La Roca

El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Definitivamente, soy un optimista empedernido. Es que no aprendo. Ayer a esta hora, justo al abrir el programa, me mostraba convencido de que esta semana podríamos evitar ser desbordados por el tema de Catalunya, es decir confiaba en que se acabaría imponiendo un cierto sentido común... pero ya se sabe que este es el menos común de los sentidos. Así que Artur Mas ha puesto ya las últimas cartas sobre la mesa: intentar otra demostración de fuerza el 9 de noviembre, una especie de jornada de protesta con incierta base jurídica para decirle al mundo "no nos dejan votar"; y al mismo tiempo forzar a Esquerra Republicana a comparecer juntos en unas elecciones plebiscitarias.
En la otra página de este guión tan lamentablemente previsible, tanto el gobierno español como el Partido Popular -también el PSOE- le han respondido con artillería dialéctica: "ocurrencia", "fraude de ley", "engaño", "ha perdido la cabeza"... y no es para nada descartable otro recurso ante el Tribunal Constitucional. O sea, resumiendo, que estamos como estábamos; bueno, un poquito peor: con los ánimos más enconados y con el problema más enquistado, un problema muy serio, que como un día explote de verdad lo vamos a lamentar. Por cierto que Artur Mas ha hecho hoy frecuentes referencias a la inutilidad de golpearse la cabeza contra una roca, pero no parece haber interiorizado su propia metáfora. Lo malo es que no es sólo su cabeza la que puede resultar dañada. Y eso a la roca tampoco parece importarle mucho. ¡Vaya panorama!




