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Viernes, 24 de Enero de 2020

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Los abusos a menores y ese asfixiante silencio

La directora de Hora 25 reflexiona sobre los presuntos abusos a menores cometidos por sacerdores en Granada y la actitud de la archidiocesis granadina.

La conferencia episcopal ha manifestado hoy su dolor y su repulsa por el escándalo de los presuntos abusos sexuales en la Archidiócesis de Granada. Dolor y repulsa en el lenguaje eclesiástico que tantas veces se aleja de la realidad. Contra la pederastia, igual que contra cualquier otro delito se actúa con la justicia, y luego dentro de la Iglesia que hagan lo que quieran los que crean en ella, pero los delitos deben ser investigados, perseguidos y juzgados por las vías habituales.

El silencio que históricamente ha rodeado este tipo de delitos dentro de Iglesia es asfixiante e intolerable. Al final todo el mundo lo sabía pero nadie hacia nada. En este caso hablamos de ello porque el papa Francisco llamó a una de las víctimas, sobrecogido por la carta que este le había enviado. Una llamada, un anímate a llevarlo a la justicia, un aviso al arzobispo de Granada para que vaya a Roma y cuente lo que hay y lo que sepa, pero de momento no pasa nada. El arzobispo sigue en su archidiócesis, los presuntos curas pederastas en su sitio, y la comunidad eclesiástica con las manos en la cabeza por lo que está pasando, con dolor y con repulsa, como decía hoy la Conferencia episcopal.

La pederastia es un delito gravísimo, sea el abusador un cura o cualquiera. la pederastia está incrustada en la Iglesia desde hace años, los mismos que lleva la jerarquía eclesiástica mirando hacia otro lado y convirtiéndose en colaboradora y participe de un delito tan repugnante. Como lo solucionen ellos, es su problema, como lo solucione la justicia es problema de todos.

Los obispos piden perdón, un gesto tan habitual en estos últimos tiempos que ya no tiene valor alguno, pero en cualquier caso que les perdonen los que les siguen, la sociedad lo que reclama es justicia, y que igual que se le pediría a cualquier colectivo, que levante las alfombras de su casa y saque toda la repugnancia. A pesar de que ellos se lo crean, no son de una casta diferente, y deberían regirles las mismas normas que al resto. Las de las leyes por supuesto, las morales y las éticas igual que cualquier ser humano.

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