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Las críticas de 'La Script'. Otra vuelta de tuerca a los marcianos, ancianos y cuentos clásicos

'Extraterrestre'. Generación marciana / María Guerra

Aunque Nacho Vigalondo no pretende hacer una tesis sociológica de su generación, con 'Extraterrestre' lo ha conseguido: “A veces se plantea que los directores de cine sabemos resumir el sentimiento de una generación en un solo punto, pero yo creo que no es así. Si una película refleja una época es porque vivimos en ese lugar y el tiempo habla a través de nosotros”, aseguraba el director cántabro en la presentación de la película en Madrid, esta semana. 'Extraterrestre' es una comedia con toques surrealistas que se ajusta al patrón del héroe urbano actual: un treintañero que experimenta una gran parte de su vida 'vía pantalla' y se la explica en términos de humor absurdo. Julián Villagrán amanece en la cama de Michelle Jenner. Ninguno se acuerda de lo que pasó la noche anterior. Solo saben que un platillo volante, fijo en la pantalla de la tele, ha dejado desierta la ciudad. Completan el reparto Carlos Areces, haciendo de un vecino patológicamente pesado y enamorado de la chica, y Raúl Cimas, como el novio paranoico y con tendencias asesinas. El delirio jocoso funciona a golpe de gags acertados y buena dirección de actores, que impone un tono serio y homogéneo sobre un nivel de desvarío difícilmente sostenible. Impecable el reparto e incluso la ambientación cutre, que predispone a la risa. Sin embargo, la fortaleza del gag continuo –con aroma a 'Muchachada Nui'- deja traslucir la falta de una armadura argumental más sólida que supere la banal sensación de sucesión de chistes ensartados.

'Blancanieves'. Pastiche imposible / María Guerra

¿Por qué esta obsesión con resucitar a Blancanieves? ¿Algo nuevo que aportar al cuento de los hermanos Grimm? Desde luego, no en la versión del director de 'Inmortals', Tarsem Singh. Un pastiche empalagoso que mezcla a una Blancanieves de cejas (demasiado) pobladas (Lily Collins, sí, la hija del cantante Phil Collins), siete enanos reales, en plan ladrones de caminos, y Julia Roberts, deliciosamente odiosa, pero que se parece más a la reina de 'Alicia en país de las maravillas' que a la madrastra clásica. Este producto barroco apunta a todos los públicos posibles y se pierde en su propia espesura. Para los niñas ofrece la cursilería de Blancanieves; a los adultos, la retranca de Julia Roberts y las pullas que se da a sí misma a cuenta de sus arrugas; y para los chicos, la manada de enanos saltimbanquis y chorizos. De remate, un baile a lo Bollywood como bonus track. De todo el lío, es Julia Roberts la que sale victoriosa, porque su presencia escénica devora todo lo demás. Ante el enrevesado panorama, el espectador adulto tiende a ponerse del lado de la bruja que babea lujuria ante el torso desnudo del príncipe y que se quiere deshacer de la insoportable princesita.

'El Exótico Hotel Marigold'. Una comedia geriátrica vitalista / María Guerra

John Madden ('Shakespeare enamorado', 1998) dirige una comedia previsible basándose en los tópicos de la antipatía y superioridad británica. Claro, que esta historia vitalista de un grupo de jubilados se construye sobre los sólidos cimientos de un grupo extraordinario de actores veteranos –Bill Nighy, Tom Wilkinson, Maggie Smith y Judy Dench, entre otros- que hacen creíble cualquier situación, por disparatada que sea. 'El Exótico Hotel Marigold' está basada en la novela de la escritora Deborah Moggach 'These foolish things', y cuenta la aventura de siete ancianos ingleses que por distintos motivos acaban residiendo en un ruinoso hotel en la India. Madden aplica la manida plantilla de comedia amable y reconfortante. A ratos se excede con situaciones irreales e idílicas, pero lo compensa con el ácido humor inglés de personajes como el de Maggie Smith, que interpreta a una vieja gruñona y racista que da sofiones a diestro y siniestro a todos los no británicos que se encuentra. La diferencia con otras tantas comedias americanas sobre abuelos vitalistas se basa en una mayor dosis de negrura, que sin llegar a ser amarga la convierte en una película agradable, pero fácilmente olvidable.

