
La píldora de Tallón
El escritor Juan Tallón reflexiona sobre los asuntos más dispares
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'¡Viva el error humano!', por Xoán Tallón
El error humano es una de nuestras grandes creaciones. Seguramente no se puede vivir sin fiascos. Quizá por eso hay que restar dramatismo a la pérdida de nuestro primer satélite, a los ocho minutos de su despegue. El fracaso de la misión apunta a que la causa estuvo en unos cables mal conectados. Un cable mal conectado es el error humano por antonomasia, el más tonto y también el más bello. Qué sería de nosotros si siempre acertásemos con los cables, y qué sería, en general, de la ciencia sin un error después de un ensayo. Tal vez tenía razón el escritor Mîllor Fernandes cuando no entendía cómo ningún país había erigido un monumento autocrítico, del tipo El Arco de la Derrota. Condenados a la exaltación constante del éxito, fracasar nos devuelve al principio de esa deriva. España había invertido trece años de trabajo y 200 millones de euros en su primer satélite, cuya misión iba a durar siete años, que al cabo se quedaron en ocho minutos escasos. A veces las cosas mal hechas por muy poco, por un cable mal conectado, nos hablan también de un gran trabajo, al final del cual hay que conformarse con decir «Fue bonito».
22/11/2020 | 05:15
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00:00:0005:15'Cinco segundos larguísimos', por Xoán Tallón
Creo que la idea más hermosa que he oído últimamente es que si todos permaneciésemos en silencio dos meses, sin decir absolutamente nada, ni siquiera toser, la pandemia desaparecería sola, al reducirse a cero las gotículas y los aerosoles. Se harían larguísimas esas semanas, claro. Tal vez el mundo dejase de funcionar. ¿Y si la vida necesita la voz? Me pregunto si podría salir adelante una empresa, un gobierno, un aula de primaria, una relación de pareja en silencio, solo a base de notas en trozos de papel o en pantallas. Seguramente no. Creo que muy pocas personas son capaces de quedarse en silencio un día entero. A veces, jugando con mi hija a estarnos callados, la partida dura cinco segundos, después de los cuales estallamos, como si las palabras que no se dicen hiciesen daño por dentro. ¿Y la radio? ¿Se imaginan un silencio de solo cinco segundos en la radio? ……… Solo han sido tres. ¡Pero han sido tres segundos insoportables, ¿verdad?! No digo que callados la pandemia no desapareciese. Pero nos arriesgaríamos a que el silencio explotase y no quedase nada en pie.
15/11/2020 | 04:04
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00:00:0004:04'El mapa de colores', por Xoán Tallón
Empezamos a mirar el mapa de EE.UU. el miércoles de madrugada, como de pasada, con la intención de volver después a la cama. No sabíamos dónde nos metíamos. Al poco tiempo, estábamos hipnotizados por el escrutinio y el color de los estados. Era imposible apartar la mirada de ellos demasiado tiempo. Ibas corriendo al baño, corriendo a la cocina, corriendo al trabajo, por miedo a perder algo y que al volver hubiese caído un estado del lado de Trump o de Biden. Pasó el miércoles, y como suele ocurrir a menudo en estos casos, llegó el jueves. Nada cambió: seguía sin haber presidente y continuábamos mirando el mapa febrilmente, por si un estado pasaba de repente de rojo a azul. En cierto sentido, el mapa también nos miraba a nosotros. Se nos metió en la cabeza. Nos atravesó los ojos. Cuando los cerrábamos, de hecho, seguíamos viéndolo. No se iba con nada. Quiso la causalidad que llegase el sábado. Algunos empezamos a usar gafas de sol para poder seguir espiando el destino de los estados. Cuando hubo un ganador, nos alegramos más que nada por nosotros mismos, porque al fin podremos quitarnos el mapa de la cabeza.
