La píldora de Tallón
El escritor Juan Tallón reflexiona sobre los asuntos más dispares
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'Un par de golpes de suerte', por Xoán Tallón
Esther Tusquets cuenta que en los 70 estaba necesitada de un par de golpes de suerte para que su editorial tuviese futuro. Lumen no podía comprar un best seller; debía apostar por un autor y esperar a que, de forma inesperada, se disparase la venta de alguno de sus libros. Fue lo que pasó con Umberto Eco. Le publicó un pequeño librito, poco leído, y el siguiente, El nombre de la rosa, vendió cientos de miles de ejemplares. Pero antes de que eso pasase, alguien le mostró un día un cuadernito de Mafalda, y al poco Esther se presentó en la Feria de Frankfort. Ravoni, el agente de Quino, se dirigió al stand de Seix Barral y le ofreció la historieta de aquella muchacha. Carlos Barral, le confesó que el mundo del cómic no le interesaba lo más mínimo, así que cuando Esther se enteró, se precipitó a los brazos de Ravoni. «Lo hice porque Mafalda me gustaba, no porque creyera ni remotamente que iba a ser un éxito comercial», decía. De hecho, del primer cuaderno editó una modesta tirada de 3.000 ejemplares. Para su sorpresa, se vendieron cientos de miles, millones. La editorial Lumen estaba salvada, y muchos escritores vieron después sus libros publicados. Todo, gracias a Mafalda.
04/10/2020 | 02:41
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00:00:0002:41'El pasillo de la muerte', por Xoán Tallón
Tenía muchas ganas de que saliese el libro de Albert Rivera para no ir a comprarlo. Incluso pegué un post-it en la nevera con el título y la fecha de publicación; y debajo escribí «Ni borracho». A mitad de semana, sin embargo, entré en una librería y lo compré. Dicen que en sus páginas el autor confiesa que no tiene defectos. Puede ser. Cada año, de una manera misteriosa, subrepticia, me hago con unos pocos libros solo por el placer de no leerlos. Están todos reunidos en una estantería que llamo «pasillo de la muerte». Son libros, pero a la vez un libro es otra cosa, no eso. Nunca acabo de deshacerme de ellos, y nunca acabo de leerlos. Entre tanto, por falta de lectura, se convierten en piedras. Si tomase uno para curiosear, y se me cayese al suelo, en lugar de absorber el golpe, dañaría el parqué. A veces, si me acerco mucho a ese pasillo de la muerte, casi oigo gritar a algunos ejemplares «tírame a la basura, por favor, o regálame a un amigo». Pero cómo vas a hacerle eso a un libro, o peor, a cómo se lo vas a hacer un amigo.
27/09/2020 | 05:11
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00:00:0005:11'La razón esclaviza', por Xoán Tallón
"Los cambios de opinión transmiten madurez. No te tacharán de genio, pero si los cuentas hay ya demasiados. Para empezar, Díaz Ayuso"
19/09/2020 | 01:24
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00:00:0001:24'Una bonita historia de corrupción con final feliz', por Xoán Tallón
"Ser chófer es anudino, pero ser espía es ingrato, tienes que negar que lo eres"
13/09/2020 | 04:00
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00:00:0004:00'Planes de Futuro', por Xoán Tallón
"Es el mundo al revés, donde el futuro lejano se volvió más cierto que el presente."
06/09/2020 | 03:18
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00:00:0003:18'Putin', por Xoán Tallón
No es fácil ser Vladimir Putin. Te pasas el día calculando tu poder, para a lo mejor llegar a la conclusión de que tienes mucho, pero aún no todo. Normal que te desanimes. ¿Toda la vida matándote para eso? Entiendo que reforme la constitución de su país para seguir gobernando hasta 2036. Cuando eres poderoso, haces cosas de poderosos. Las haces porque puedes. No importa si no necesitas hacerlas, te salen, como el día que aquel futbolista conducía su Maserati con 25.000 libras en el asiento del pasajero. Cuando le dieron el alto unos policías y le preguntaron por qué llevaba todo ese dinero en efectivo, simplemente dijo: «es que soy rico». En el trabajo de Putin no puedes ser, digamos, poderoso y punto. Qué autocomplacencia más innecesaria. Tienes que ser continuamente más poderoso, o de lo contrario lo será otro por ti. Ahora bien, ser poderosísimo tal vez te aboque a un punto de no retorno. Llegada la hora, imagino a Putin agobiado porque no sabe cómo dejar de ser presidente. Estará tan enredado en el puesto que le será imposible huir, lo que lo llevará a preguntarse «¿Pero qué clase de poder de mierda tengo?»
