solo una cuestión técnica, sino también económica. El coste medio ronda los 300-400 euros por hectárea, aunque depende de la complejidad de cada comunidad. En Navarra, las ayudas públicas cubren entre el 85 y el 90 % del gasto en concentración parcelaria, lo que facilita la inversión. A ello se suma la instalación individual de sistemas de riego, que también puede contar con subvenciones.

Más allá del esfuerzo inicial, los beneficios son evidentes: ahorro de agua, mejora de caminos y parcelas más funcionales. “El canal de Navarra pretende hacer el riego más eficiente, que se gaste menos agua. Se prohíbe el riego por inundación, todo tiene que ser aspersión y goteo”, explica Navarro. Además, la infraestructura está diseñada para reducir costes energéticos gracias a la cota elevada del suministro, lo que evita en muchos casos el bombeo eléctrico.

El horizonte temporal sigue marcado por la licitación de la segunda fase, que agricultores y regantes esperan con impaciencia tras la aprobación de financiación europea. “Estamos ilusionados y contentos con las noticias que salen, pero es importante el día que nos levantemos con la licitación, porque será una gran alegría”, afirma Navarro. Para él, el impacto va más allá del campo: “Esta obra es importante para la zona que queda, que es la parte de la Ribera, pero al final es para toda Navarra y para el desarrollo”.