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La píldora de Tallón

El escritor Juan Tallón reflexiona sobre los asuntos más dispares

A vivir que son dos díasA vivir que son dos días

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  • 'Vida imaginaria', por Xoán Tallón

    Hace algunos años entablé confianza con un hombre que pasaba las tardes tecleando en una máquina de escribir imaginaria, en una plaza cerca de mi casa. Parecía cuerdo. Fumaba cigarros también imaginarios. A veces lo invitaba a uno de verdad. Podía estar horas tecleando en el aire. Incluso corría el tambor al llegar al final de la línea. Un día le pregunté si estaba con una novela. Quise saber de qué iba. Puso un dedo en los labios y me mandó callar. Algunas veces me asomaba por detrás, como para espiar lo que escribía, y le decía «Vas bien. Va a ser un librazo. ¿Tienes agente?». Pero de la noche a la mañana desapareció. No lo vi nunca más. Pasó el tiempo y un domingo, en Madrid, vi a una mujer tocando un piano imaginario, como una virtuosa. No se oía del todo bien la pieza que interpretaba. Pero al menos verifiqué la existencia de la irrealidad. Bien se vio este miércoles, cuando Abascal hizo en el Congreso como que estaba perfectamente bien de la cabeza y como que podía presidir un país. ¿Qué país? Cuál va a ser: uno también imaginario.

    25/10/2020 | 03:31

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  • 'Divertirse en el peor momento', por Xoán Tallón

    "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos", le decía Ilsa a Rick en Casablanca. Siempre es así. ¿Quién escapa al oscuro encanto de hacer las cosas que le agradan en el peor momento? Y menos si eres joven y no has aprendido a disfrutar de los coñazos de la vida. Esa hora aún no llegó. Hay una época en la que empiezas a hacer cosas escasamente apasionantes, y a encontrarlo divertido y lógico. Es para matarte, claro. Pero para entonces ya no tienes veinte años. Digamos que a esa edad es casi normal no resistirse a participar en fiestas, aun en plena pandemia. Te parece que te alejan de los estándares de la vida insípida. Pasárselo mal, o aburrirse, es para algunas personas el equivalente a un ataúd. Pueden aceptarlo todo, menos la sensación de que el lugar donde no están es más divertido que el sitio donde están. Por eso se apuntan a las fiestas, y metidos en harina, cómo van a pensar más allá de las dos próximas horas. No consiguen imaginar un futuro más lejano que eso, donde estén muertos o lo estén su abuela o su vecino por su culpa.

    18/10/2020 | 02:53

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  • 'La mosca en la cabeza', por Xoán Tallón

    Cuando vi la mosca posada sobre la cabeza del vicepresidente de los Estados Unidos, durante el debate electoral, me acordé de lo que decía el biólogo Ginés Morata: «Donde aparezca un cadáver, a los siete minutos exactos llega una mosca. Después aparece el forense, y a los doce minutos, la policía. En este orden». Por desgracia, nada de esto pasó en el debate; ni siquiera murió uno de los candidatos. Mike Pence estuvo educadísimo al no intentar acabar con la mosca. Pocas satisfacciones se equiparan a la de atrapar una. En Karate Kid, el profesor Miyagi intenta cazarlas con los palitos que usan los japoneses para comer. Al verlo, su discípulo, Daniel LaRusso, le pregunta si no sería más fácil con un cazamoscas. «Hombre que poder cazar mosca con palitos consigue lo que quiere», responde el Sr. Miyagi. La mosca del debate no estuvo menos educada que el vicepresidente. No dio el coñazo. Y además acudió sola. Hay un cuento de José Ángel Valente en el que un par de amigos se suben a un taxi, y descubren dos moscas en el interior, que, inopinadamente, se ponen a copular en la calva del taxista. Imaginen que pasa algo así en la cabeza de Pence. La derrota de Trump sería inevitable.

    11/10/2020 | 02:23

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  • 'Un par de golpes de suerte', por Xoán Tallón

    Esther Tusquets cuenta que en los 70 estaba necesitada de un par de golpes de suerte para que su editorial tuviese futuro. Lumen no podía comprar un best seller; debía apostar por un autor y esperar a que, de forma inesperada, se disparase la venta de alguno de sus libros. Fue lo que pasó con Umberto Eco. Le publicó un pequeño librito, poco leído, y el siguiente, El nombre de la rosa, vendió cientos de miles de ejemplares. Pero antes de que eso pasase, alguien le mostró un día un cuadernito de Mafalda, y al poco Esther se presentó en la Feria de Frankfort. Ravoni, el agente de Quino, se dirigió al stand de Seix Barral y le ofreció la historieta de aquella muchacha. Carlos Barral, le confesó que el mundo del cómic no le interesaba lo más mínimo, así que cuando Esther se enteró, se precipitó a los brazos de Ravoni. «Lo hice porque Mafalda me gustaba, no porque creyera ni remotamente que iba a ser un éxito comercial», decía. De hecho, del primer cuaderno editó una modesta tirada de 3.000 ejemplares. Para su sorpresa, se vendieron cientos de miles, millones. La editorial Lumen estaba salvada, y muchos escritores vieron después sus libros publicados. Todo, gracias a Mafalda.

