El editorial de Carles Francino: A la caza
"¿Qué sentido tiene entonces construir? Me ha parecido una metáfora de un país que se despeñó con la fiebre del ladrillo, pero que no acaba de encontrar cimientos éticos y morales para construir un nuevo edificio."

Madrid
Si son ustedes oyentes habituales de este programa, conocerán mi manía –casi una obsesión- por alertar de que este país está enfermo, entre otras cosas, de sectarismo. Y no sólo en política; eso vale para la cultura, para el fútbol, vale para todo. No hace mucho incluso nos planteamos si esa tradición de tener enemigos en lugar de adversarios va en nuestro adn o lo vamos incorporando a lo largo de la vida. Yo creo que tiene mucho que ver con la herencia que nos dejó el franquismo, con esa manera tan particular de entender la autoridad y de imponerse al otro, de destruirle. pero posiblemente venga incluso de más atrás; Jaime Gil de Biedma ya dejó escrito aquello de que “España es un intratable pueblo de cabreros”; y Pérez-Reverte, por ejemplo, suele decir a quien quiera escucharle que nuestro problema no son –o no son sólo- los partidos ni los políticos sino que el problemas somos nosotros, la gente ahora que está tan de moda invocar ese concepto.
Me he acordado de todo esto al leer hoy en 'La Vanguardia' un artículo del escritor Antoni Puigverd que se titula “Abatir”, donde asegura que en España la energía política más intensa se destina a la destrucción, a cazar al enemigo por las buenas o por las malas. Y como hacerlo genera adicción y tampoco resulta tan complicado, acaba preguntándose: ¿qué sentido tiene entonces construir? Bueno,… me ha parecido una reflexión muy interesante, muy oportuna, sobre todo por la metáfora de un país que se despeñó con la fiebre del ladrillo, pero que no acaba de encontrar cimientos éticos y morales para construir un nuevo edificio.






