Juego sucio
¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre! Lo último que necesitamos en estos momentos es que se utilice a los aficionados –que son los grandes paganos de la fiesta- que se les utilice como rehenes.

Madrid
Ya lo dice el refrán: ¡qué poco dura la alegría en casa del pobre! Mira que estamos en un momento de fútbol extraordinario, saboreando aún el partidazo de anoche en el Nou Camp, soñando con una final Madrid-Barça en Berlín, con el Sevilla empeñado en seguir haciendo historia en Europa, con un final de Liga apasionante, con los ascensos, los descensos, los play-off.....ahora que vivimos el momento de cumbre de la temporada...¡¡¡patapam, bajonazo!!!!, amenaza de huelga por partida doble: la Federación por el reparto de los derechos televisivos y los jugadores por lo que tienen que pagar a Hacienda.


Y entre medias, o en el centro de todo este embrollo: el gobierno. Vamos a ver, este es un terreno abonado para la demagogia y los titulares fáciles, así que tratemos de mantener la calma, pero también digamos las cosas claras. Primero: si hablamos de impuestos, yo creo que no hay mucha discusión: los profesionales tienen que pagar a Hacienda lo que les toque, sea mucho o poco; y si no les parece justo –que igual no lo es, no tengo ni idea- pueden hacer lo que cualquier otro ciudadano: que es reclamar. Y segundo: ya vale, ¿no?
De guerra abierta entre la Federación y la Liga de Fútbol Profesional; llevan años dando la matraca y al final el gobierno –después de mucho tiempo, seguramente demasiado- ha tenido que intervenir por decreto. Y ese decreto –con mayor o menor fortuna- trata de poner orden y mecanismos de control en un sector donde se mueve muchísimo dinero; y donde se ha acabado creando un agujero del quince con Hacienda y con la Seguridad Social. Dicho esto, creo que lo último que necesitamos en estos momentos es que se utilice a los aficionados –que son los grandes paganos de la fiesta- que se les utilice como rehenes. Sería como una entrada por detrás y a la altura de la rodilla.... Por favor, alguien tiene que poner cordura en este berenjenal. Y cuanto antes, mejor.




