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FESTIVAL DE CANNES 2015

Benicio del Toro y la guerra sucia de la CIA contra el narco

El canadiense Dennis Villeneuve recibe aplausos en Cannes con Sicario, un thriller en la frontera mexicana muy crítico con las incursiones armadas en otro país

CANNES, FRANCE - MAY 19:  Emily Blunt, Benicio Del Toro and Josh Brolin attend the "Sicario"  Photocall during the 68th annual Cannes Film Festival on May 19, 2015 in Cannes, France.  (Photo by Venturelli/WireImage)

Venturelli (WireImage)

Sicario es un thriller sobre la CIA, pero, al contrario del lo habitual, evita cualquier atisbo de patrioterismo americano. Es más, el canadiense Dennis Villeneuve realiza un ejercicio de crítica hacía la posición de las fuerzas armadas y los servicios secretos norteamericanos en la lucha contra el narcotráfico en la frontera entre Estados Unidos y México. “Como norteamericano, comparto la responsabilidad de la violencia que hay en la frontera con México. Creo que la violencia es horrible, pero el silencio que lo rodea todavía es peor”, explicaba el director de Enemy o Incendies.

Igual que en Prisioneros, Villeneuve demuestra su maestría para rodar la tensión del thriller y sacar lo mejor de actores como Benicio del Toro, Emily Blunt, en el papel de agente del FBI desbordada por la ilegalidad de la CIA, y un carismático y cínico Josh Brolin. De los tres, es Benicio del Toro quien vuelve a demostrar que es uno de los mejores actores del momento, aunque una periodista norteamericana lo haya confundido con otro gran actor, Javier Bardem. “Es un honor que me confundan con él“, ha contestado entre risas Del Toro.

Es curioso que en este festival las películas más aplaudidas sean dos cintas norteamericanas, como Carol y Sicario, ambas con posibilidades para estar en los próximos Oscar. Y ambas muy críticas con el establishment norteamericano. Si Carol apuntaba al patriarcado de los años 50; Sicario denuncia las intervenciones ilegales de Estados Unidos fuera de su territorio y su discurso oficial de garante de los derechos y libertades del mundo. De ese modo, la denuncia de Sicario es extensible, no solo al narcotráfico: sino a una manera de operar en política exterior.

Sicario es una película con un formato de thriller convencional, pero su brillantez reside en el pulso con el que se ha rodado. Destrás de la cámara hay un realizador muy seguro de sí mismo, que dosifica muy bien la emoción, la profundidad de sus personajes y la capacidad de generar preguntas y reflexiones sin tratar al espectador como un menor de edad. Las escenas de acción no son nada convencionales. Uno de los responsables es Roger Deakins, director de fotografía de los Coen -recuerden, presidentes este año del jurado en Cannes. Decía el propio Deakins en rueda de prensa que han rodado de manera sencilla, con una sola cámara y una planificación que se convertía en improvisación al momento de empezar a rodar.

La otra película de la sección oficial de Cannes ha sido más decepcionante. Marguerite et Julien es la historia de amor incestuoso de dos hermanos en el siglo XVII. Dirigida por Valerie Donzelli y protagonizada por Anaís Demoustier y Jérémy Elkaim, es una cinta artificiosa que consigue el efecto contrario al pretendido. Si Donzelli buscaba abrir el debate sobre el tabú que pesa sobre el incesto en la cultura occidental; lo que logra es que lo veamos como una excentricidad y no como una tragedia real para los amantes y su familia. Marguerite et Julian es un pase de modelos rodrado en un castillo medieval, de cuento de hadas, con arquetipos de buenos y malos y que, como ya hizo Sofia Coppola, mezcla la estética de época con el moderneo musical, produciendo irritación en la sala. Francia no consigue levantar el vuelo en esta sección oficial.

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