Vamos a morir todos

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En toda película de catástrofes que se precie siempre aparece un personaje que, aterrorizado por lo que se le viene encima a la humanidad, grita desesperado "¡vamos a morir todos!" Tras la publicación de los datos de hacienda con respecto a los incentivos fiscales para la producción audiovisual, no hay productor o creador en España que no esté gritando ahora mismo "¡vamos a morir todos!" y no es para menos. La Unión Europea, esa economía con la que se nos compara cuando se quiere hablar de aquello que nos perjudica pero no cuando nos beneficia, ofrece a los rodajes unas desgravaciones que alcanzan el 40%. En España, la mitad. Con este dato, a ninguna productora extranjera le puede interesar invertir en nuestro país: no es rentable, por muchos paisajes hermosos que vendamos en nuestros catálogos turísticos. En un mundo globalizado en el que las coproducciones internacionales no sólo están a la orden del día sino que resultan imprescibles para la supervivencia, el gobierno ha apostado por la muerte lenta; lenta, pero segura. Porque, además, se mantiene el IVA al 21%, el más alto de Europa, y se retrasa la aprobación de la ley de mecenazgo, dos de las pocas esperanzas que todavía iluminaban el final de un túnel que se ha derrumbado sobre nuestras cabezas. Vamos a morir todos. Postdata: si van a ver x-men, quédense hasta el final de los créditos. Primero, porque hay una sorpresa. Segundo, porque podrán leer la información de la productora sobre el número de puestos de trabajo creados: 15.000. Cómo se nota que el gobierno no va al cine, ni siquiera a ver películas de Hollywod, porque no se entera.