08/11/2020 | 04:00
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00:00:0004:00'Me llamo Ramón y soy abstemio', por Xoán Tallón
Descubrir que hay agua en la luna fue una alegría, pero efímera. La idea de agua no se contenta con ser ella mismo y llevar una vida tranquila. Constantemente se agranda, es incontenible así que, despues de pensarla en abstracto, es inenitable dotarla, por ejemplo, de un grifo. O que no puedes mencionar un grifo e ignorar al otro gran socio del agua: la botella. Agua del grifo y agua de la botella juegan a ser irreconciliables, pero no verdaderos enemigos. El papel de villano dispuesto a molestar la apacible existencia del agua se lo reserva el alcohol. Pero nunca es la vida tan emocionante como cuando tú mismo, siempre tan bueno, haces de malo. Hay un relato de Sergi Pàmies en el que su protagonista, Ramón, prueba el agua mineral a los siete años. Ten cuidado, le decían. No tardo en engancharse. La publicidad era muy agresiva, relacionada con un montón de efectos saludables. A veces, Ramón intentaba dejarla y volver a los viejos hábitos. Anís al desayuno, vino a la comida, coñac al café, moscatel a la merienda, vozka nocturno y whisky antes de irse a la cama. Pero siempre recaía. Un día le hablaron de unas reuniones secretas y acudió. Cuando le tocó presentarse simplememente dijo: "Me llamo Ramón y soy abstemio"
01/11/2020 | 03:33
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00:00:0003:33'Vida imaginaria', por Xoán Tallón
Hace algunos años entablé confianza con un hombre que pasaba las tardes tecleando en una máquina de escribir imaginaria, en una plaza cerca de mi casa. Parecía cuerdo. Fumaba cigarros también imaginarios. A veces lo invitaba a uno de verdad. Podía estar horas tecleando en el aire. Incluso corría el tambor al llegar al final de la línea. Un día le pregunté si estaba con una novela. Quise saber de qué iba. Puso un dedo en los labios y me mandó callar. Algunas veces me asomaba por detrás, como para espiar lo que escribía, y le decía «Vas bien. Va a ser un librazo. ¿Tienes agente?». Pero de la noche a la mañana desapareció. No lo vi nunca más. Pasó el tiempo y un domingo, en Madrid, vi a una mujer tocando un piano imaginario, como una virtuosa. No se oía del todo bien la pieza que interpretaba. Pero al menos verifiqué la existencia de la irrealidad. Bien se vio este miércoles, cuando Abascal hizo en el Congreso como que estaba perfectamente bien de la cabeza y como que podía presidir un país. ¿Qué país? Cuál va a ser: uno también imaginario.
25/10/2020 | 03:31
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00:00:0003:31'Divertirse en el peor momento', por Xoán Tallón
"El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos", le decía Ilsa a Rick en Casablanca. Siempre es así. ¿Quién escapa al oscuro encanto de hacer las cosas que le agradan en el peor momento? Y menos si eres joven y no has aprendido a disfrutar de los coñazos de la vida. Esa hora aún no llegó. Hay una época en la que empiezas a hacer cosas escasamente apasionantes, y a encontrarlo divertido y lógico. Es para matarte, claro. Pero para entonces ya no tienes veinte años. Digamos que a esa edad es casi normal no resistirse a participar en fiestas, aun en plena pandemia. Te parece que te alejan de los estándares de la vida insípida. Pasárselo mal, o aburrirse, es para algunas personas el equivalente a un ataúd. Pueden aceptarlo todo, menos la sensación de que el lugar donde no están es más divertido que el sitio donde están. Por eso se apuntan a las fiestas, y metidos en harina, cómo van a pensar más allá de las dos próximas horas. No consiguen imaginar un futuro más lejano que eso, donde estén muertos o lo estén su abuela o su vecino por su culpa.
