Jueves, 27 de Enero de 2022

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Las críticas de 'La Script'. Steven Spielberg nos hace llorar en familia con 'Caballo de batalla'

 

'Caballo de batalla'. Una guerra para toda la familia / María Guerra

Steven Spielberg tiene algo de amable profesor, de esos que encandilan a los alumnos y les muestran el mundo a su manera. Al margen de sus películas de entretenimiento puro y duro, Spielberg tiene una amplia filmografía histórica: la esclavitud ('Amistad', 1997), la opresión de las mujeres afroamericanas ('El Color Púrpura', 1985), el Holocausto ('La Lista de Schindler', 1993), la Segunda Guerra Mundial ('Salvar al Soldado Ryan', 1998) y las acciones del servicio secreto israelí ('Munich', 2005). En todas ellas toma partido, y sin duda, las mejores son las más descarnadas -'La Lista de Schindler' y 'Salvar al Soldado Ryan'- precisamente porque enfocan al corazón de la tragedia sin afán paternalista y sin taparle los ojos a los espectadores. 'Caballo de batalla' es una bella impostura. Una mirada distante y censurada hacia una guerra con lágrimas pero sin sangre, y que protagoniza un caballo por el que sentimos una ternura infinita. Spielberg nos presenta la Primera Guerra Mundial como una contienda que da pena, pero no rabia. Se trata de otra película de un director que, a veces, decide tratar a su público como menor de edad y llevarlo por el camino de las emociones blandas, la lágrima fácil. De hecho, él mismo ha reconocido que esta película está dirigida al público familiar y que ha querido apartarse de las cruentas escenas de batalla. Y lo hace, precisamente, retratando la última guerra en la que todavía se luchaba con bayonetas y cuerpo a cuerpo.     Los defensores de Spielberg apelarán a su monumental puesta en escena. Impecable e irreprochable de principio a fin, aunque resulte de una belleza relamida. Sin embargo, los avatares de este caballo que pasa de mano en mano, entre patadas y cañonazos, durante los años de la Primera Guerra Mundial son previsibles y cansinos desde el principio. En efecto, es una película de simplificación. Para quienes quieran llorar por un caballo un rato y olvidarlo a continuación.  

'El invitado'. Acción sin guión / María Guerra

  A sus 57 años, Denzel Washington es consciente de que le queda poco tiempo de galán protagonista y la semana pasada, en su visita a Madrid, confesaba abiertamente: “Ahora busco variedad. Sé que cada vez me ofrecerán menos papeles, así que intento hacer trabajos de calidad y de los que me pueda sentir orgulloso”. En 'El Invitado', Washington es productor y protagonista. Se ha reservado el personaje de un exespía de la CIA que vende secretos al mejor postor, y tras ser detenido, cae en un piso franco vigilado por el agente novato Ryan Reynolds. Velocidad, tiros, golpes, navajazos, peleas y más peleas. Dos horas. Sin aliento. Dirige el sueco (de ascendencia chilena) Daniel Espinosa, que debuta en Hollywood tras el éxito internacional de su tercer film, 'Dinero Fácil' (2010). Espinosa rueda la acción con una naturalidad frenética y pasmosa, pero le traicionan las trampas de un guión lleno de milagros que mantienen con vida a los protagonistas. Sin embargo, 'El invitado' se aleja de la irrelevancia gracias a la imponente presencia escénica de Washington, que interpreta a un personaje poco creíble, pero que él dota de una mirada taladradora, que somete y humilla al también correcto, aunque apabullado, Ryan Reynolds. También es un acierto el casting de grandes actores para personajes secundarios como Sham Shepard, Vera Farmiga y Brendan Gleeson. Son los pilares de una película de acción que funciona por la atmósfera opresiva, pero se hunde en un guión facilón.  

'Lo mejor de Eva'. Lo mejor es Watling / María Guerra

  Mariano Barroso es un director que se mueve bien en los márgenes emocionales. Sus personajes son rugosos y matizados. Ese es uno de sus puntos fuertes que demostró, sobre todo, en sus primeras películas: 'Mi hermano del alma' (1994), 'Éxtasis' (1996) y 'Los lobos de Washington' (1999). 'Lo mejor de Eva' propone un viaje a la infelicidad de una jueza magistralmente interpretada por Leonor Watling. Su fortaleza basada en el dogmatismo y el autocontrol se resquebraja cuando aparece en su vida un gigoló al que da vida Miguel Ángel Silvestre, un actor con un atractivo sexual tan potente que le perjudica en este papel, que hubiera necesitado menos contundencia erótica. Era muy arriesgado plantear una relación sutil entre una jueza y un gigoló sin caerse al abismo. Pese a un cierto descalabro, 'Lo mejor de Eva' consigue momentos de gran pureza gracias al talento y la contención de Watling que pisa con delicadeza el quebranto de su personaje, lleno de misterios e insinuaciones no desveladas.  

