Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

Empalada y ganada

La Tana, el 'alter ego' de Celia Blanco, vuelve esta semana con una nueva historia

Nos gustamos nada más vernos, nos rozamos en cuanto podemos, nos besamos a la vuelta de la esquina y nos desnudamos en una habitación de hotel justo al lado del trabajo. Hay cientos de polvos con amantes que podrían ser cualquiera sin que tengamos la más mínima intención de ubicarlos en ninguna parcela de nuestra vida. Aparecen, explotan y desaparecen en esa misma detonación para no presentarse nunca más.

Mejor; mucho mejor. El número de hombres o mujeres que pasen por nuestra cama es irrelevante si en cada uno de esos encuentros pusimos una pica en Flandes. Alardeamos de sexo bueno; fardamos de amantes impecables. Nos engañamos a nosotros mismos negando la evidencia de que después del polvo, después del sexo oral, después de todos los besos, lametazos y empujones que te dieron, hubo un instante, una fracción de segundo, que deseaste con todas tus fuerzas que rubricaran tu cuerpo de otra manera.

Que un hombre me penetrara por detrás fue durante años la única práctica sexual con la que ni siquiera había fantaseado. Recreé otras situaciones carnalizándolas rapidito. Supe cómo y dónde me gusta que me laman; aprendí pronto que mi clítoris reverbera de gustazo cuando me lo miman bien. Tardé muchísimo más en saber dónde está mi punto G y hace bien poco que alguien tuvo la gentileza de volvérmelo loco. Ahora sé exactamente dónde me espera y lo visito con frecuencia, la mayoría de las veces acompañada… Cuesta admitir desear la bandera de Japón sin lidiar una batalla. No la quieres si no marcas antes las demás “equis” en la cama: sexo oral y penetración en todas sus versiones, pero repudiando hasta que Marlon Brando te embadurne de mantequilla para abrirse paso.

Hasta que ocurre.

Aún palpitaba entera después de aquella intensa noche de sexo. Notaba cómo la sangre explotaba en mi entrepierna y tenía aún la piel húmeda cuando guié sus dedos hasta el otro orificio invitándolo a entrar de nuevo pero esta vez ahí. Poco a poco, por favor, hazlo con la misma delicadeza que tratarías el tuyo. Colocada a cuatro patas, te doy la espalda a ti que no a tus ganas. Que no se enteren de que nos gusta este otro lado animal, haz que no duela más de lo estrictamente necesario y ábrete paso entre mis dos nalgas para que yo te arrope con ellas, para que yo arquee la espalda y abra mi puerta. Barniza entera tu verga y restriégala en el canalillo del final de mi espalda. Acaríciame, mete los dedos, muérdeme el culo y bésame. Sé el pianista que teclea sobre mi sexo, hazte paso con tu ariete, ganando centímetros y logrando mi complicidad. Sigue tocando mi clítoris, sigue mordiendo mi nuca, sigue metiéndomela hasta dentro para que crea que me saldrá por la boca cuando empujes de verdad.

Gimo. Claro que sí. Grito bien alto y ante quien haga falta que esta mezcla de dolor y placer me ata con dos nudos al tronco que tiró abajo mi muralla. Empalándome. Ganándome. Haciéndome inmensamente feliz.

Si insistes sin pedir, consigues sin rogar.

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estas escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir