Martes, 27 de Octubre de 2020

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El Jurado. "El caso del amor soso": El mal de amor

El doctor José Manuel Reverte es uno de los forenses antropólogos más destacados de europa. en este artículo relaciona el amor con una enfermedad.

EL MAL DE AMOR

Dr. José Manuel Reverte Coma

Una curiosa epidemia tuvo lugar a mediados del s.XVII que afectaba solamente a las mujeres, especialmente a las jóvenes y bellas: el "mal de amor". Al parecer, los tratamientos habituales de la época usados por los médicos no surtían ningún efecto. Las mejores noticias de este mal han llegado hasta nuestros días, a través de las obras de los más famosos pintores de la época, especialmente de Holanda y Flandes, donde al parecer atacó este mal con la mayor intensidad. La escuela de Frans Hals y de Rembrandt, formada por Gerard Dow, Van Hoogstraten, Metzu,Van Mieris, Netscher, Ten Borch, Juan Stegu y otros fueron los que más se dedicaron a reflejar en sus telas el aspecto físico y psíquico de aquellas jóvenes enfermas

Los cuadros de Jan Steen recogen en imágenes la sintomatología polimorfa, variada, pero siempre constante de esta enfermedad, el mal de amor. Languidez, tristeza, ganas frecuentes de llorar, palidez del semblante y de los labios, dolores de cabeza, desgana de hacer nada excepto pasarse el tiempo tendida en un diván, un lecho o una butaca con almohadas en posiciones que variaban desde recostar la cabeza a cambiar de postura continuamente.

El "mal de amor" existe y ha existido en todo tiempo y en todos los países. El mal es físico y psíquico. A la inapetencia por los alimentos se añadía una desgana por la vida. A la enferma le faltaba la alegría de vivir, de cantar, de trajinar en la casa, de hacer y emprender cualquier tarea por pequeña que fuese. La paciente se dejaba morir poco a poco.

Hay una obra muy curiosa escrita por el Dr. Grasset. Se trata de la biografía de un famoso médico de Montpellier, que vivió en el siglo XVIII, llamado Boissier de Sauvages. La obra se titula "Le médecin de l'amour au temps de Marivaux"(Etudes sur Boissier de Sauvages, d'après des documents inédits", Paris, Masson, 1896.

Boissier de Sauvages fué conocido en su tiempo por este sobrenombre de "médico del amor" y pronto veremos por qué. Realmente fué un gran botánico, clínico eminente y gran profesor, amigo de Boerhave y de Linné.

En 1724, François Boissier de Sauvages, presentó su tesis doctoral titulada: "Disertatio medica atque ludrica de amore, etc." en la que alterna las opiniones sobre el amor de los antiguos poetas con notables consideraciones científicas. Henry Meige le ha considerado como precursor de los psicólogos modernos con su concepto de "mal de amor". Identificaba esta afección con una serie de trastornos psico-fisiológicos que constituían entre sí un verdadero síndrome, una afección mórbida en la que estudia su etiología, sintomatología, complicaciones, patogenia, diagnóstico y terapéutica.

Definía el amor desde un punto de vista patológico como "enfermedad que se presenta entre los jóvenes de ambos sexos, con delirio en relación con el objeto amado y un vivo deseo de unión íntima honesta". Consideraba ese "delirio" como una forma psicopática especial, en la que existen una serie de síntomas psíquicos y otros físicos.

En cuanto al "mal de amor" es descrito así por Boissier de Sauvages: "Estado de febrícula variable o continua que se manifiesta con palidez, inapetencia, melancolía y deseo de soledad. Se le llama fiebre blanca a causa del color de los enfermos, fiebre amorosa o fiebre de las jóvenes porque afecta sobre todo a las jóvenes enamoradas y se acompaña de palpitaciones, síncopes, etc."

Esta enfermedad ha recibido también el nombre de clorosis, que era definida como "anemia de la pubertad, espontánea, favorecida por una tara hereditaria de alteraciones de la nutrición, sea latente o expresada por hipoplasias orgánicas, anemia con pérdida de hemoglobina de tal intensidad que los glóbulos rojos neoformados son incapaces de adquirir la resistencia y talla de los glóbulos rojos normales".

La clorosis y el mal de amor son nosologías que se han superpuesto con frecuencia.

En escritos antiguos ya se habla de una febris amatoria o icterus amantium como enfermedad producida generalmente por el amor contrariado. A veces las enfermedades son las mismas pero los nombres y su sintomatología varía con los tiempos.

Más tarde Sauvages hablará de una "clorosis por amor". Estos conceptos se encuentran ya en HIPOCRATES. La febris amatoria de los antiguos atribuye los síntomas en su mayor parte a trastornos del aparato genital. La retención de sangre en la matriz, los trastornos menstruales, la coloración verdosa de los tegumentos y los demás síntomas son parte de la misma enfermedad.

