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Lunes, 24 de Febrero de 2020

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Elvis y las dos caras del héroe

El legendario cantante hubiese cumplido este jueves ochenta años

Elvis cantando durante una actuación en julio de 1955 /

Todos los héroes tienen dos caras. Una es la que todos queremos ver: la que brilla y los hace inmortales. La otra es la que preferimos olvidar, apartar, colocar en un rincón sombrío. La vida, obra y legado de Elvis Presley se puede ver de este modo. La carrera de 'El Rey del Rock' pasó por etapas y fases diversas, algunas son parte de la historia del rock, una historia que el joven de Tennessee escribió con mayúsculas, otras, sin embargo, retratan a un héroe caído, mal asesorado, agotado por la vida y consumido por los excesos. Cuando Elvis murió -el 16 de agosto de 1977- entre todos enterramos al hombre con sus errores y ascendimos al mito.

A día de hoy cuesta pensar cómo sería el Elvis de este 2015, el anciano de ochenta años. Quizá viviese recluido como Howard Hughes, tal vez siguiese reinando en Las Vegas. Puede que hubiese recuperado el orgullo, la línea y la voz y el público se hubiese reconciliado con su trabajo más reciente. En realidad da igual. Elvis vivió deprisa, devoró la vida y dejó un inmenso legado musical, un legado con luces y sombras.Una obra con aristas, recovecos y escondites. Quizá lo mejor sea recordar lo bueno, ese “todos te quieren cuando estás muerto” que dio nombre al genial libro de Neil Strauss.

De Elvis hay muchas cosas con las que quedarse y unas cuantas que olvidar. Hay que quedarse con ese chico que quiso grabar una canción de cumpleaños para su madre y que terminó revolucionando el rock and roll. Hay que agradecerle que su música sirviese para descubrir a los artistas afroamericanos y que sus canciones abriesen los oídos de los jóvenes, que años más tarde bailarían con las Supremes, Otis Redding o Sam Cooke. Hay que agradecerle que enseñase a América a bailar, a volverse loca, a romper con la generación de sus padres, a ser rebelde, a crear sus propios gustos.

A día de hoy cuesta pensar cómo hubiera sido el mundo sin Elvis. Quizá todo hubiera sido diferente, tal vez no hubiesen existido los Beatles. Puede que la música popular no hubiese sido cosa de jóvenes. Probablemente el destino hubiera encontrado otro camino para llegar al mismo final. En realidad da igual. El espíritu de Elvis hubiera prendido de todas formas, el rock hubiera encontrado su sendero, quizá no hubiese sido un camino tan brillante, tan estruendoso, pero hubiera llegado a buen puerto.

De Elvis hay unas cuantas cosas que olvidar y muchas con las que quedarse. Hay que olvidar la gran mayoría de su treintena de películas, su egocentrismo, sus errores a lo hora de elegir proyectos y canciones. Sus años de sobrepeso, de adicto, de discos poco memorables. En realidad da igual. Hoy Elvis hubiese cumplido ochenta años y es preferible quedarse con su voz, con sus caderas censuradas, con su sonrisa pícara, con la revolución que lideró como gran esperanza de la música adolescente. Elvis hubo muchos y en realidad solo uno, un héroe con dos caras. La brillante y la oscura. La memorable y la irrelevante. Ochenta años después de su nacimiento solo cabe constatar una cosa: rey solamente hubo uno y fue él, el chico de Tennessee que fijó la ruta del rock and roll.

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