'Redención'. La ternura de la bestia / María Guerra

Un hombre borracho mata a su perro de una patada. Luego lo lleva a casa en brazos y lo entierra tiernamente en su jardín. Da tumbos por el pueblo. Es violento y tiene miedo. Se esconde en una tienda que regenta una mujer que cada noche recibe una paliza de su marido. Este es el resumen de esta ópera prima del actor inglés Paddy Considine, que ha querido despojar el dolor humano de toda máscara. 'Redención' es el encuentro de dos personas que sufren dolores muy cercanos y que es recogido por la cámara con una milagrosa mezcla de delicadeza y realismo. La sobriedad del director se complementa con la estremecedora interpretación de Peter Mullan y Olivia Colman, que en sus gestos, muestran un abanico inmenso de emociones que van desde la sincera compasión, el odio más profundo, el temor, la ternura… Sin aspavientos, ni trucos. Es una maravilla difícil de mirar. Se agradece esta mirada limpia y compasiva, que no paternalista, al dolor. El director y guionista, Paddy Considine, se permite pocas metáforas, pero hay una muy potente relacionada con el título original, 'Tyrannosaur', y que enespañol han traducido por el obvio título de 'Redención'. La cámara apunta al rostro rugoso, al ojo de Mullan y se queda detenida en esa piel destrozada por la vida y ese ojo atónito, que podría ser de una bestia prehistórica que mientras agoniza no entiende el porqué de tanta violencia. Está claro que el cine de denuncia ha perdido su conexión con el público. Sobran los sermones, quizá ha llegado el momento de la sobriedad.

'Todos los días de mi vida'. Entre cómica y ñoña / Daniel de la Fuente

A Rachel McAdams (‘Midnight in Paris’) le pasa lo mismo que a Bette Midler en ‘Las Mujeres Perfectas’ (perdonen que haga esta comparación, pero, curiosamente, en ‘Todos los días de mi vida’ mencionan esta otra película): Se despierta, en este caso de un coma tras un accidente de tráfico, y de su memoria se han borrado los últimos años. Lo último que recuerda es estar estudiando derecho, mientras vive cómodamente con sus padres, en un ambiente de clase alta, con amigas rubísimas y “perfectas” como ella. Ni rastro de Channing Tatum (‘Querido John’, ‘Indomable’), su marido; ni de la vida que llevaba: escultora, hippie y sin relación alguna con sus padres. Un drama. Y si a esto le añadimos que los progenitores son Sam Neill (‘Parque Jurásico’, ‘Alcatraz’), que trata de reconducir la carrera de su hija en lo profesional y personal, y Jessica Lange (‘Tootsie’, ‘American Horror Story’), que guarda algún secreto, la historia se convierte en un dramón. ‘Las Mujeres Perfectas’ era una comedia. Esta historia, inspirada en hechos reales, no lo es. Pero tiene un toque entre cómico y ñoño, aderezado por una banda sonora romanticona, que desmonta y resta crédito a todo lo anterior. Dirige Michael Sucsy, que debuta en la gran pantalla, y escriben el guión Jason Katims y Abby Kohn (este último conocido por ‘Historias de San Valentín’, ‘Qué les pasa a los hombres’ o ‘Nunca me han besado’). Todo dicho, no es ’50 primeras citas’. Encima se estrena solo doblada, lo cual es significativo y ayuda poco.

