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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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'The Pelayos' resucitan la picaresca

El Festival de Málaga empieza con un tijeretazo del 11% en el presupuesto y un chute de optimismo en la pantalla. La crisis nos devora y, para desafiarla, Eduard Cortés nos devuelve a los héroes genuinamente ibéricos: los pícaros. Que una familia entera se dedique a asaltar la banca de los casinos de medio mundo inspira simpatía. Mucho más si el método es legal: el clan de los García Pelayo ganó 250 millones de pesetas en la década de los noventa a base de observar las repeticiones de la ruleta. La idea despierta sonrisas; incluso el Tribunal Supremo, en una sentencia absolutoria, tildó el método de ingenioso. 'The Pelayos' tiene vocación popular y elige el camino de la campechanía con trazas de 'Ocean´s Eleven', en versión castiza. Cortes se ha esforzado por montar una familia de actores muy solventes y con química entre ellos: Lluis Homar es el patriarca; Daniel Bruhl, el capataz del equipo; Miguel Ángel Silvestre, el primo botarate y ligón, Vicente Romero, el miedoso y Oriol Vila, el empollón. Todos muy correctos, y especialmente cómico Silvestre, que encuentra un filón en su interpretación de macizo descerebrado. Brilla, como siempre, con una credibilidad monumental Eduard Fernández, que se mete en el traje gris y la cara de perro del gerente del casino que descubre el método Pelayo. Sin embargo, la estética americanoide chirría en esta comedia agridulce y picaresca. Los Pelayos se sentían, como así lo han confesado, como una suerte de 'Ocean´s Eleven' en Lloret de Mar, pero esa apuesta visual –ya muy trillada en el cine americano- hace perder fuerza a esta historia de soñadores de arrabal, que son más mucho más creíbles detrás de un botellín de cerveza que haciendo el paseíllo de entrada en un casino con gafas negras y fanfarria. Se echa de menos una mirada más local, que posiblemente le hubiera dado más universalidad a la película, que por otro lado, resulta un largometraje correcto y divertido. Tiene momentos mágicos y personajes delirantes, como la actriz china Hui Chi Chiu, que le contagian a uno la ilusión de que aún siendo diminutos, esta vez sí que vamos a ganar al gigante. Esperanzadora.

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