HIPOCRATES y GALENO ya hablaban de ellos. AMBROSIO PARE lo creía a pie juntillas. MEIGE cita a autores como Varandal, Lafare Rivière, Sennert y otros que atribuían la patogenia de la clorosis a trastornos menstruales. Durante los s. XVII y XVIII otros nombres aparecen para definir la clorosis: "color pálido", "enfermedad virginal". AVICENA ya había mencionado la obstructio virginum y ARQUIGENES a la "febris alba", "tristeza amorosa" o "pasión contrariada".

Otros autores se contentan con llamar a la enfermedad "melancolía", que se caracteriza por "ensuelos acompañados de tristeza" y que atribuían a "perversión de los espíritus animales", a vapores que se desprendían de todo el cuerpo, del corazón, de los hipocondrios o de la matriz. La melancolía hipocondriaca y la "melancolía de amor" tenían como fundamento una pasión desmedida por el objeto amado. Se hablaba también de una "melancolía uterina" que se atribuía a la obstrucción de los vasos sanguíneos periuterinos lo que provocaba la suspensión de la regla. Su grado máximo era la "sofocación uterina", que se atribuía a la corrupción de la sangre menstrual lo que producía vapores malignos que invadían todo el cuerpo.

HIPOCRATES describió estos signos como parte de lo que en siglos posteriores se llamaría histeria, de histeros, útero. La palidez y la neurosis estaban asociadas. SYDENHAM consideraba a la clorosis como una especie de histeria.

MEIGE señala que Jean Varandal fué el "padrino" de la clorosis. Decía en una de sus obras:

"Hay una enfermedad propia del temperamento femenino, que es más húmedo y más frío que el de los hombres, y es la que actualmente vemos desarrollarse en estas regiones de una forma casi endémica o epidémica, especialmente en las jóvenes más nobles y bellas, en las viudas u otras que viven en la abstinencia de todo trato sexual. Se la califica con el nombre de "fiebre de amor" o "enfermedad virginal". Nosotros la llamamos "clorosis" como HIPOCRATES".

Así, la clorosis que ya se conocía desde la antigüedad fué descrita con detalle por Varandal, Rivières, Senner y Sauvages.

El síntoma más aparente era la palidez casi lechosa de la piel de la enferma. Los alemanes llamaban a esta enfermedad "milchfarbe" (color de leche) y era un color algo así como el de la cera vieja, un color y aspecto céreo, casi transparente, a veces verdoso. Ese tono fué muy bien captado por Samuel van Hoogstraten en sus lienzos, pero en realidad sólo se presenta con esta intensidad en los casos más severos. Por ello a esta fase de la enfermedad se la llamaba "morbus viridis". En Inglaterra se llamaba "green sickness".

Un hecho notable era que las enfermas de "mal de amor", a pesar de su extremada palidez, nunca se adelgazaban, al contrario, parecían estar turgentes. Nunca se las veía emaciadas, sino con un turgor vitalis o lymphaticus, edematosas, lo que daba la sensación de que tenían un buen revestimiento adiposo.

En el cuello, los "collares de Venus" se acentuaban aumentando debido a una hiperplasia tiroidea que era casi constante. En las extremidades había edemas verdaderos, los llamados edemas cloróticos. Sus rostros daban la sensación de máscaras de alabastro con una expresión muy particular en los ojos, con la esclerótica azulada y las ojeras muy marcadas. Los ojos tenían una expresión de languidez y de tristeza muy peculiar.

La paciente suspiraba y lloraba con frecuencia, se apartaba de la sociedad de los demás con signos de melancolía que llegaba en ocasiones a la alienación mental. Gran apatía y desgana por todo trabajo intelectual o físico, ansiedad, tristeza, depresión y una laxitud que parecía paralizar a estas víctimas de "mal de amor".

Los pintores flamencos nos han dejado muy claramente expresado el hecho de cómo buscaban con almohadas una postura de reposo que nunca encontraban. Las enfermas no hablaban, parecían estar pasmadas, no hacían caso de lo que se les decía, parecía como si no entendiesen lo que oían. Eran frecuentes las lipotimias, desvanecimientos por anemia cerebral, síntoma inseparable de la clorosis.

Los trastornos cardiovasculares eran otro signo constante, caracterizados por palpitaciones que se presentaban por accesos y que las dejaban sin aliento. BOUILLAUD señalaba que el corazón latía en completa anarquía, presentado una verdadera "locura cordis", que se acompañaba de disnea o anélitos. La enferma, al sentir estas molestias, llevaba la mano al pecho como queriendo sostener el corazón que parecía querer escapar al exterior.

