Vivimos en tiempos que el anonimato es sinónimo de fracaso

El código iframe se ha copiado en el portapapeles
La vida no es como creía la madre de Forrest Gump: la vida no es una caja de bombones en la que nunca sabes lo que te va a tocar, la vida es un formato de televisión. Con la edad, uno va descubriendo que el año no empieza cada primero de enero sino en septiembre, con la vuelta al cole, las ventas de los absurdos coleccionables y, sobre todo, con la nueva programación. La vida es una serie de temporadas rematadas con unas largas vacaciones estivales. Hay quien vive como en un magazine, con un ritmo pausado y secciones muy claras y organizadas. Hay quien se lanza al día a día como en un reality show, siempre llamando la atención, generando conflictos, moviéndose en círculos hacia el desastre. Son tiempos en que algo tan necesario como la búsqueda de trabajo o una relación sentimental se organiza como un casting. Salimos a tomar algo con los amigos como en un late night, apostando por los toques de humor y algo de frikismo, que siempre funciona. Y contamos nuestras anécdotas personales con la fuerza y la agilidad de una buena promo: o enganchas a la primera o te quedas sin audiencia. Vivimos tiempos revueltos en los que la felicidad viene ligada al éxito profesional y social, en los que el anonimato es sinónimo de fracaso... qué estrés. ¡Con lo bien que se está viviendo en una permanente carta de ajuste: plano fijo, música ambiente, tan ricamente y ajeno a la angustia de la espera a que empiece el show... que otros se maten por un pico de audiencia! The show must go on.




