Jueves, 29 de Octubre de 2020

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El analfabeto que escribía canciones

bradleydocuCharles Bradley (1948) tenía 63 años cuando su primer disco llegó a las tiendas en 2011. No sabía leer ni escribir y una vez a la semana una chica joven iba a su casa a enseñarle cosas básicas como aprender a entender los contratos que iba a firmar. Bradley cuidaba de su madre anciana, que le había pedido morir en su hogar, mientras vivía en una casa de protección oficial en la que a veces, por las noches, pasaba miedo. La historia de Bradley, que fue mendigo, sin hogar, cocinero e imitador de James Brown, se plasmó en el premiado documental ‘Soul of America’, un trabajo tierno y crudo que se rodó durante el lanzamiento de su primer disco.

Bradley acudió un día a las oficinas de Daptone Records, en Brooklyn, pidiendo una oportunidad como cantante. Allí dio con Gabe Roth, el productor y dueño del sello que se ha dedicado a cumplir los sueños de artistas con tanto talento como mala suerte como Sharon Jones o Lee Fields. Roth vio la magia de Bradley, creyó en él como nadie había creído en todos estos años y se dispuso a darle una oportunidad a la que Charles se abrazaría con la fuerza con la que un náufrago se amarra a una tabla de madera abandonada en medio del mar. El camino a la edición de ‘No time for dreaming’ no sería sencillo. Bradley se apoyaría en la Menahan Street Band, una banda joven que se puso a su servicio. Juntos escribirían las canciones de aquel maravilloso debut. Bradley narraba y ellos escribían, luego el cantante cambiaba a su antojo y tras mucho esfuerzo conseguía plasmar sus ideas en versos que se transformaban en canciones intensas que recorrían su vida, desde su esfuerzo por salir adelante al asesinato de su hermano mayor.

Mientras Bradley daba forma a su sueño, la vida se cebaba con él. El músico peleaba por evitar el embargo de la casa de su madre, por mantener un techo sobre él y por tener una vida digna. Mientras, en Daptone, su disco tomaba forma y los chicos del sello se apresuraban por dar a conocer su historia y por enseñarle a subir a un escenario bajo su nombre, sin la peluca o la capa de James Brown con la que se había vestido durante décadas. “He sido James Brown durante años, ahora me toca ser Charles Bradley”, comentaba el músico a la SER durante la promoción de su segundo álbum. Bradley se despojó de sus miedos y afrontó, ya mayor, el gran reto de su vida: hacerse un hueco en la industria musical, una industria que le había ignorado durante años y que ahora se rendía a su entrega, a su rabia, a la fuerza de unas canciones que se transforman en rugidos en la voz de un hombre que se vacía en cada concierto, en cada tema, al recordar el largo y tortuoso camino que ha tenido que recorrer.  “He pasado muchos años luchando por un sueño, peleando por él, suplicando por una oportunidad que no llegaba”, confesaba Bradley por teléfono. El documental, que dirige Poull Brien, narra los dos meses previos a la edición del debut del cantante, los instantes finales de una lucha llena de mala suerte y de crudeza, pero resalta la belleza de aquellos que ven cumplidos sus sueños aunque hayan tenido que pasar seis décadas. Después de todo, no hay muchos músicos analfabetos que debuten en la música rozando la edad de la jubilación y con la ilusión de un chaval.

Twitter: AcardenalR

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