Los últimos defensores de la trova cubana
En la calle, el sol del Caribe golpea con fuerza aunque el verano todavía queda lejos. Es día grande en la Casa de la Trova, un centro que reabrió sus puertas a finales de 2013 tras estar más de un lustro cerrado. "Antes esto era el centro del barrio y estaba abierto de jueves a domingo. Ahora solamente abre un día al mes", explica Alexis, un tipo alegre de voz dulce que forma dúo con Pepe desde hace más de una década. La Casa de la Trova no tiene el esplendor de los años dorados de esta música, pero en su quinta reunión ha congregado a bastante público y a numerosos músicos del distrito centro de La Habana. El edificio, descuidado por fuera, es de techos altos y está repleto de cuadros realizados por niños y esculturas de distintos artistas del barrio. Entre el público hay ancianos, familiares y también gente joven, el gran objetivo de este proyecto cultural que busca la supervivencia de un estilo musical y de unas composiciones cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX. "Cuando nosotros muramos esta música desaparecerá con nosotros", lamenta Pepe, que a sus 43 años ha dedicado los ahorros de su vida a montar un estudio de grabación profesional en uno de los cuartos de su casa de huéspedes. "Ya estoy cerca de tener todo el material para grabar con la calidad necesaria", explica López Aguilar, un hombre grande, callado y tranquilo que en la víspera de su cumpleaños bebe ron con alegría entre sus compañeros y amigos.
Pepe y Alexis aprendieron los viejos ritmos cubanos en la casa del padre de Alexis, una de las mejores segundas voces de Cuba. “Yo fui el primero en interesarme por la música”, confiesa Pepe. Por casa de los Querol solían parar todo tipo de artistas y siempre había música sonando. Poco a poco y con paciencia el padre de Alexis fue transmitiendo los conocimientos de su vida a los dos jóvenes, que ahora, veinte años después, son dos de los grandes representantes de la tradición musical cubana. “Estas canciones son realmente complicadas”, señalan ambos, “aprenderlas requiere un gran esfuerzo y sacrificio y parece que los jóvenes de hoy están más interesados en el reggaeton”, lamenta Alexis. Tras beber unos tragos y saludar a los amigos y músicos que van llegando, el dúo sale a ofrecer la primera tanda de su recital, tres o cuatro canciones centenarias que a pesar del tiempo mantienen toda su fuerza, su mensaje y su capacidad de conmover. “No quiero que estas canciones se pierdan porque son parte de la historia de la música de Cuba”, defiende Pepe tras bajar de la tarima que sirve de escenario. Tras una semana alojados en su casa por cosas del azar, el músico, de primeras algo tímido, se ha soltado. “No hay muchas ayudas a este tipo de música pero su salvación es algo personal”, explica. A pesar de las dificultades económicas a las que hace frente el pueblo cubano, al músico no le van mal las cosas. Pepe heredó la casa de su madre después de ésta emigrase a EEUU junto a una de sus hijas y desde entonces alquila las dos habitaciones que le sobran. El turismo deja a Pepe y a su mujer Licet más dinero del que podrían ganar en cualquier otro trabajo y parte de ese dinero va destinado a la gran misión de Pepe: montar un estudio casero en el que grabar con buena calidad las canciones que de niños les enseñó el padre de Alexis. “Creo que ya estoy cerca de tener todo lo que necesito, pero conseguirlo ha sido muy costoso y ha llevado mucho tiempo. Detrás de nosotros no viene nadie y sé que tenemos que dejar estas canciones grabadas para que quede ese testimonio cuando no estemos”, explica el músico.
La tarde vuela entre canciones y tragos hasta que llega el turno del invitado especial de este mes en la Casa de la Troba. Juan Carlos Pérez es un músico veterano de sesenta años cuya forma de tocar recuerda al estilo de Silvio Rodríguez y cuyo aspecto remite al del Neil Young de los setenta. Pérez, que canta sus propias composiciones, es autor de una de las canciones que aparecieron en el primer disco de Rosa López, la ganadora del primer Operación Triunfo. A pesar de la edad, Pérez aparenta muchos años menos y cuando nos reunimos con él al día siguiente, frente al Hotel Habana Libre, nos explica su agitada trayectoria, sus maestros y su obra. “La música en Cuba se estudia, pero también se aprende en las peñas y con los amigos, es la manera de avanzar, de ir aprendiendo y de ir enseñando las cosas que vas haciendo”, explica el músico frente a una taza de café. La música en Cuba, como casi todo, se hace en compañía, con el apoyo de los demás. Juan Carlos tiene pocos discos grabados pero varios centenares de canciones registradas y es uno de los cantautores más respetados de La Habana con varias giras y actuaciones fuera del país. Para él, las peñas y centros como la Casa de la Trova son esenciales para aprender y difundir la música cubana. Él comenzó como percusionista, ofreciendo recitales en el Parque Lenin en programas como Canción y Poesía. Pérez también alerta sobre la invasión del reggaeton en Cuba. “Es una música machista y racista carente de valores humanos importantes y es triste que haya calado con tanta fuerza entre los jóvenes”, señala el cantautor.
Twitter: AcardenalR | Fotografías: Vanessa Pascual




