Muérdeme la gomilla de la braga
El alter ego de Celia Blanco, 'La Tana', se despide hasta la vuelta de vacaciones


Madrid
Todas las hormonas revolucionadas. Efervescentes como un Alka Seltzer arrastrándonos a la perdición de dormitorios propios y ajenos. Más testosterona, más oxitocina y un chorreón de endorfinas sólo porque hay más horas de luz, nos tostamos al sol y pasamos un calor del demonio. Cómo no vamos a arrastrarnos a la perdición si somos una auténtica bomba de relojería y unos yonkis del deseo.
En verano sobredosis.
Aparentamos frialdad y hasta sorpresa cuando el compañero del trabajo, ése que apenas da los buenos días en el ascensor, nos mira como si acabara de descubrir que tienes piernas (sí, dos) y la última tarde que coincidís antes de las vacaciones te invita a una cerveza. La cerveza se acompaña de una ración de lo que sea que se pueda regar con más cerveza. Celebramos antes de huir despavoridos hacia la playa y a las dos de la madrugada no sabes cómo has llegado a este segundo gin tonic y aún menos cómo una hora después estás cuerpo a cuerpo con el borde de la octava planta. Ése que se hace el loco en marzo cuando te ve por las mañanas y que ahora con este calor infernal te arranca las bragas con la boca.
Con lo que a ti te gusta que te muerdan la gomilla de la braga…
Rindámonos a la evidencia de que somos animales. Olisqueamos al de la octava planta hasta encontrarle el aroma ideal para que ya no nos importe que no se percatara de lo buena que estás. Con las dos primeras cervezas aflojamos la mandíbula limando el gesto de cariátide, dándole a nuestra boca la holgura suficiente para cuando haya que abrirla del todo y que nos quepa su polla. Primer gin tonic y se apunta a tu Tanqueray sin florituras; a éste te lo follas fijo.
En verano el pecado se pone de nuestro lado, si es que alguna vez pudo estar del lado de los otros. Nuestras hormonas nos dan la excusa perfecta para ponernos a cuatro patas abriendo todas nuestras posibilidades de ser insertadas. Déjame que te diga que te quiero cuando insistas en beberme lamiéndome entre las piernas; yo dejaré que te lo creas para que a partir de ahora me saludes cada vez que me veas. Solo una auténtica desconocida podría agarrártela con las dos manos dejando un reguero húmedo a base de lametazos. Qué suerte tienes de que me guste tanto esta verga. Qué suerte tienes de que me la quiera comer entera y hasta el final, recogiendo con la lengua todo lo que esparzas.
Recupero los tacones que subí hasta tus hombros en mitad del empalamiento, ajusto de nuevo el vestidito con el que además de las piernas descubriste mis tetas y desaparezco dándote las buenas noches. En verano nuestras hormonas nos dan la excusa perfecta disparándose por encima de nuestras posibilidades. No conozco escenario mejor que una cama cualquiera para que nosotros hagamos el trabajo sucio.
Ya llegará septiembre. Si es que se atreve.