'Almanya'. Una franca sonrisa / David Martos

Es tiempo de sonreír y de mirar la vida desde otros puntos de vista, a través del prisma de pueblos y ciudadanías de los que no sabemos demasiado... a pesar de convivir, por ejemplo, en torno al mismo Mar Mediterráneo. En la línea marcada por 'La fuente de las mujeres' o 'Y ahora adónde vamos', 'Almanya. Bienvenidos a Alemania' escoge mirar nuestra realidad europea bajo la luz de una tradición sureña -en este caso la turca-, y además escoge hacerlo mediante el fuego purificador de la comedia. Y es que parece que la tragedia y el drama arrebatado no encuentran su lugar en la cartelera a la hora de contar lo que nos pasa... 'Almanya. Bienvenidos a Alemania', un guión de las hermanas Yasemin y Nesrin Samdereli dirigido por la primera, es la divertida historia de una familia turca que viaja a la Alemania de mediados del siglo XX para trabajar. El consabido choque cultural que sufren -no tenemos que ir muy lejos, en España tuvimos nuestro 'Vente a Alemania, Pepe'- se cuenta con franqueza y con gracia, sin caer en simplezas. Uno consigue vivir junto a padres e hijos las dificultades de la integración... y entiende los problemas de identidad que, pasados los años, genera la mezcla de nacionalidades. Un dulce recomendable para el fin de semana.

'Al borde del abismo'. Apuesta bastante segura / David Martos

Unos días antes de llegar a la gran pantalla con 'Ira de titanes 3D', el protagonista de 'Avatar' -Sam Worthington- se cuela en la cartelera con un thriller de ladrones que se desarrolla en las azoteas de Nueva York. En 'Al borde del abismo' el actor interpreta a Nick Cassidy, un expolicía que se fuga de la cárcel -estaba allí por un robo que asegura no haber cometido-, y que en lugar de huir con la vista fija en la frontera mexicana, decide regresar a la boca del lobo para demostrar su inocencia. Para ello se registra en una habitación de un lujoso hotel de la Gran Manzana, pide un opíparo desayuno, abre la ventana y se dispone a lanzarse desde la cornisa. ¿Para qué? El primer largometraje de ficción de Asger Leth -danés- resulta un buen entretenimiento, con un Worthington bastante solvente y una Elizabeth Banks -la agente de policía encargada de convencerlo de que no se lance desde la cornisa- que navega con dignidad entre sus dudas. Sin embargo, la fuerza está en los secundarios. Es un placer ver jugar a Jamie Bell -'Billy Elliot' y 'Tintín'- entre los mayores, en un cine de acción con escenas amateur a lo 'Misión imposible'... acompañado de la explosiva Génesis Rodríguez -la hija del cantante 'El Puma'-, que enamora a la cámara en su primera aparición. Entretenida.

'Queridísimos intelectuales'. Sin palabras / David Martos

Es un hecho, hay películas difíciles de estrenar; si se trata de documentales, se convierten en dificilísimas de estrenar... y si la cinta en cuestión se llama 'Queridísimos intelectuales del placer y del dolor', la cosa puede derivar en misión imposible. En el caso que nos ocupa, lo primero que tenemos que alabar es la valentía de Carlos Cañeque y su equipo, que han conseguido colar en los cines una producción así. ¿Qué se va a encontrar el espectador? Se va a encontrar el testimonio de una decena de mentes lúcidas -filósofos, escritores, políticos- que reflexionan sobre los dos términos anunciados en el título, el placer y el dolor. No dejan de ser curiosas las reflexiones de Fernando Savater o Santiago Carrillo sobre el sexo y su relación con el amor, o cómo interpreta la doctora Elena Ochoa la muerte, o la lectura sobre los mitos que realizan Javier Tomeo o Carlos Moya. La pantalla ofrece en blanco y negro los rostros de los protagonistas, que encadenan testimonios durante 90 minutos, y quedan recortados sobre un fondo rojo intenso, rojo sangre. Y a pesar de todo esto nos preguntamos si el formato largometraje era el más adecuado; y a pesar de esta pregunta, disfrutamos del metraje con algún altibajo.

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