Esta agitación del corazón se transmitía a todo el sistema vascular, lo que notaban en el pulso que se aceleraba, aumentando notablemente su frecuencia.

Meige que estudió con detalle este síndrome decía que "la emoción amorosa se traducía por trastornos cardiovasculares y fenómenos vasomotores.

Las cefaleas eran frecuentes, así como las neuralgias de localizaciones muy diversas, pero sobre todo, las migrañas. En algunos cuadros de la época se puede ver cómo la paciente tiene un emplasto aplicado sobre la cabeza, las sienes o la frente, lo que constituía el remedio universal en estos casos.

Los dolores de muelas eran también frecuentes. En España tenemos un refrán que hace referencia a esta relación entre dolor de muelas y amor: "dolor de muelas, mal de amores". En estos casos se usaban los emplastos de mastic.

Los trastornos digestivos eran constantes: anorexia, inapetencia. También se presentaba perversión del apetito, la llamada "pica" o "malacia", con especial predilección por las bebidas ácidas, el limón especialmente. El organismo, sabiamente, pedía lo que le faltaba, vitamina C.

Trastornos del aparato genital, trastornos menstruales eran constantes.

En cuanto al tratamiento, decía Sauvages, que hay ciertas plantas cuya virtud es funesta al amor, como la ruda (Ruta graveolens) que se utilizó mucho y aún se usa en muchas partes de Europa y América contra las crisis de histeria así como abortivo peligroso y el alcanfor (Laurus camphora) utilizado como cardiocinético. A pesar de ello, creía Sauvages que "el amor se cura con hierbas" (Amor est curabilis herbis).

Como tratamiento prescribía "un régimen sobrio y refrescante de lacticinios, tisana de cebada, raíces de nenúfar, semillas de Agnus castus, ejercicios corporales, distracciones sanas y viajes". Prohibía todo cuanto podía agravar el mal, tal como las carnes, los vinos generosos, los alimentos con especias.

Pero, el mejor remedio era...el matrimonio. Como dice el aforismo hipocrático "Nubat illa et malum effugiet". El matrimonio y sobre todo, el embarazo, que ejercía una influencia muy beneficiosa en las clorosis.

Meige menciona el párrafo de Molière en su obra teatral "Le medecin malgré lui" que dice en el acto segundo: "Todos estos médicos no harán nada mejor que el agua clara y vuestra hija necesita algo mejor que el ruibarbo o el sen y es que un marido será el mejor emplasto que cure todos los males de esta joven". Probablemente por estas razones se llamó a la clorosis "santa enfermedad" porque se presentaba solamente en las vírgenes. Era más frecuente en los países húmedos y fríos como es el caso de los Países Bajos.

Otro signo de clorosis era la constipación o estreñimiento. En aquella época se usaban los clísteres que estaban en su apogeo como terapéutica y los laxantes. Y como de costumbre se sangraba a las pobres pacientes, lo que por regla general empeoraba el mal, empobreciéndolas más en glóbulos rojos, bien escasos ya en las clorosis con anemia ferropénica. Además el médico inspeccionaba de visu et odoratu el aspecto de los humores que salían de la enferma.

En los Museos de Amsterdam, Londres, Munich, Moscú, Viena y San Petersburgo, pueden verse hoy día bellas obras de arte, generalmente como dijimos de la Escuela flamenca y holandesa, que representan con variantes el "mal de amor" con gran realismo. Algunos de los pintores como es el caso de Jean Steen, no una vez sino repetidas veces tomó como motivo de sus lienzos esta enfermedad.

MARAÑON dedicó su atención en varias ocasiones al estudio de la clorosis. En uno de sus escritos dedica un buen párrafo a esta enfermedad. Decía el gran maestro de la Medicina : "La clorosis es un ejemplo único en la Historia de la Medicina; el de una enfermedad de inmensa extensión, no sólo entre los médicos , sino entre el vulgo, que de repente, desaparece casi en absoluto". Y no fué una extinción porque se haya llevado a cabo una lucha específica contra ella, como ha ocurrido con la viruela, la fiebre amarilla u otras. La clorosis ha desaparecido "mágicamente".

Seguía diciendo MARAÑON: "Esta enfermedad ha figurado en millones de diagnósticos de los médicos clásicos. Ha influído mucho en la vida de la mujer -y por tanto del hombre- durante varios siglos, ha enriquecido a tantos farmacéuticos y propietarios de aguas minerales, ha hecho exhalar tantos suspiros a tantos jóvenes enamorados y movido la inspiración de poetas...¿pero, ha existido realmente?"

Citada ya por HIPOCRATES, "será en el s. XVII cuando VARANDAL o VARANDAEUS, de Montpellier, la bautiza en 1620 con el nombre de clorosis". Todos los libros de Patología han dedicado muchas páginas a esta enfermedad que se presenta en las jóvenes vírgenes y que desaparece al casarse o madurar.

