María Jesús, 100 años: "Estoy como un sol"
El estudio BioAncient busca desde Navarra claves genéticas y de estilo de vida entre personas centenarias

Bioancient estudia la longevidad analizando las costumbres, entorno y genética de personas centenarias en Navarra
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Pamplona
María Jesús habla desde su casa en Cascante como quien abre la ventana y deja entrar la vida. Tiene 100 años recién cumplidos y lo cuenta con una serenidad luminosa: “Estoy divinamente; vivo yo sola en mi casa”. Su voz es firme y próxima, con ese tono de quien ha acumulado décadas sin perder la curiosidad. Vive sola, pero no está sola; su nuera controla el domicilio de María Jesús desde la peluquería en la que trabaja y le lleva la comida todos los días. “Tengo muchas visitas, tengo una ventana que me parece que vivo en la calle, porque todas pasan y me preguntan: ¿qué tal estás?”. Asegura María Jesús que no tiene secretos especiales para haber llegado así al siglo, aunque se ríe cuando le preguntan. “Soy creyente y muchas agradecida por llegar a estos años”, dice. Y añade otra pauta que defiende con humor: “Yo no como más que dulces, si puedo”.
María Jesús es la imagen viva de lo que hoy investiga BioAncient, un proyecto liderado por Navarrabiomed que quiere entender por qué nuestra comunidad reúne cerca de 280 personas centenarias. La doctora Hui Chen, geriatra del Hospital Universitario de Navarra e investigadora del proyecto, lo resume así: “La longevidad se hereda y se aprende. Probablemente las dos cosas”. El estudio aspira a averiguar qué factores genéticos, ambientales y de estilo de vida permiten que una persona llegue a los 100 años con calidad. Y lo hace desde un enfoque amplio que va desde la genética hasta las relaciones sociales.
Navarra, explica Hui Chen, podría tener un rasgo particular que favorece la longevidad: “Uno de los puntos fuertes probablemente sea la dispersión geográfica. La vida en el campo nos ha dado mucho”. Bioancient estudia a personas nacidas antes de 1928 y reúne a 70 profesionales de entidades públicas y privadas, con financiación del Gobierno de Navarra. El equipo recoge muestras de sangre y orina de las personas objeto de estudio, pero también datos de su vida cotidiana, actividad física, alimentación o vínculos sociales. Todo se hace en los domicilios para facilitar la participación: “Es más sencillo para ellos y nos permite conocerles en su entorno”.
Los investigadores quieren correlacionar esos datos con la situación física y cognitiva de cada participante. Se preguntan si quienes llegan a los 100 años con buena salud tienen algo distinto en su biología o en sus costumbres. Hui Chen reconoce que el proyecto está empezando, pero recuerda que otros estudios ya han encontrado patrones claros: alimentación moderada, ejercicio diario, relaciones sociales activas y, sobre todo, un modo de vivir con propósito y conexión.
Y en esa descripción, María Jesús encaja con naturalidad. Vive mirando a la calle, sale cada día “buscando la rayadica del sol”, se agarra a su silla para caminar y se sienta cuando se cansa. Recibe a vecinos, conversa, celebra. Hace unos días reunió a más de veinte familiares para festejar su siglo de vida. “Estoy muy contenta de la vida”, dice. “Creo que voy a vivir, voy a vivir. Porque tengo alegría y quiero vivir”.
En la investigación, esa actitud no es un detalle menor. En ella, como en tantos centenarios, la ciencia busca respuestas. Y quizá también una forma de aprender a envejecer mejor.




