Santa y follada
Esta semana La Tana, el alter ego de Celia Blanco, se mete en un lío de barbas


Madrid
Vivo rodeada de mujeres que no recuerdan la primera vez que un barbudo irrumpió en sus vidas y metió la cara entre sus piernas. Alguna ni siquiera recuerdan cómo es besar a un hombre recién afeitado. Menos aún el daño que hacen las cerdas de su barba cuando brotan de nuevo y , esa noche, recorren tus muslos.
Papel de lija raspando el valle, las hondonadas y todo el monte de Venus de mi abrevadero. He amanecido con salpullidos que solo calmó el aceite de rosa mosqueta, con la piel descarnada del fragor de la contienda, moratones en los en los que se distinguían los diez dedos, arañazos en la espalda, mordiscos en la boca; confieso haber terminado igual de torturada que una santa martirizada después de algún que otro un polvo que .. ¡oh qué pena!, como a la Santa Inquisición, a nosotros también se nos fue de las manos.
A mí que el dolor no me gusta por definición, siento un placer especial cuando reconozco las pistas de lo bien me lo pasé la otra noche... Me siento orgullosa. ¡Qué le vamos a hacer! Suponen las medallas de mi incursión en territorio enemigo. Y como tales prebendas las luzco.
Más allá del típico pañuelo estratégicamente situado cerca del cabecero, mi relación con las ataduras y el sadomasoquismo es cero. Me gusta la estética del látex, me encanta que me aten, me vuelve loca que me obliguen a abrir las piernas para que el que toca encaje la mandíbula en el comedor de mi cuerpo. Pero jamás he tenido amo ni he sido sumisa.
Aún así he sido desollada por barbas florecientes que lijaron mis corvas, me he corrido mientras me mordían los pezones y follaban a la vez y he dejado la marca de mis dientes en más de un hombro provocando un derroche de imaginación sin límites si el mordisqueado tuvo que dar explicaciones…
La gracia de enrollarte con un tipo con barba es que será algodón de azúcar lo que rozará tu sexo. Pinta bien…
Me sigue fascinando acariciar las marcas de aquel polvazo en el que me demostraron que el dolor y el placer pueden ser absolutamente exquisitos... A ver si se me cruza un barbudo en mi vida que tenga a bien lacerarme de otro modo…
Yo también quiero ser santa. Santa y follada.