Sin embargo, la civilización moderna terminó con la enfermedad. Los grandes clínicos del s. XX están de acuerdo en afirmar que ya no se encuentran casos de esta enfermedad, y que para enterarse de lo que era hay que buscar en los libros antiguos. Todavía se veían casos en la primera decena del s. XX. MARAÑON, PITTALUGA y otros hematólogos, encontraron esta enfermedad diagnosticada muchas veces a través de anemias hipocrómicas asociadas con trastornos menstruales. Sin embargo, no tenían todas las características descritas por los clásicos, por lo que comenzaron a llamarla "seudoclorosis". Posteriormente, cuando los medios de diagnóstico mejoraron, los diagnósticos fueron más precisos, haciéndose aparentes diversas infecciones latentes que actuaban sobre el sistema hematopoyético, especialmente sobre el metabolismo de la hemoglobina. Ejemplo de esto fué la tuberculosis. Así es muy probable que muchas de las enfermedades calificadas de cloróticas fuesen tuberculosis con sus febrículas vespertinas que eran diagnosticadas de "fiebres cloróticas" por WUNDERLICH, al decir de Marañón. Se hablaba incluso de una "tos clorótica" que no era más que la tos de los tuberculosos, todo lo cual se acompañaba de síntomas neurovegetativos. Estudios minuciosos demostraron que la tuberculosis afectaba con mucha frecuencia al aparato genital, especialmente a los ovarios.

MARAÑON cita una experiencia dolorosa de los comienzos de su vida profesional en relación con esta enfermedad: "Yo no podré olvidar nunca, dice, el caso de una muchacha de l6 años, hermana de un compañero de estudios, a la que ví apenas terminados aquéllos, con el entusiasmo de las primeras experiencias profesionales. Estaba anémica, con el tono alabastrino típico. Su menstruación era escasa. Apenas tosía un poco. Entonces, todavía no se hacía el examen radioscópico sistemático del tórax, que seguramente nos hubiera descubierto lesiones que no denunciaba la exploración clínica a nuestro oído aún poco experto. Tenía una anemia hipocrómica que decidió nuestro diagnóstico de clorosis. Pocos meses después, esta clorótica, llena de interés y de belleza, moría de una granulia. En el pesar que me produjo este fracaso, está tal vez, el germen del estudio de hoy, hostil, creo que justamente a la clorosis".

Otras muchas cloróticas encerraban focos de croniosepticemia (en amígdalas, oídos, dientes, sinusitis), de endocrinopatías (insuficiencias ováricas o disfunciones ováricas de diversos grados) muy relacionadas con la anemia hipocrómica.

MARAÑON relaciona la frialdad de las manos de las cloróticas descritas por los médicos de su tiempo con la mano hipogenital o acrocianosis.

También las afecciones del tiroides podían ocasionar sintomatología clorótica por su relación con el metabolismo de la hemoglobina, como las alteraciones de las cápsulas suprarrenales (hipofunciones corticales), que se acompañan de pigmentaciones anormales, discromías. Por supuesto, la alimentación deficiente o incorrecta podía ocasionar alteraciones cloróticas.

Por todo lo expuesto, MARAÑON negaba a la clorosis la calidad de entidad nosológica que durante siglos se le dió. Para él no existió nunca la "clorosis verdadera" a pesar de lo que habían dicho NOTHNAGEL, v. NOORDEN, HAYEM, LACHE, PITTALUGA, AUBERTIN y MORAWITZ. "La clorosis, dice tajantemente Marañón, fué una verdadera invención literaria, netamente romántica, un ente fantástico en la Patología". De febris amativa morían Raquel y la Julia de Lamartine, la Mimí de La Bohemia. La palidez de la mujer se interpretaba como virginidad que volvía locos de amor a los hombres.

Recuerda Marañón la comedia de Lope de Vega, "El acero de Madrid" y la canción en la que se repite aquello de: "Niña del color quebrado, o tienes amor o comes barro". Las jóvenes cloróticas acudían por las mañanas a beber de la fuente ferruginosa de la Casa de Campo de Madrid.

Así, la clorosis y su origen o consecuencia podemos hoy incluirlos en la mitología de la Patología Médica, entre los objetos de Museo.

Y eso a pesar de que haya sido motivo de inspiración para tantos poetas y especialmente pintores que reflejaron en sus lienzos, no las enfermas de "mal de amor" sino a las tuberculosas de su tiempo que también tuvieron derecho a enamorarse de amores imposibles. A pesar de todo todavía existe el "mal de amor". Como se dice de las brujas en Galicia, "haberlo, haylo".

fuente: http://www.gorgas.gob.pa/museoafc/loscriminales/paleopatologia/mal%20de%20amor.html

Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística

PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA

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