¡Hasta ahí podíamos llegar!

(CADENA SER)

Todas las épocas tiene combinaciones peligrosas, nocivas. Modas que por el contexto, por papanatismo, por seguir la corriente, por lo que sea, nos pueden colocar en terrenos que en realidad no deseamos.
Y una de esas mezclas nefastas la pueden formar hoy eso que llamamos nuevas tecnologías, las reglas del mercado laboral que a veces se aproximan a pasos agigantados al siglo XIX y un concepto etéreo de modernidad, de cool, de guay, de estar a la última.
Bueno, todo eso revuelto aparece en una noticia que nos llega desde Londres y que, sinceramente, nos ha puesto los pelos como escarpias: una empresa ha colocado sensores a sus empleados para saber cómo se comportan¡dentro y fuera del trabajo! ¿Y qué se quiere saber? Pues si andan mucho o poco, si hacen deporte, las horas que duermen, cuánto rato permanecen frente al ordenador, qué comen... y todo ello para comprobar si están alineados o no con los valores de negocio y de cultura de la empresa. ¡Ah, y con una salvedad! Si tú le dices al jefe: 'mira, métete los sensores allá donde Clavijo', resulta que vas a la calle.
O sea, cool y moderno a tope. No nos inventamos nada, ¿eh? La noticia la publica el Guardian e incluye declaraciones del fundador de la empresa diciendo que con esta experiencia pretende disponer de "una fuerza de trabajo más productiva" y además que los empleados utilicen los datos "Para aprender unos de otros".
En fin yo no sé a ustedes, pero a un servidor le han entrado ganas de pedir el teléfono de este clarividente empresario para poder decirle en vivo y en directo que monitorice la vida de su puñetera madre, pero que deje en paz al resto del mundo con sus brillantes ideas.
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¡Hasta ahí podíamos llegar!




