El sentir de los combatientes de la División Azul
¿Qué buscaban 47.000 hombres en la estepa rusa dos años después del fin de la Guerra Civil española?
Jorge Martínez Reverte nos habla de su nuevo libro "La División Azul, Rusia, 1941-1944". Historias individuales que nos acercan al sentir de aquellos años fríos en tierras tan inhóspitas. Quiénes fueron los combatientes de la División Azul y por qué fueron tan lejos.
"Para ponernos en situación hay que imaginarse el ambiente belicista y eufórico que se respiraba en la Europa de la época y más en concreto en España", aclara Nacho Ares, colaborador habitual en nuestra sección Pre-Historia. Según el autor del libro "La División Azul, Rusia, 1941-1944", Jorge M. Reverte, los silencios y las preguntas entre los combatientes eran la tónica en su viaje a la estepa rusa "¿cómo podemos soportar tanto sufrimiento si no sabemos cuál es nuestro objetivo? ¿Es más noble nuestro propósito que el de los soldados alemanes? ¿Qué nos distingue de ellos?"
Martínez Reverte estudia la División Azul como "una historia de historias, la historia de un viaje que empieza el 22 de junio de 1941 en el hotel Ritz de Madrid, en una ciudad que a la vez, se muere de hambre y de tifus". A la división de los españoles se la llamó División Azul, un nombre propuesto por el falangista José Luis Arrese, pero en realidad fue la 250ª División de la Wehrmacht, formada por españoles que juraron lealtad al Führer. Salieron 18.000 combatientes, pero hasta la disolución de sus últimos restos en marzo de 1944 pasaron por ella cerca de cuarenta y siete mil combatientes en el frente ruso norte y en el asedio a Leningrado, de ellos, cinco mil de ellos no volvieron.
Los voluntarios eran estudiantes universitarios, falangistas que querían "pagar dos deudas de sangre", militares en busca de aventura, obreros, jornaleros y campesinos sin recursos. La idea era formar una unidad de voluntarios para luchar junto a los alemanes "contra el enemigo común": los bolcheviques, los masones y los judíos...
Y el sufrimiento. Presente en todo el camino hacia Moscú, cuando los combatientes atraviesan Lituania y se internan en Bielorrusia "tirando de viejos caballos a los que se comen cuando mueren de agotamiento o por algún accidente".
Con el cambio de rumbo de la guerra y la cada vez más previsible derrota de Alemania, Franco supo que la supervivencia de su régimen pasaba por alejarse de Hitler. Es entonces cuando la División Azul fue disuelta y el recibimiento de los últimos en regresar se hizo ya "con sordina". En 1944 los últimos, los irreductibles pronazis, son obligados a volver. Su coronel, Antonio García Navarro les había ofrecido un fin más heroico: "¿Sabéis lo que os pide la Legión? Os pide morir".
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El sentir de los combatientes de la División Azul

Sara Vítores
Coordinadora magazine Hoy por Hoy




