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DISCOTECA DE ORO

Música para una guerra interior

Hans Zimmer compuso la banda sonora de una de las películas bélicas más singulares de la historia: “La delgada línea roja” de Terrence Malick, una historia que no habla sobre la guerra o el heroísmo sino sobre la corrupción espiritual del hombre.

Madrid

Cuando a finales de 1996 se supo que Terrence Malick preparaba una nueva película, buena parte de los actores más famosos del momento se ofrecieron incluso a trabajar gratis para conseguir un papel en ese rodaje. A Malick se le consideraba un mito, un genio que solo había dirigido hasta entonces dos películas, “Malas tierras” y “Días del cielo”, y las dos en los años 70. Una especie de J.D. Sallinger del cine, enigmático y huraño, que nunca aceptaba entrevistas ni permitía que le fotografiasen.

Notas de Cine (12/04/2015)

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Después de casi veinte años de silencio Malick volvía a la carga con una película bélica que giraba en torno a la batalla de Guadalcanal, episodio que a la postre sería decisivo en el desarrollo de la lucha contra los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. “La delgada línea roja” se estrenó en 1998 con un reparto plagado de estrellas masculinas, aunque no todos los actores corrieron la misma suerte.

Sean Penn, Nick Nolte, Adrian Brody o Jim Caviezel tienen una presencia destacada. En cambio las intervenciones de John Travolta, George Clooney o Woody Harrelson resultan casi anecdóticas ya que apenas aparecen un minuto en pantalla. Aunque peor fue lo de Bill Pullman, Mickey Rourke o Lucas Haas cuyos personajes se quedaron en la sala de montaje. Y es que la película duraba seis horas inicialmente aunque para su estreno fue reducida a algo menos de tres.

“La delgada línea roja” tiene una estructura dramática poco habitual. No tiene protagonistas definidos y combina el punto de vista de varios personajes a la vez. Vemos la guerra desde el interior de sus cabezas, escuchando sus reflexiones y la vemos también desde el exterior, con toda su crudeza y consecuencias.

Lo cierto es que a Malick la guerra le interesaba más bien poco. “La delgada línea roja” está más cerca de la poesía o de un tratado filosófico que del género bélico. El director no tiene ninguna intención patriótica ni antimilitarista. Malick de lo que nos habla es del ser humano. El hombre, cuya maldad innata sale a flote, no al encontrarse con el enemigo, sino al toparse con sus propios demonios.

Y frente a la corrupción espiritual del hombre, la Naturaleza en todo su esplendor, filmada por Malick con una fascinación como pocas veces se ha visto en el cine. La película está llena de planos impactantes, imágenes de una extraña poesía visual llena de intenciones. La sangre que enturbia el agua cristalina de un arroyo, la cría de un pájaro que agoniza tras caer una bomba o la cara de un soldado japonés semienterrada en la tierra donde quedará ya para siempre.

Este mundo narrativo y visual tan particular necesitaba una banda sonora que supiera estar a la altura. El compositor contratado fue Hans Zimmer en contra del criterio de numerosos expertos a quienes no les parecía la mejor elección. Pero el alemán sorprendió a todos entregando una partitura que es para muchos su obra maestra. Zimmer es uno de los compositores más relevantes de las últimas décadas, un músico versátil que se adapta a todos los géneros y muy prolífico además, ya que en los últimos 25 años ha compuesto unas 150 bandas sonoras.

La banda sonora de “La delgada línea roja” se caracteriza por la manera magistral en que se funden música e imágenes. Aunque se trata de una película bélica no hay melodías de gran fuerza, ni fanfarrias, ni temas típicamente de acción. La música surge del alma de los personajes, describe no tanto lo que vemos como el sentimiento interior de los diferentes protagonistas.

Aunque partitura no tiene una melodía principal hay un tema que destaca sobre todos y que se ha convertido en la pieza más reconocible de la película. Se titula “Journey to the line” y acompaña una de las escenas clave de la película, el ataque al campamento japonés. Con un ritmo de reloj y en un lento crescendo que va aumentando de intensidad según va pasando de los acordes de cuerda más bajos a los más altos, la melodía consigue atrapar todo el dolor y toda la tragedia del asalto. Unas escenas que probablemente en otra película bélica se habrían acompañado de música de acción, Zimmer las resuelve con una composición triste y repetitiva que resulta mucho más eficaz, ya que no hay nada glorioso ni épico en esa batalla.

“La delgada línea roja” tuvo en general muy buenas críticas aunque su resultado en taquilla fue bastante discreto. Por proximidad de estreno y temática todo el mundo la comparó con “Salvar al soldado Ryan” de Spielberg. Cada uno se mostraba partidario de una o de otra, pero lo cierto es que no tienen nada que ver. Si alguna película se acerca a la de Malick esas son “La chaqueta metálica” de Kubrick y “Apocalipse now” de Coppola. Y es que a fin de cuentas todos los genios se parecen.

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