04/07/2020 | 01:43
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00:00:0001:43'Estatuas', por Xoán Tallón
Las estatuas no cambian, y a veces eso es su perdición. Se niegan a someterse al paso del tiempo. Muestran siempre ese gesto inalterable, tan fastidioso en ocasiones. Llega a confundirse con arrogancia. Puesto que a menudo representan símbolos de un poder opresor, y antes o después la opresión se acaba y las sociedades se liberan, sería bueno que en consecuencia esas estatuas cambiasen, adoptando a lo mejor cierta humildad, u otro gesto, como agachar la cabeza o levantar una mano, o incluso bajarse del caballo si es que hay caballo por el medio. No les pedimos que hablen y digan «Lo siento, eran otros tiempos. Ahora sé que todas las vidas importan». Aunque estaría bien. Las cosas inanimadas pueden volverse exasperantes, desde la estatua de un dictador o un esclavista, a la puerta del armario de la cocina con la que te golpeas la cabeza. A menudo no puedes soportar esa frialdad suya y le das un puñetazo, para descargar la rabia. Es un poco absurdo. Igual que atacar la estatua, por engreída o infame que parezca. Pero ya sabemos que casi nada dura para siempre, por muy de piedra o de hierro que esté hecho. Confiemos en que al menos los libros de historia sí.
27/06/2020 | 02:40
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00:00:0002:40'Bailar', por Xoán Tallón
La discoteca es y será el sitio más o menos oscuro en el que se acaba todo. Quizá esté entre las pocas cosas que no cambien con la nueva normalidad. Después de la discoteca ya solo viene la palabra FIN. Más allá de ella no hay nada. Llegas, das lo último que te queda, y regresas a casa, siguiendo el rastro de tus propias pisadas. No todos consiguen alcanzar siquiera la discoteca. Hay que tener una gran fe en la noche, y ser una persona entusiasta y muy optimista y, quizá estar un poco chiflada. No tiene que gustarte bailar necesariamente. La discoteca se las arregla para atraer ambos mundos: el de las personas que bailan y el de las que no bailan jamás. Cada uno tiene su espacio, desde el que intercambiaban miradas de superioridad, sin que quede claro quién gana la batalla. Tal vez ahora, mientras las pistas permanezcan cerradas, los que odian bailar crean que ha llegado su hora. Pero que no se confíen, porque quienes aman y saben bailar pueden hacerlo en cualquier sitio. No necesitan la pista. Ni siquiera despegar los pies del suelo.
20/06/2020 | 02:58
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00:00:0002:58'Irse', por Xoán Tallón
En un día normal dices «me voy», o por lo menos lo piensas, incontables veces. Te vas al trabajo, te vas a casa, vas al baño, vas al bar, te vas a la cama, te vas a la ducha, vas al supermercado, vas a bailar, te vas de vacaciones, te vas a pique, te vas a beber, vas a vomitar, te vas un rato, te vas para siempre. Irse de un sitio es, en cierto sentido, una forma de dimisión, muy sutil. Renuncias a lo que estás haciendo para hacer otra cosa, en otro sitio, o para no hacer nada. Una existencia común, en un día corriente, está repleta de pequeñas dimisiones de este tipo. La vida es una inacabable suma de me voys, con los que saltas de un asunto a otro y a otro y otro. Creo que por eso se hace tan incomprensible y antinatural que los políticos no quieran irse de su cargos cuando la pifian. Es un caso único. Quizá tenga que ver con el hecho de que te digan que te vayas antes de que tú lo hagas por propia voluntad. En ese instante es como si el sentido de la vida cambiase y ya no se resumiese en un «me voy», sino en un «me quedo».
06/06/2020 | 02:11
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00:00:0002:11'Otro sitio', por Xoán Tallón
"En los peores momentos del confinamiento era normal que te entrasen ganas de estar en otro lugar"
30/05/2020 | 02:33
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