Domingo, 29 de Noviembre de 2020

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DISCOTECA DE ORO

Una cítara revolucionaria

Anton Karas rompió todas las reglas de la música cinematográfica al componer una banda sonora concebida exclusivamente para este instrumento.

Algunos la consideran la mejor aportación británica a la historia del cine. Ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes de 1949 y se basa en un relato del escritor Graham Green. “El tercer hombre” está ambientada en la Viena de la posguerra, donde la corrupción y el contrabando ilegal campan a sus anchas. Carol Reed, un director británico que por entonces vivía sus horas más dulces gracias a películas como “Larga es la noche” o “El ídolo caído”, fue elegido como realizador.

Joseph Cotten y Alida Valli son la pareja protagonista. Él, un escritor que llega a Viena para visitar a un amigo y descubre que ha muerto en un accidente. Ella, la enamorada del fallecido.

El tercer protagonista es el muerto, Orson Welles, en uno de sus trabajos más recordados como actor. Y eso que en realidad solo sale en cuatro o cinco escenas pero parece presente en toda la película. El secreto reside en que todos los personajes hablan continuamente de él. Interpreta a Harry Lime, un delincuente que se lucra con el tráfico de penicilina a costa del sufrimiento de la gente.

La película está llena de secuencias míticas como la persecución por las alcantarillas de Viena, la aparición del personaje de Welles iluminado por la luz de una ventana, la cita en la noria del Prater o la bellísima escena final en el cementerio. Se dice que Orson Welles dirigió en la sombra algunas de estas escenas y que él mismo escribió sus propios diálogos. El más famoso, éste.

Curiosamente cuando se estrenó la película los suizos escribieron a Orson Welles explicándole que ellos nunca inventaron el reloj de cuco sino que éste procedía de la Selva Negra de Baviera, en Alemania. Otro de los elementos inolvidables de la película, su música, surgió por casualidad. Un día el director Carol Reed acudió a un café de Viena. Allí tocaba su música a cambio de unas propinas el intérprete de cítara Anton Karas.

La cítara es un instrumento musical de la Europa Central consistente en una serie de cuerdas, entre 29 y 42, que se extienden sobre una caja de madera y que se toca con una púa especial colocada en el pulgar derecho. Anton Karas era un consumado maestro de este instrumento. Ese mismo día en el café Carol Reel lo decidió: Encargaría la banda sonora a aquel músico desconocido a quien, por cierto, podemos distinguir fugazmente en la película tocando la cítara en la escena en la que Joseph Cotten se reúne en un café con los compinches de su amigo. En el siguiente vídeo podéis verle tocando su instrumento.

Anton Karas rompió todas las reglas de la música cinematográfica al componer una partitura concebida exclusivamente para cítara. Una música sugestiva y vivaz, pero a la vez capaz de ofrecer un dramatismo inusual en algunas escenas. La música llena toda la película de principio a fin salvo en una parte. La secuencia final en las alcantarillas de la ciudad no lleva subrayado musical. Anton Karas propuso no escribir música para esa parte y dejar como únicos sonidos de la persecución el ruido del agua, los ladridos de los perros y los gritos de los soldados que van cercando al delincuente. Ese silencio musical, unido al juego de luces y sombras, crea una atmósfera agobiante y llena de tensión.

Una vez terminado el rodaje el director Carol Reed convenció a Karas para que le acompañara a Londres. Allí le encerró durante varios días en la habitación de un hotel con una moviola donde le pasaba la película una y otra vez y el músico componía la banda sonora. Después la grabaron en un estudio aunque olvidaron algo muy importante: plasmarla en el papel. La partitura de “El tercer hombre” no se escribió en papel pautado y en grabaciones posteriores hubo que transcribirla siguiendo el visionado de la película. La pieza más famosa era el tema principal que tuvo un enorme éxito popular y acabó convirtiéndose en una de las melodías emblemáticas de la música de cine. También destacaban otras piezas, como ésta titulada simplemente “Second theme”, segundo tema.

De la noche a la mañana Anton Karas se convirtió en una celebridad. No compondría ninguna otra banda sonora en su vida pero grabaría varios discos con temas populares interpretados con la cítara. El músico utilizó las ganancias de la película y de los discos para comprar una enorme taberna en su ciudad natal, donde seguía tocando cada noche. Pero “El tercer hombre” no gustó a los vieneses ya que mostraba la humillante decadencia de la ciudad durante la posguerra y, aunque el establecimiento de Karas recibía a muchos extranjeros atraídos por la popularidad del músico, los habitantes de Viena boicotearon el local y el negocio fue a la quiebra. No sería hasta 1976 cuando los vieneses acabarían reconociendo el mérito de su conciudadano en la promoción de la cultura austriaca y le otorgarían la Medalla de Oro de la ciudad de Viena.

“El tercer hombre”, al igual que su música, son hoy en día clásicos indiscutibles del séptimo arte. Una película que transmite una peculiar melancolía, como la que preside su última escena en uno de los finales más bellos de la historia del cine, con ese largo paseo por el cementerio de Alida Valli tras enterrar definitivamente a Harry Lime. Al verla Joseph Cotten se baja del coche que le lleva hacia el aeropuerto. El hombre la espera mientras ella se acerca lentamente por el paseo arbolado pero al llegar a su altura continúa su camino sin ni siquiera mirarle. No hay perdón para los que traicionan a sus amigos. Aunque estos sean tan canallas como Harry Lime.

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