La última leyenda del circo: Paulina Schumann


Acróbata, equilibrista, cantante, bailarina, clown y amazona, Paulina Schumann es la última gran diva del circo. Hija del payaso catalán Charlie Rivel y esposa del caballista Albert Schumann brilló en todo el mundo por unir tradición y modernidad.
"No tan cerca, no tan cerca". Quieren hacerle una foto a la princesa del Circo, a Paulina Schumann, pero ella tan presumida como siempre pide al fotógrafo que aleje un poco su objetivo. Al final no se resiste y sonríe de cerca a la cámara.
Varias operaciones de estética, tacones de aguja y ropa ajustada hacen olvidar por un momento que tiene 90 años. Pero lo cierto es que Paulina es historia de circo, la última leyenda viva de los grades circos europeos del siglo XX. Aquellos que congregaban en masa a la familia y colgaban siempre el cartel de no hay billetes.
Acróbata, equilibrista, amazona y clown, Paulina brilló por su técnica, elegancia y carisma al más alto nivel. Sin embargo, su nombre es de esos en los que se cae a la segunda y cuando lo relacionan con su padre, el famoso payaso catalán Charlie Rivel. A él le debe haber nacido en Barcelona y su amor por el circo. Actuó por primera vez con 6 años en París y sus primeros éxitos los obtuvo junto a su hermano Juanito. Compartía con él el talento, "que no se aprende", se tiene, explica.
Su vida transcurrió de ciudad en ciudad y en una caravana. Aprendió hasta 7 idiomas, "ese es el lado bueno de esta forma de vida", explica. El malo: "el entrenamiento constante, el esfuerzo físico y el renunciar a casi todo por la disciplina".
Paulina incorporó muy pronto elementos de su personalidad a la pista del circo. Empezó por la ropa. "Me interesaban los trabajes, cuando mi madre me cosía la ropa yo le decía como hacerla", recuerda la vedette mirando uno de sus impresionantes vestidos.
Además, fue de las primeras mujeres que públicamente se atrevió a lucir pantalón. "Yo llevaba un traje con pantalones, me gustaba moderno y cuando mi padre me vio me dijo que los pantalones eran para los hombres". Ella le respondió con un "machista".
La artista también se enfrentó a la tradición. "Había gente en el mundo del circo que no quería hacer cosas distintas pero yo tenía ideas y arriesgué." Paulina apostó por una estética más cuidada y números sofisticados de music hall. "Me decían esto no es circo y yo decía se puede hacer circo de otra manera".
El salto más significativo de su carrera lo dio cuando se casó con el caballista Albert Schumann y unió a dos dinastías circenses. A Paulina el caballo se le dio más bien de lo esperado y fueron célebres sus números donde se jugaba la vida sobre el animal. "Tienes que tener mucho contacto con el caballo, sentirlo".
Paulina cuenta como muchos artistas ya mayores peregrinan para conocerla. Ella asegura que tiene una cadera más alta que otra, que ha perdido un poco el oído pero que su memoria está intacta. "Soy como un caballo viejo", matiza.
Los amantes de las carpas dicen que nunca habrá otra Paulina Schumann. No habrá otra Paulina, simplemente porque el circo ha cambiado, ni mejor ni peor, sólo es distinto
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Reportaje sobre la última gran diva del circo Paulina Schumann

Laura Piñero
Cartagena (1985) Periodista de la SER desde 2009. Ha pasado por Hoy por Hoy, A vivir Madrid y actualmente...




