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Miércoles, 01 de Abril de 2020

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DISCOTECA DE ORO

La gran música del Oeste

Esta semana viajamos con el oído hasta el lejano Oeste. Las imágenes las puso el director William Wyler y la música el compositor Jerome Moross. Os estamos hablando de “Horizontes de grandeza”.

Horizontes de grandeza

“Horizontes de grandeza” es uno de los westerns más famosos de la historia del cine. Pocas veces como en él se han visto en la pantalla los hermosos espacios abiertos y las enormes llanuras de Estados Unidos y pocas veces se han sentido así en el cine las cabalgadas frenéticas y la épica del cowboy.

Esas cabalgadas y esos horizontes grandiosos tienen su fondo ideal en la música de Jerome Moross. Una música que sugiere al mismo tiempo dinamismo, aventura y pasión. Empezando por su tema central, uno de los más famosos de la historia del cine.

Wyliam Wyler dirigió “Horizontes de Grandeza” en 1958 en el mejor momento de su carrera. Es decir, un año después de ganar la Palma de Oro en Cannes con “La gran prueba” y un año antes de arrasar en los Oscar con “Ben-Hur”. Gregory Peck no sólo era el principal protagonista sino que también produjo la película conjuntamente con el director.

En la película Gregory Peck llega al Oeste para casarse con su prometida, personaje interpretado por Carroll Baker, a la que conoció meses atrás en el Este. Es un hombre educado y pacífico cuyos modales chocan en una tierra de rudos cowboys. En contra de su voluntad el protagonista se verá envuelto en una guerra. La que existe entre su futuro suegro y una familia rival por el control de las tierras.

Ese es el tema de la película, el conflicto entre el salvaje Oeste y el civilizado Este. La historia de un hombre tranquilo entre pistoleros que intenta imponer la sensatez frente a la agresividad y el odio. Acompañando a Gregory Peck nos encontramos un antológico grupo de actores y personajes. Charlton Heston es el fiel capataz. Jean Simmons la amiga que tiene la solución para el conflicto; por sus tierras pasa el río que daría agua suficiente a todos. Burl Ives y Charles Bickford dan vida a los dos patriarcas enfrentados. Y junto a ellos la música de Jerome Moross que emerge como un personaje más de la película.

Jerome Moross no se prodigó mucho en el campo de la banda sonora ya que consideraba la música clásica su principal vocación. En el cine comenzó como orquestador de Aaron Copland y Franz Waxman y aunque ya había compuesto algunas bandas sonoras antes fue “Horizontes de grandeza” el título que le lanzó a la fama. El músico se instaló en una cabaña en la reserva nacional del Red Rock Canyon de Nevada para componer la partitura. Aquellos paisajes le inspiraron una música vistosa y alegre que mezclaba el sinfonismo clásico con el folklore musical americano al estilo Copland.

Moross introduce la música siempre en los momentos precisos y de la forma más adecuada. Una de las escenas más famosas de la película es la pelea a puñetazos entre Gregory Peck y Charlton Heston. Los dos protagonistas pelean al aire libre justo antes del amanecer. Ambos empiezan a golpearse en completo silencio. Poco a poco va entrando la música con un ritmo lento y notas graves que sugieren el cansancio cada vez mayor de los rivales hasta que finalmente, los dos, completamente agotados, dan por terminada la lucha.

La otra escena más recordada de la película es la que precede al combate final entre las dos familias en el Cañón Blanco. Charlton Heston y sus hombres amenazan con dejar solo a su jefe, obsesionado con esa pelea sin sentido. El viejo, orgulloso, decide cabalgar en solitario hacia el cañón hasta que Heston, incapaz de traicionarle, cede y se une a él, seguido poco después por el resto de sus hombres. Es una escena sin diálogos en la que la música nos informa de la solemnidad del momento y del peligro de la evidente emboscada.

Curiosamente a William Wyler no le gustó nada la música que Moross había compuesto e intentó rechazar la partitura. Afortunadamente el director cedió y tras el estreno de la película todos los especialistas saludaron la banda sonora como una auténtica obra maestra.  Jerome Moross conseguiría con ella la única nominación al Oscar de su carrera aunque la estatuilla aquel año fue a parar a Dimitri Tiomkin por la música de “El viejo y el mar”. El que sí se llevó el Oscar al mejor actor de reparto fue el veterano Burl Ives.

Como decíamos antes Jerome Moross no tuvo una carrera muy prolífica en el cine. Tras el éxito de “Horizontes de grandeza” compuso otras bandas sonoras notables como “Las aventuras de Huckelberry Finn”, “El cardenal” o “El señor de la guerra” pero a finales de los años 60 abandonó el mundo de la música cinematográfica para regresar a la dirección de orquesta y dedicarse a escribir conciertos y óperas que era lo que de verdad le gustaba. El total de su producción cinematográfica no llega a una veintena de bandas sonoras pero solo por “Horizontes de grandeza” merece un lugar destacado en la historia de la música de cine. Moross demostró que la épica sinfónica resultaba ideal para el western. Otros compositores como Elmer Bernstein con “Los siete magníficos” o Alfred Newman con “La conquista del Oeste”, siguieron su ejemplo y la música del western ya no volvió a ser la misma.

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