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DISCOTECA DE ORO

Y la música pop llegó al western

Nuestra “Discoteca de Oro” de las bandas sonoras recuerda esta semana “Dos hombres y un destino” de Burt Bacharach, un score editado en 1969 que revolucionó la música del western con sus melodías ligeras y anacrónicas.

Madrid

En los años 60 del siglo XX el pop, el twist, el jazz blanco y otros ritmos modernos hicieron su entrada en las bandas sonoras. La música de cine perdía así parte de la fuerza dramática que aportaba el sinfonismo orquestal pero a cambio ganaba más aceptación popular.

Notas de Cine (11/01/2015)

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Henry Mancini fue el pionero y líder de esa nueva corriente pero a su estela surgió una generación de jóvenes músicos de cine que se movían en el mismo estilo y entre los que estarían Quincy Jones, Lalo Schifrin, Marvin Hamlisch o nuestro protagonista de hoy: Burt Bacharach.

Elegante, romántico, pegadizo en sus composiciones… Un gran melodista, en definitiva. Su especialidad siempre fueron las canciones; canciones que llevaron al éxito artistas como Tom Jones, Dionne Warwick, The Carpenters y otros muchos. De hecho Bacharach es uno de los veinte compositores que más hits ha colocado en las listas de éxito a lo largo de toda la historia. En el cine Burt Bacharach empezó a destacar a mediados de los años 60 con bandas sonoras para películas como “No me mandes flores”, la comedia protagonizada por Rock Hudson y Doris Day, o las disparatadas “¿Qué tal, Pussycat?” y “Casino Royale”. Pero su consagración definitiva llegaría en 1969 con “Dos hombres y un destino”.

Se trataba de un western un tanto peculiar. Una película de vaqueros desenfadada y con toques de humor pero a la vez con un trasfondo melancólico y triste. Los protagonistas son Butch Cassidy y Sundance Kid, dos forajidos que se hicieron famosos en el pasado asaltando trenes y bancos pero cuyo tiempo se acaba. El salvaje Oeste que conocieron en su juventud ha dado paso a una nueva época en la que ya no hay sitio para los legendarios bandidos de antaño.

Butch Cassidy y Sundance Kid son Paul Newman y Robert Redford y el director de la película es George Roy Hill el mismo realizador que poco tiempo después le dirigiría nuevamente en “El golpe”. El reparto se completaba con una chica, la bella Katherine Ross.

“Dos hombres y un destino” es un western que se sale de las pautas del género y su banda sonora también lo es. Aunque en Europa Ennio Morricone llevaba ya algunos años renovando el sonido del western, en Estados Unidos la música de las películas de vaqueros se basaba en vibrantes composiciones sinfónicas al estilo de las de Elmer Bernstein o Jerome Moross. “Dos hombres y un destino” en cambio proponía una música mucho más ligera y anacrónica.

Era una obra romántica, alegre y nostálgica que no parecía concebida para una trama ambientada en el Oeste. Había en ella melodías pop, números de vaudeville o incluso alguna bossa nova. Pero sin duda lo más rompedor llegaba con la conocida como canción de la bicicleta. La escena mostraba a los protagonistas paseando en bici. Era una escena sin diálogos, adornada con el fondo musical de una canción titulada “Raindrops keep fallin’ on my head”. “Antes de componer la música para la secuencia de la bicicleta vi la escena varias veces en la moviola” –explicaba Burt Bacharach– “Se me ocurrió que quizá podía llevar una canción con letra. No sabía en que medida el director pondría objeciones y la verdad es que sí, que puso algunas pegas, pero finalmente Hal David y yo escribimos la canción y grabamos una maqueta. George Roy Hill no estaba convencido del todo pero cuando la escuchó en la pantalla junto a las imágenes le gustó mucho. Fue una decisión muy arriesgada por nuestra parte. Podía haber sido muy negativo para la película si no llega a funcionar, pero funcionó y resultó muy bonito.”

Fue, sí, una decisión arriesgada. La canción no solo era anacrónica con respecto a la época en la que transcurría la película, sino que además rompía con lo que hasta entonces había sido habitual en el western. No aparecía al principio o al final, en los títulos de crédito, sino bien entrada la trama, como una especie de pausa en la acción. El director creía en ella, pero no así Robert Redford que al ver la escena montada con la música montó en cólera porque le parecía terrible. Tampoco le gustó a Bob Dylan al que le propusieron cantar el tema. Cuando éste rechazó la oferta optaron por ofrecérselo B.J. Thomas un cantante estadounidense de cierto éxito en los años 60. Éste aceptó pero también en contra del criterio de su agente que estaba convencido de que aquella canción podía arruinar su carrera.

El agente se equivocaba, la combinación de la canción con las sencillas y románticas imágenes de la escena de la bicicleta gustaron mucho al público. La banda sonora se vendió como rosquillas y la canción de B.J. Thomas ocupó durante meses el número uno de las listas de éxito. En la ceremonia de los Oscar de 1970 Burt Bacharach se llevó dos estatuillas, una por la mejor música y otra por la mejor canción que compartió con su letrista habitual, Hal David. Una banda sonora diferente y entrañable, la de “Dos hombres y un destino”, que se ha convertido en todo un clásico.

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