Puñetera justicia
"Esta tarde vamos a reírnos un poco de la justicia y sus puñetas – que ese es el título del libro- pero sin olvidar que es esa misma justicia la que impide que esto sea una selva."


Madrid
Déjenme que les pregunte una cosa, así de entrada: ¿les han enviado alguna vez a hacer puñetas? Seguramente, sí. o al revés, igual ha sido usted el que ha mandado a alguien a tan sugerente destino porque ha agotado su paciencia. Bueno, lo que no tengo tan claro es que todo el mundo conozca el origen de esta expresión; las puñetas –por si no lo saben- son esos puños blancos bordados, llenos de filigranas muy complicadas, que llevan los jueces en sus togas. O sea que enviar a alguien a hacer puñetas es sinónimo de que le vas a perder de vista un buen rato.
Pero la puñeta, cuyo nacimiento se remonta a varios siglos atrás, es también una metáfora sobre lo delicado, complejo y sinuoso que puede resultar el trabajo de un juez. Y como este colectivo suele estar casi siempre en el ojo del huracán, no está mal que alguien se pare para echarle un ojo, y además que incorpore a su mirada la clave el humor. Reír para no llorar… porque algunas sentencias judiciales darían para un mar de lágrimas. Desde el Constitucional cuando cree que la demolición de una casa no supone violación del domicilio hasta la condena a una lesbiana…como hombre, pasando por un juez que se apoyaba en la biblia para redactar sus fallos u otro que se inspiraba en los payasos de la tele.
Y es verdad que esta antología del disparate judicial da para mucho, de hecho hoy hablaremos de un libro que profundiza en ello….pero no está mal recordar que los disparatados, los vagos, los ególatras, los locos….son los menos, son una exigua minoría. En España tenemos unos cinco mil jueces –y juezas- , más fiscales, secretarios, funcionarios, auxiliares….que resuelven la friolera de nueve millones de pleitos cada año. Y nuestro país funciona también gracias a ellos, a pesar de la falta de medios, de las interferencias y de las presiones. así que esta tarde vamos a reírnos un poco de la justicia y sus puñetas – que ese es el título del libro- pero sin olvidar que es esa misma justicia la que impide que esto sea una selva.






