Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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La llamada de la historia

Manuel Vázquez Montalbán

" Podríamos imaginar que paseamos por la Boquería, podríamos imaginar que al caer la noche, son los personajes los que salen a pasear...pero la realidad es que somos ustedes y nosotros, ustedes y yo, que esta noche, llamo para contar algo. Aunque creo sinceramente que ya lo he contado todo: ciento cincuenta libros, más de nueve mil artículos. Hasta muerto he publicado.

Una pesadilla, podría pensar usted cómo una persona tiene tanto que contar. Las historias llegaron a mí sin querer, y desde mi nacimiento prácticamente. Con decirles que me encontré con un señor, maleta de cartón en mano, en el rellano de mi casa. Cinco años de vida tenía yo, cara de abatido él. Acababa de salir de prisión y era mi padre. Vamos, este es solamente un ejemplo: las historias llegaban a mí.

pepe carvalho

Hay que beber para recordar y comer para olvidar.

Estudié Filosofía y Letras y Periodismo y eso me permitió convertirme en periodismo, novelista, poeta, ensayista, prologuista, humorista, gastrónomo...¡prolífico en general! Siempre me he definido así.

La conciencia de izquierdas la heredé de aquel señor de la escalera: mi padre. A mí también me tocó entrar en la cárcel, aunque estuve menos tiempo que él me sirvió de mucho, no por correctivo, sino por iniciativa: allí escribí mi primer libro.

Lo de la Seguridad Social me llegó enseguida, una manía como otra cualquiera: que me dieran de alta siempre que empezaba a trabajar en cualquier sitio. Es que he trabajado en muchos medios, he colaborado, he escrito, he dicho, he participado...y yo iba con esto por delante. Todo para morir antes de la edad de jubilación, pero era un derecho, oiga.

De esos que no tuvimos durante años, de esos que quise reinvindicar, de esos que, disfrazados de deporte primero y de novela negra después, expliqué, redacté, pedí y exigí. En mi casa siempre había una máquina de escribir, folio preparado, dispuesta a ser tocada.

Hablando de tocar...mi físico siempre fue tendente a los kilos. Me gustó siempre comer y adelgazar siempre fue algo pendiente, algo que hacía pero que me duraba poco, algo que iba en contra de mi gusto por la gastronomía. Qué le voy a hacer.

Mis personajes me dieron el desparpajo que a este tímido le faltaba. El corazón, siempre débil, no lo arregló ningún Pepe Carvalho. Pero decidió parar donde habían paseado algunos de estos hombres y mujeres inventados..."

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