Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

Masaje con final feliz

Esta semana La Tana se fija en una parte para algunos olvidada: los pies

Madrid

Más allá de utilizarlos para caminar y mantenerlos todo el año con las uñas limadas y coloreadas, mis pies me resultan absolutamente anodinos. Admito que personalmente me interesan lo justo. Lo más sofisticado que hago con ellos es embutirlos en tacones que no pisan asfalto porque me excita lo que no está en los escritos cuando los veo sobre los hombros del que me embiste en una cama. Me gusta follar entaconada..

Hasta que alguien, sin que hubiéramos intimado aún, me obligó a descalzarme y masajeó uno a uno los veintiséis huesos que arman cada uno de los pies deshaciendo los nudos que enredan sus músculos.

Ni siquiera pidió permiso. Dio por hecho y acertó que vería con naturalidad la demostración de cariño que supone masajear los pies de otra persona. ¿Quién puede negarse después de castigarlos con los 10.000 pasos que damos cada día? Primero los acarició con suavidad, manteniendo el hilo de la conversación en la que estábamos enfrascados. Mi pie se rindió entre sus manos, las yemas de sus dedos mutaron en rodillos provocando la sensación esa tan extraña de que te duele… pero también te gusta. Y te gusta mucho. Te gusta todo.

Insistió en el nudo maldito que yo misma ato por mi forma de caminar. Para andar con tacones hay que sufrir. Y han sido demasiados años luciendo palmito fuera de la cama hasta descubrir que es en ella en la única que quiero estar entaconada. Fue centrarse en mi arco plantar y juro que deseé comerle la polla todo lo bien que soy capaz de comerla. A mis pies, aquel tipo clavaba sus dedos en mis epicentros de placer y dolor, a sabiendas de que la cara que yo tenía en ese momento es la misma que luzco cuando me la meten hasta el fondo.

Insistió con las manos sin dejar de retarme con la mirada, sosteniéndola como cualquiera de mis amantes hacen mientras me follan. Apresó con las dos manos aquel pie y no paró hasta que escuchó el bramido que emerge cuando me corro. El que me brota cuando el placer se empeña en ser sonido.

Agotada, agarrando la silla con las dos manos, fui tranquilizando la respiración… Sin más necesidad ni obligación, abrí las piernas y me subí la falda. Quería que siguiera con el resto de mi cuerpo en general y con mi sexo en particular. Porque si de algo estaba convencida es de que yo no me iba a quedar ni mucho menos con las ganas de comerle la polla. Y como él, yo también quería hacerlo hasta el final..

¿Será por eso que la china que me arregla a mí los pies da los masajes a sus clientes varones fuera del salón de belleza en el que estamos las mujeres?

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estas escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir