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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Eric Clapton y su deuda con Robert Johnson

Robert Johnson es uno de los más grandes músicos de la tradición estadounidense. Lo es por méritos propios y por varios motivos. El joven bluesman desapareció un día de su pueblo siendo un aprendiz de la guitarra. Cuando regresó, a los pocos meses, era todo un maestro. Las malas lenguas de los mentideros del blues crearon la leyenda de Robert Johnson y su pacto con el diablo , el mismo pacto que le convirtió en 1939 en el primer miembro del club de los 27, los músicos de temprano éxito que fallecieron en extrañas circunstancias antes de cumplir los 28 años.
La vida de Johnson está muy revisada para los pocos datos confirmados que hay de una existencia que apenas dejó 29 canciones, en dos sesiones de grabación entre 1936 y 1937, y tres fotografías, aunque en una se duda que sea él. Su vida pasó rápido. Se casó en 1929 con Virginia Travis, él tenía 18 años y ella 16, cuando se quedó embarazada, posteriormente fallecería durante el parto. Johnson se volvería a casar unos años después y tendría descendencia.
Las famosas sesiones de estudio de Robert Johnson son un legado musical alabado en todos los círculos musicales, una treintena de canciones que fueron versionadas por aquellos grupos británicos de los años sesenta que reclamaron la fuerza del blues en unos Estados Unidos segregados racialmente. Las canciones de este bluesman se convertían en repentinos éxitos en bandas como Cream, Led Zeppelin, Rolling Stones o Fleetwood Mac, miembros destacados de una lista interminable que contribuyó a que la revista Rolling Stone situase al Robert Johnson en el quinto puesto de los mejores guitarristas del siglo XX.
De todos aquellos músicos hubo uno que quedó especialmente prendado de aquellas canciones y de aquella música, Eric Clapton. El mítico guitarrista británico siempre se mantuvo fiel al blues, iniciando numerosos viajes musicales a sus raíces. La fascinación de Clapton por Johnson quedó genialmente expuesta en la magnífica autobiografía que el músico publicó en 2007.
En 2004 Eric Clapton consideró que había esperado el tiempo suficiente, que había aprendido lo necesario, para afrontar debidamente el legado de Robert Johnson, su cancionero íntegro. Clapton había tocado y grabado con los grandes mitos vivos del blues, artistas como BB King o Muddy Waters. Llegada la hora, y en escasos meses, Claptón publicó Me an Mr Johnson y Sessions for Robert J., un álbum y un DVD que recuperaban toda las canciones del músico de Misisipí. La aproximación a Johnson fue casual, pero acertada. Clapton entró al estudio con la idea de grabar un disco que reflejase su felicidad, una estabilidad marcada por la paternidad, el amor y la sobriedad. Entró al estudio acompañado de Billie Preston y sus músicos habituales de la última década. La pericia de los músicos hizo que la sesión fuese tan rápida que las escasas ideas de Clapton apenas dieron para un par de horas. El grupo decidió tocar algo de Johnson para pasar el rato y relajar la tensión. En dos semanas habían terminado un disco de versiones. “Había tratado de hacer ese disco toda mi vida, pero, hasta entonces, al igual que me había sucedido con los hijos, no había estado preparado”, escribiría Clapton en su autobiografía. Cuando terminó el álbum llamó a su amigo Hiroshi Fujiwara para grabar un vídeo. De aquello saldría Sessions for Robert J., un documental con todas las de la ley después de que Stephen Schible (coproductor de Lost in translation) se sumase al proyecto. “Stephen y Hiroshi pensaban que debíamos analizar mi fijación con Robert Johnson y explicar, dentro de los posible, los motivos por lo que su música seguía vigente para mí y había vuelto una y otra vez al primer plano de mi vida”, explica el guitarrista británico. “Creo que el esfuerzo valió la pena, y sentí que por fin había pagado la deuda que tenía con Robert”. Eric Clapton, ese genial guitarrista que provocó que en los años sesenta Londres se plagase de pintadas que proclamaban ''Clapton is God'', había saldado su deuda con el hombre maldito del blues, un genial guitarrista que vivió rodeado de misterios, y que si los datos son auténticos, y el diablo no se hubiera cruzado en su camino, hubiera cumplido cien años este 2011.
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