18/10/2020 | 02:53
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00:00:0002:53'La mosca en la cabeza', por Xoán Tallón
Cuando vi la mosca posada sobre la cabeza del vicepresidente de los Estados Unidos, durante el debate electoral, me acordé de lo que decía el biólogo Ginés Morata: «Donde aparezca un cadáver, a los siete minutos exactos llega una mosca. Después aparece el forense, y a los doce minutos, la policía. En este orden». Por desgracia, nada de esto pasó en el debate; ni siquiera murió uno de los candidatos. Mike Pence estuvo educadísimo al no intentar acabar con la mosca. Pocas satisfacciones se equiparan a la de atrapar una. En Karate Kid, el profesor Miyagi intenta cazarlas con los palitos que usan los japoneses para comer. Al verlo, su discípulo, Daniel LaRusso, le pregunta si no sería más fácil con un cazamoscas. «Hombre que poder cazar mosca con palitos consigue lo que quiere», responde el Sr. Miyagi. La mosca del debate no estuvo menos educada que el vicepresidente. No dio el coñazo. Y además acudió sola. Hay un cuento de José Ángel Valente en el que un par de amigos se suben a un taxi, y descubren dos moscas en el interior, que, inopinadamente, se ponen a copular en la calva del taxista. Imaginen que pasa algo así en la cabeza de Pence. La derrota de Trump sería inevitable.
11/10/2020 | 02:23
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00:00:0002:23'Un par de golpes de suerte', por Xoán Tallón
Esther Tusquets cuenta que en los 70 estaba necesitada de un par de golpes de suerte para que su editorial tuviese futuro. Lumen no podía comprar un best seller; debía apostar por un autor y esperar a que, de forma inesperada, se disparase la venta de alguno de sus libros. Fue lo que pasó con Umberto Eco. Le publicó un pequeño librito, poco leído, y el siguiente, El nombre de la rosa, vendió cientos de miles de ejemplares. Pero antes de que eso pasase, alguien le mostró un día un cuadernito de Mafalda, y al poco Esther se presentó en la Feria de Frankfort. Ravoni, el agente de Quino, se dirigió al stand de Seix Barral y le ofreció la historieta de aquella muchacha. Carlos Barral, le confesó que el mundo del cómic no le interesaba lo más mínimo, así que cuando Esther se enteró, se precipitó a los brazos de Ravoni. «Lo hice porque Mafalda me gustaba, no porque creyera ni remotamente que iba a ser un éxito comercial», decía. De hecho, del primer cuaderno editó una modesta tirada de 3.000 ejemplares. Para su sorpresa, se vendieron cientos de miles, millones. La editorial Lumen estaba salvada, y muchos escritores vieron después sus libros publicados. Todo, gracias a Mafalda.
04/10/2020 | 02:41
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00:00:0002:41'El pasillo de la muerte', por Xoán Tallón
Tenía muchas ganas de que saliese el libro de Albert Rivera para no ir a comprarlo. Incluso pegué un post-it en la nevera con el título y la fecha de publicación; y debajo escribí «Ni borracho». A mitad de semana, sin embargo, entré en una librería y lo compré. Dicen que en sus páginas el autor confiesa que no tiene defectos. Puede ser. Cada año, de una manera misteriosa, subrepticia, me hago con unos pocos libros solo por el placer de no leerlos. Están todos reunidos en una estantería que llamo «pasillo de la muerte». Son libros, pero a la vez un libro es otra cosa, no eso. Nunca acabo de deshacerme de ellos, y nunca acabo de leerlos. Entre tanto, por falta de lectura, se convierten en piedras. Si tomase uno para curiosear, y se me cayese al suelo, en lugar de absorber el golpe, dañaría el parqué. A veces, si me acerco mucho a ese pasillo de la muerte, casi oigo gritar a algunos ejemplares «tírame a la basura, por favor, o regálame a un amigo». Pero cómo vas a hacerle eso a un libro, o peor, a cómo se lo vas a hacer un amigo.
27/09/2020 | 05:11
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00:00:0005:11'La razón esclaviza', por Xoán Tallón
"Los cambios de opinión transmiten madurez. No te tacharán de genio, pero si los cuentas hay ya demasiados. Para empezar, Díaz Ayuso"
19/09/2020 | 01:24
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