Sábado, 27 de Febrero de 2021

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¡Yo soy Alex North!

En nuestra serie dedicada a las mejores bandas sonoras de la historia esta semana revisamos la música de “Espartaco”, una de las mejores películas del género épico que sirvió además para consagrar a su compositor, el gran Alex North.

¡Yo soy Alex North!

A mediados de los años 50 del siglo XX los estudios de Hollywood se embarcaron en la filmación de grandes superproducciones épicas a fin de plantarle cara a la nueva competencia que suponía la televisión. “Ben-Hur”, “Los diez mandamientos” o “La túnica sagrada” son algunos de los ejemplos más característicos de esa moda. Sin embargo hubo directores como Stanley Kubrick que supieron combinar el espectáculo propio del peplum con una mayor profundidad psicológica de los personajes y lograr así que “Espartaco” pueda considerarse también una película de autor. En el siguiente reportaje de vídeo os contamos todo sobre la creación de la película.

Kubrick supo ir más allá de la épica y añadió a “Espartaco” un lirismo muy particular y un claro mensaje ideológico: la libertad como máximo anhelo del ser humano. En “Espartaco” hay acción y batallas pero también emoción y romance. Toda la película está impregnada de un aire fatalista como presagio del fracaso al que están condenadas las ilusiones de los esclavos rebeldes.

En esa profundidad psicológica que tiene la película juega un papel fundamental la banda sonora de Alex North. El compositor dispuso de todo un año para escribir las más de dos horas de música que tiene “Espartaco”. Es le permitió dedicar tiempo a investigar sonidos de la época del Imperio Romano. También fue una de las primeras bandas sonoras del cine americano en utilizar gran cantidad de instrumentos exóticos como la kithára griega, el sarrusfón o la ondioline, un instrumento electrónico que tuvo que importar de París porque no había ninguno en Estados Unidos.

Toda la partitura de “Espartaco” tiene un carácter netamente innovador. Su lenguaje musical es contemporáneo pero a la vez respetuoso con el contexto histórico. En el documental sobre música de cine “El arte de la colaboración”, Steven Spielberg y John Williams la eligen como prototipo de banda sonora renovadora. Spielberg pone como ejemplo la escena del duelo a muerte entre Espartaco y el gladiador negro.

“La disonancia de la pieza” –explica el director– “hace que parezca música postmoderna. No suena a gladiadores. Tiene elementos de jazz, emplea el contrapunto… te deja de piedra porque tiene tantos matices que te provoca un conflicto interno como el que mantienen Woody Stroode y Kirk Douglas en ese duelo a muerte”.

John Williams por su parte añade: “Esa especie de primitivismo mezclado con un vocabulario armónico y rítmico tan original era nuevo en el cine americano y creo que es un ejemplo excelente de por qué “Espartaco” tiene una de las mejores bandas sonoras que jamás se hayan hecho.”

La música de “Espartaco” es muy variada en temáticas y ritmos. Es una partitura dominada por la percusión y los metales, algo que ya se aprecia en los títulos de crédito donde suena el tema central de aire marcial como anticipo de las grandes escenas de batalla que veremos.

Hay melodías dinámicas y alegres que acompañan al ejército de esclavos en su viaje hacia la costa. Melodías que recuerdan incluso al sonido característico del western. En el otro extremo hay también pasajes más melancólicos y de gran sensibilidad como el que escuchamos en la escena de la noche previa a la batalla final. Pero sin duda el cenit musical de la banda sonora es el bellísimo tema de amor que preside las escenas entre Espartaco y su amada Varinia y que se ha convertido en uno de los clásicos indiscutibles de la música de cine.

“Espartaco” marcó la consagración de Alex North como compositor. El hombre que había ayudado a introducir el jazz en la música de cine con “Un tranvía llamado deseo” o mostrado su talento para ambientar dramas sociales como “La rosa tatuada”, se revelaba ahora como un especialista del género histórico, algo que confirmaría en los años siguientes con otras grandes superproducciones como “Cleopatra”, “El tormento y el éxtasis” o “Las sandalias del pescador”. Pero “Espartaco” sigue siendo su obra maestra, una partitura colosal para una película modélica e inolvidable, de esas que nunca más volverán a hacerse.

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