Últimas noticias Hemeroteca

Domingo, 22 de Septiembre de 2019

Otras localidades

Jaime Rosales se lanza al abismo emocional y vuela

No es extraño que Cannes cuente una y otra vez con Jaime Rosales. El director catalán debutó en la Criosette en 2003 con Las horas de día, y ahora vuelve con su cuarto largometraje Sueño y Silencio. Un acto casi suicida de sencillez narrativa que sacude hasta el tuétano. Con actores no profesionales, rodada en blanco y negro, sin diálogos escritos de antemano y en una única toma, Rosales cuenta los días siguientes a la muerte de la hija de un matrimonio de españoles que viven en París. Yolanda Galocha es profesora y Oriol Rosselló es arquitecto. Sus personajes llevan sus nombres y tienen sus oficios. Pero jamás se habían puesto ante una cámara, y mucho menos para mostrar el desgarro de una pareja destrozada por la muerte de su hija de 9 años. Sueño y silencio es un viaje a la espiritualidad, a la confusión sentimental y al dolor. En definitiva, un viaje a la esencia de lo que nos hace humanos. Rosales no se anda con concesiones. No facilita la entrada en la película, no da indicaciones ni manipula. Sitúa su cámara a una distancia respetuosa de sus criaturas, lo justo para que nos sirvan de espejo. Hay escenas sobrecogedoras por lo sencillas y contundentes, como el entierro de la niña, que condensa el dolor y el abotargamiento que produce la muerte. Dura de ver, Sueño y Silencio es una película que queda dentro, para los que quieren mirar la cara negra de la vida sin temer la ausencia de respuestas. En cambio, la sección oficial ayer tuvo jornada discutida. Por la mañana, el brasileño Walter Salles no levantó grandes pasiones con On the road – su personal adaptación de la novela de Kerouac-, que pecó de fría. Magníficamente rodada a lo largo de 4.000 kilómetros y varios meses de interiores en Montreal, Salles no ha conseguido que sus actores tuvieran la garra y el carisma de los protagonistas de la novela. Sam Riley, Garret Hedlund y Tom Sturridge son sombras desvaídas comparadas con la fuerza de los verdaderos Jack Kerouac, Neal Cassidy y Allen Ginsberg respectivamente. Sorprende, en cambio, Kristen Stewart en su papel de devoradora de hombres y mujer libre en el papel de Marylou, amante de Cassidy y Keruoac. Sin alma. La polémica vino gracias al director Leos Carax que dividió completamente a la prensa (aplausos y abucheos) con Holly Motors, un día en la vida de un hombre que sale vestido de ejecutivo a bordo de su limusina blanca y a lo largo de todo el día se disfraza de doce personajes: mendigo, duende, amante despachado y marido de una chimpacé. Todo brutalmente moderno y aburrido. En ese paseo delirante por París –cementerios y alcantarillas- aparece la cantante Kylie Minogue con caras de mujer intensa y desafinando en una canción horrenda. Los críticos más sesudos de Cannes la han adorado. No lo entiendo, de verdad.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?