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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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El último día del Imperio Español

¿Lo hemos superado?

El que "Los últimos de Filipinas", de 1945, sea la única película popular española sobre la guerra de 1898 y la desaparición de los últimos restos en ultramar del imperio español, es síntoma de una herida mal curada.

El cine de tema militar en España se centra en la guerra de Marruecos y, más tarde, en la Guerra Civil. El cine documental responde con un trabajo cuyo autor nos acompaña virtualmente al pueblo de Baler, y cuyo narrador resulta una sorpresa. Quizás lo que mejor representa el cambio de Baler desde la independencia filipina en 1946, sea una pequeña tienda frente al mar. ¿Su nombre? 'Charlie lo hace'. en el audio se desvela la razón de semejante nombre.

Los últimos de la película del realizador Antonio Román, son un prodigio de valentía, imaginación, de vergüenza torera, tan estériles como los que no supieron reducir el desastre de la pérdida colonial, aceptando los deseos de independencia de cuba y filipinas en un acuerdo de cooperación privilegiada al estilo de la Commonwealth británica. El Gobierno, opina Pío Baroja, no sabía en qué país vivía. «Creía que al saber la derrota, los españoles iban a hacer la revolución, y no pasó nada. Al salir la noticia en Madrid, la gente se fue a los toros y al teatro, tan tranquila, sin hacer, no ya protestas, ni siquiera comentarios».

Cientos de familias estaban hipotecadas por conseguir las mil quinientas pesetas de media que valía librarse de Filipinas. con un jornal medio entre dos y tres pesetas diarias, era un esfuerzo insuperable para muchos. El tiempo empieza a iluminar parte de lo ocurrido durante 337 días de asedio en una iglesia pequeña, rodeada de enemigos, que hasta ahora parecía reposar exclusivamente en el libro escrito por el único oficial superviviente. Manu Leguineche en su libro Yo te diré, escrito con motivo del centenario, viaja por los lugares de la historia, analiza y valora las fuentes; Jesús Balbuena en Los últimos del Imperio, se ha entrevistado con decenas de herederos, como él, que tienen un punto de vista menos heroico y, a menudo, sensación de injusticia.

La pantalla española no ha mostrado el filme Baler, una producción importante para el cine filipino, que narra una historia de amor con el trasfondo del asedio de Baler, elegido hace pocos años como la fecha para subrayar la amistad hispano-filipina.

Unos nueve mil filipinos, la mayoría mujeres, viven en España. Paqui Ramos ha localizado el corazón gastronómico y emocional de la comunidad en Madrid, y ha comido y charlado con algunas filipinas que llevan entre nosotros muchos años.

En 2005, Viduerna de la Peña se hermanó con el municipio de Baler e inauguró el Monumento a la Concordia Universal. Un año después, la Diputación de Palencia tomó el testigo y selló su hermandad con la Diputación de la provincia de Aurora, cuya capital es Baler.

Tras una generación de abandono del español en la educación filipina, ha entrado recientemente como asignatura optativa y Carlos Madrid nos ayuda a entender mejor la situación, desde la dirección del Instituto Cervantes en Manila.

 

 

fILIPINAS EN MADRID

PAQUI RAMOS

Fidela, Semi y Nola llevan más de 35 años en España pero el idioma aún se les resiste. A veces incluso lo mezclan con el inglés y su tagalo natal. “Esto no le pasa a nuestros nietos. Ellos no hablan tagalo. Solo inglés y español” y se echan a reír. Se ríen continuamente. Sobre todo cuando recuerdan su llegada a España. “La gente era muy amable, siempre te decía ‘hola’ “¡Se besaban por la calle! Cuando mi marido llegó de Filipinas y le besé en público se puso rojo…” Y se vuelven a reír. A Semi siempre le decían que era muy guapa por sus rasgos orientales. Claro que, también por eso, siempre la confundían con el personal de servicio. Ella es la única de las tres que nunca ha sido asistenta del hogar.

Fidela y Nola sí. Consiguieron trabajo rápidamente porque “las filipinas tenemos fama de trabajar muy bien. Trabajamos mucho y nunca nos explican nada porque piensan que ya lo sabemos todo”. Antes les pagaban mejor, pero desde que llegaron las latinoamericanas y las rumanas han bajado mucho los precios. “Lo que pasa es que cuando se dan cuenta de que la calidad del trabajo no es la misma, vuelven a buscar filipinos…”

Hablan bien de “los señores” pero deslizan detalles que muestran que no era todo tan bonito. A Fidela le arreglaron sus papeles y los de su marido pero con la condición de que no se trajeran a sus hijos. Y después de dos años se fueron porque no les querían dar de alta en la seguridad social.

Sus hijos están casados con españoles, sus nietos son españoles. Su vida ya está hecha aquí y no volverán a Filipinas más que de visita. Aunque en el fondo sienten un poco de nostalgia “mi patria es mi patria, mi país. Pero aquí se vive mejor” dicen mientras probamos los dulces de arroz que han preparado en casa especialmente para mí.

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