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De ladrones y cómplices

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Habíamos oídos todas las excusas políticas posibles para eludir responsabilidades en asuntos de corrupción. Todas salvo alguna cosa. Salvo una cosa. No me consta que antes de hoy ningún partido haya alegado que un político no debe responder públicamente sobre una trama corrupta porque eso "daría mala imagen de los políticos". Pero en este país nunca dejarán de tomarnos el pelo y para todo hay una primera vez: hoy el PP valenciano ha utilizado esta justificación para vetar la comparecencia de Camps y Barberá en las Cortes valencianas para responder sobre los negocios que firmaron con Nóos. Razón no les falta: Camps y Barberá dan mala imagen de los políticos aunque no comparezcan. Pero no solo los políticos despilfarradores dan mala imagen, también que el resto mire para otro lado y les deje hacer. No solo da mala imagen el robo, también la complicidad. La mala imagen de los políticos no generan las explicaciones, la han generado los 800 caso de corrupción, ¡800! y los casi 2000 detenidos, ¡2000!, en lo que llevamos de siglo en España, según se ha publicado hoy. Por no hablar de los 300 cargos imputados que van en listas electorales, es decir, la presunta corrupción de la que los partidos no se responsabilizan, la corrupción que no atajan. La mala imagen no la provoca solo la corrupción sino la falta de reacción frente ella. De hecho, lo que hoy hace que solo un 4% confíe en los políticos, ¡solo un 4%! es que sigan sin tomar medidas contra la podredumbre. La corrupción de la política española es doble: el ruido de los que roban y el silencio de los demás. Ese silencio es lo que resulta intolerable a estas alturas. Del robo han de ocuparse los jueces y policías, pero la depuración es una responsabilidad política. Y lo que más indigna a estas alturas es que los grandes partidos no asuman esa responsabilidad. Resulta absolutamente intolerable que después de 800 casos de corrupción y casi 2000 detenidos sigan con los brazos cruzados y más aún, que nos digan que las explicaciones dan mal imagen. Las explicaciones son las únicas que pueden lavar la imagen deteriorada de los políticos. No es que les miremos mal, es que ellos solo muestran su lado más feo. Son los políticos honrados los que tienen que denunciar a los corruptos, no darles la mano ni hacerse fotos con ellos. Si no quieren pagar justos por pecadores, los justos tienen que dar un paso al frente y entregar a los delincuentes y apartar a los sospechosos para que la justicia los juzgue. Al no hacerlo, le hacen un flaco favor a la democracia de este país. El descrédito de la política no solo les afecta a los políticos, es mucho peor: destruye nuestro endeble sistema democrático. Mientras los inocentes no denuncien a los delincuentes, no podremos diferenciar a unos de otros. En algunos casos, no hay diferencia entre unos y otros. Los que tapan, están en el robo. Los que callan dentro de los partidos se convierten en cómplices de robo. No solo tienen las manos manchadas los que roban, también las tienen sucias los que tienen las manos metidas en los bolsillos sin hacer nada.

 

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