Desolación
Aquel día en que Marta Domínguez se cayó el la ría de "El Nido", el fabuloso estadio olímpico de Pekín, millones de españoles sintieron un golpe en el corazón. En el estudio de la Cadena SER, mientras López se desgarraba por dentro gritando "levántate Marta", cayeron alguna lágrimas. ¡Qué orgullosos estábamos todos de esa recia palentina, esa mujer española luchadora incansable y ejemplo para todos por su sacrificio! Ayer, cuando apareció su nombre en la Operación Galgo, el grito de todos fue unánime: ¡Por favor, Marta no! Otros, puede ser, pero Marta no.
La desolación corrió como la pólvora por las redes sociales. Si la mejor atleta española de todos los tiempos, que ha representado la bandera del esfuerzo y el orgullo de competir con limpieza, resulta que nos estaba engañando a todos y que además ayudaba a otros atletas a doparse, ¿en quién podemos confiar? El bajonazo en el ánimo de los aficionados es tremendo.
Cuando cayó Paquillo, ese simpático chaval de Granada que era un loco de la marcha, ya nos supuso cierta decepción, aunque nos pareció un pedigüeño más de los que quieren alargar su carrera a toda costa. Marta era otra cosa, aparte del respeto que se había ganado en las pistas, tenía una imagen pública impecable, había llegado a ser vicepresidenta de la Federación, nos había representado abanderando candidaturas para organizar competiciones como los Juegos Olímpicos, y ¡ahora encima se había quedado embarazada e iba a ser madre! Vaya pedazo de crack. Bueno, pues todo al garete, así de golpe, sin anestesia.
El ciclismo está herido de muerte, el atletismo va por el mismo camino.

Jesús Gallego
Director de 'Hora 25 Deportes'