    04/10/2020 | 02:41

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  • 'El pasillo de la muerte', por Xoán Tallón

    Tenía muchas ganas de que saliese el libro de Albert Rivera para no ir a comprarlo. Incluso pegué un post-it en la nevera con el título y la fecha de publicación; y debajo escribí «Ni borracho». A mitad de semana, sin embargo, entré en una librería y lo compré. Dicen que en sus páginas el autor confiesa que no tiene defectos. Puede ser. Cada año, de una manera misteriosa, subrepticia, me hago con unos pocos libros solo por el placer de no leerlos. Están todos reunidos en una estantería que llamo «pasillo de la muerte». Son libros, pero a la vez un libro es otra cosa, no eso. Nunca acabo de deshacerme de ellos, y nunca acabo de leerlos. Entre tanto, por falta de lectura, se convierten en piedras. Si tomase uno para curiosear, y se me cayese al suelo, en lugar de absorber el golpe, dañaría el parqué. A veces, si me acerco mucho a ese pasillo de la muerte, casi oigo gritar a algunos ejemplares «tírame a la basura, por favor, o regálame a un amigo». Pero cómo vas a hacerle eso a un libro, o peor, a cómo se lo vas a hacer un amigo.

    27/09/2020 | 05:11

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  • 'La razón esclaviza', por Xoán Tallón

    "Los cambios de opinión transmiten madurez. No te tacharán de genio, pero si los cuentas hay ya demasiados. Para empezar, Díaz Ayuso"

    19/09/2020 | 01:24

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  • 'Una bonita historia de corrupción con final feliz', por Xoán Tallón

    "Ser chófer es anudino, pero ser espía es ingrato, tienes que negar que lo eres"

    13/09/2020 | 04:00

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  • 'Planes de Futuro', por Xoán Tallón

    "Es el mundo al revés, donde el futuro lejano se volvió más cierto que el presente."

    06/09/2020 | 03:18

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  • 'Putin', por Xoán Tallón

    No es fácil ser Vladimir Putin. Te pasas el día calculando tu poder, para a lo mejor llegar a la conclusión de que tienes mucho, pero aún no todo. Normal que te desanimes. ¿Toda la vida matándote para eso? Entiendo que reforme la constitución de su país para seguir gobernando hasta 2036. Cuando eres poderoso, haces cosas de poderosos. Las haces porque puedes. No importa si no necesitas hacerlas, te salen, como el día que aquel futbolista conducía su Maserati con 25.000 libras en el asiento del pasajero. Cuando le dieron el alto unos policías y le preguntaron por qué llevaba todo ese dinero en efectivo, simplemente dijo: «es que soy rico». En el trabajo de Putin no puedes ser, digamos, poderoso y punto. Qué autocomplacencia más innecesaria. Tienes que ser continuamente más poderoso, o de lo contrario lo será otro por ti. Ahora bien, ser poderosísimo tal vez te aboque a un punto de no retorno. Llegada la hora, imagino a Putin agobiado porque no sabe cómo dejar de ser presidente. Estará tan enredado en el puesto que le será imposible huir, lo que lo llevará a preguntarse «¿Pero qué clase de poder de mierda tengo?»

    04/07/2020 | 01:43

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  • 'Estatuas', por Xoán Tallón

    Las estatuas no cambian, y a veces eso es su perdición. Se niegan a someterse al paso del tiempo. Muestran siempre ese gesto inalterable, tan fastidioso en ocasiones. Llega a confundirse con arrogancia. Puesto que a menudo representan símbolos de un poder opresor, y antes o después la opresión se acaba y las sociedades se liberan, sería bueno que en consecuencia esas estatuas cambiasen, adoptando a lo mejor cierta humildad, u otro gesto, como agachar la cabeza o levantar una mano, o incluso bajarse del caballo si es que hay caballo por el medio. No les pedimos que hablen y digan «Lo siento, eran otros tiempos. Ahora sé que todas las vidas importan». Aunque estaría bien. Las cosas inanimadas pueden volverse exasperantes, desde la estatua de un dictador o un esclavista, a la puerta del armario de la cocina con la que te golpeas la cabeza. A menudo no puedes soportar esa frialdad suya y le das un puñetazo, para descargar la rabia. Es un poco absurdo. Igual que atacar la estatua, por engreída o infame que parezca. Pero ya sabemos que casi nada dura para siempre, por muy de piedra o de hierro que esté hecho. Confiemos en que al menos los libros de historia sí.

    27/06/2020 | 02:40

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