'Declaración de guerra'. La reacción Mac / David Martos

  Es un hecho. Debemos admitir que vivimos en la 'Generación Mac', y que se hacen películas que hablan de hombres y mujeres que superan la treintena y que no saben qué hacer con sus vidas. No queremos decir que el fallecido Steve Jobs sea el responsable directo del despiste monumental de todos los treintañeros, pero nos sirve como símbolo de una época que -dadas las turbulencias- se refugia en lo estético y en lo funcional... y huye de lo esencial. Ya hemos dicho en este blog que las últimas películas de Sarah Polley -'Take this waltz'- y de Miranda July -'El futuro'- nos parecen claros ejemplos de la 'Generación Mac', con protagonistas bloqueados, jóvenes por quienes pasa la vida sin dejar ni rastro. 'Declaración de guerra', la película elegida por Francia para representar su cine en los Oscar, y que finalmente ha quedado fuera de la carrera, tiene algunos matices distintos. Valérie Donzelli dirige y protagoniza la historia de una pareja joven que tiene un hijo, y que ve trastornada su vida cuando al pequeño le diagnostican un tumor cerebral. El coprotagonista y coguionista es el actor Jérémie Elkaïm, su pareja, y ambos decidieron basar la historia en su caso personal. Romeo y Juliette -así se llaman sus personajes- salen del paroxismo vital en el que orbitaban con la llegada de la enfermedad del pequeño Adam -siguen las referencias bíblicas-, y aquí encontramos la diferencia de 'Declaración de guerra' con el resto de películas de la 'Generación Mac'. Los jóvenes protagonistas... reaccionan. Dejan su letargo y se ponen a buscar desesperadamente la curación para el niño. Podemos discutir cómo lo hacen, podemos pensar que su reacción es cursi -los actores cantan una emotiva canción en mitad de la cinta o duermen cariñosamente abrazados, con pijamas 'trendy', en su cama del hospital-, pero el hecho es que reaccionan. 'Declaración de guerra' consigue, a ratos, ser el relato conmovedor de unos padres que luchan desesperadamente por salvar a su hijo; el resto de la película confirma que el cine -curiosamente de la mano de directoras- comienza a mirar a esa generación perdida de treintañeros que mandan mails con el Mac sobre las piernas.  

'Drei'. ¿En serio? / David Martos

  Terminar de ver 'Drei' -'tres' en alemán- y enfrentarse con la pantalla en blanco... supone tomar una decisión muy complicada: ¿Nos tomamos la película en serio o en broma? La decisión no es accesoria, y puede cambiar completamente nuestro juicio sobre la película. Vamos a tomárnosla en serio. 'Drei' es la historia de una pareja adulta, pongamos que recién llegada a la cuarentena, que se ha aburrido de su rutina común. Fingen en la cama, evitan pasar más tiempo juntos que el estrictamente necesario, se consideran anodinos... pero se quieren. En esto, aparece el tercer elemento en discordia. Un hombre jovial y sonriente que trastoca la vida amorosa de ella... pero también de él. Los dos integrantes de la pareja comienzan una relación sexual -que poco a poco se va adentrando en lo afectivo- con este perfecto desconocido [después profundizaremos en lo de 'perfecto']. La película pretende explorar los límites de la pareja en pleno siglo XXI, cuando las barreras de la moral sexual están por los suelos. Supongamos ahora que no nos hemos tomado la película en serio. Lo que hemos visto en la pantalla es la historia de una mujer -la actriz Sophie Rois- que, con el aspecto de Glenn Close y Antonia San Juan, deambula por las calles de Berlín con cara de colegiala enamorada; lo que hemos visto es la historia de un hombre -el actor Sebastian Schipper- que, escondido tras el traje bohemio de ingeniero de arte, descubre la homosexualidad en una piscina como el que descubre que ha cogido hongos en un pie; es la historia, por fin, de ese 'hombre perfecto' a quien todos deberíamos envidiar -Devid Striesow-, de ese soltero de oro que se acuesta con hombres y mujeres en su apartamento perfectamente decorado [en el que no hay ningún libro, porque presume de no leer]. Y es curioso este tercer personaje, porque se nos presenta como el ideal, como el símbolo de la liberación sexual... y como prueba irrefutable de la superación de la familia. 'Drei', de Tom Tykwer -'Corre, Lola, Corre', 'El perfume', 'The international'-, se estreno en septiembre de 2010 en el marco de la Mostra de Venecia. Juega con planos artísticos fuera de contexto, en los que muestra a los personajes, pensativos, con un fondo blanquísimo; o nos sorprende con estampas en blanco y negro, como si fueran fotografías antiguas, para redondear los sentimientos de los actores. La cinta se diluye fácilmente cuando termina, y nos deja una reflexión: ¿Cuántas películas más utilizarán 'Space Oddity' de David Bowie para su banda sonora?  

'The French kissers'. Niños con granos que se besan / David Martos

  Los niños con granos, con ese olor tan característico que despiden los adolescentes -no, madres y padres, no es dejadez por vuestra parte, son las hormonas- también se besan. Es la principal tesis de esta enésima película sobre el descubrimiento de la sexualidad y de las relaciones amorosas. En 'The French Kissers' -Riad Sattouf-, los jóvenes protagonistas parecen llevar inoculado el veneno del cine, porque sin una sola referencia al Séptimo Arte, parecen dramatizar cada segundo como si vivieran en una película -dentro de su propia película, ahora me explico. Todos los sentimientos y las situaciones se desbordan. Si muere el abuelo de un compañero de la clase, las lágrimas son infinitas; si dos adolescentes se masturban mirando por la ventana a su vecina de enfrente, es que ella está interpretando una verdadera película porno en su salón -con las cortinas descorridas, claro; si el joven protagonista va a su primera fiesta, allí se presenta su madre para avergonzarlo delante de sus amigos. Mucho exceso para un tema tan trillado.

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