Nuestra terrible manera de despedir

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Ya está en librerías la historia de la aventura comunista del clandestino Jorge Semprún, cuando era Federico Sánchez y reconstruía aquí el partido de Carrillo y la Pasionaria. Cuando murió, en 2011, la Francia que dirigía el conservador Sarkozy lo despidió como alguien que arrojó luz sobre los crímenes de los totalitarismos y Europa lo declaró como uno de sus heroicos defensores. Aquí, sin embargo, donde nació y donde llegó a ser ministro socialista, en seguida lo llamaron asesino. Es, recordaba Felipe Nieto, autor del libro, nuestra terrible manera de despedir.




