Sábado, 17 de Abril de 2021

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ELECCIONES GENERALES 2015

PP y PSOE admiten la nueva política pero se aferran a las viejas reglas

"Rivera aparece como la nueva derecha, y eso perjudica más al PP. Pero es cierto que Ciudadanos es lo nuevo frente a la vieja política, y eso nos perjudica a todos”, admite el PSOE

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en una foto de archivo

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en una foto de archivo / EFE

El impacto que causó el debate televisivo entre Pablo Iglesias y Albert Rivera no es efímero. De un plumazo todo lo anterior se quedó viejo, y discutir si habrá o no habrá debates electorales resulta ahora irrelevante.

La cuestión es cómo serán esos debates, si rígidos y tasados como hasta ahora o si flexibles, abiertos y sinceros como reclama la ciudadanía.

Si de nuevo se aplicarán las viejas reglas de la representación parlamentaria para incluir a todos los partidos existentes en un coloquio ingobernable y encorsetado o si los candidatos accederán a los formatos que requiere el sentido común.

Si Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se atrincherarán en una propuesta a dos que aleje las nuevas amenazas que ponen en jaque al bipartidismo o si entenderán que hay cuatro fuerzas políticas con capacidad decisoria y que las cuatro deben confrontar su proyecto de país en un diálogo a pecho descubierto.

"Nosotros acudiremos a todos los debates". Es la respuesta automática que se obtiene desde la dirección del PP y del PSOE. Una respuesta que les sirve para salir del paso pero que encierra trampa. ¿Quién es "nosotros"? ¿Mariano Rajoy? ¿Pedro Sánchez? ¿Siempre en todo caso? ¿En cualquier formato?

Lo cierto es que tienen muy claras sus preferencias, aunque no las saquen a la luz. El PP querría que el principal debate de la campaña fuera un cara a cara entre Rajoy y Sánchez. La ventaja, creen, sería doble. Su candidato podría apabullar con los datos económicos a un rival que nunca ha tenido experiencia de gobierno, y el mensaje último sería que solo dos fuerzas tienen posibilidades de gobernar el país y una de ellas, creen, está más preparada que la otra.

De paso, reducirían la imagen desoladora de tres candidatos jóvenes frente a un Rajoy que pertenece a una generación en retirada. Y en el PSOE saben que aceptar un debate a tres entre Sánchez, Rivera e Iglesias, por mucho que apareciera una silla vacía para resaltar la incomparecencia de Rajoy, presenta muchos riesgos.

El candidato socialista acabaría asumiendo en solitario los ataques a la vieja política ante dos rivales que no tienen nada que perder, no cargan con esa mochila de la prudencia que lleva encima un líder socialista vigilado por sus críticos internos y agobiado por los resultados electorales anteriores, que le marcan un suelo del que no puede bajar.

Ha surgido una nueva política, sí, pero a dos meses de unas elecciones cruciales PP y PSOE se agarran a las viejas reglas que les permiten mantenerse en una zona de confort.

La leyenda de las circunscripciones

Estos días recuerda con nostalgia un miembro de la dirección del PP la "regla de Arriola", el gurú electoral, Pedro Arriola, del que Mariano Rajoy no ha prescindido un solo día y del que echará mano también en esta campaña.

"Para ganar unas elecciones en España hay que llegar al 30% y mantener una distancia de al menos cinco puntos con la segunda fuerza".

Hoy, con las encuestas en la mano, esa aspiración es prácticamente imposible. Han surgido dos nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que amenazan con reducir considerablemente las porciones de la tarta.

La ley electoral ha jugado siempre a favor del bipartidismo. La provincia es la circunscripción, y tanto PP como PSOE compartían el mismo secreto: en las provincias pequeñas, sobre todo las que reparten tres escaños, los restos no son de nadie.

El resultado es siempre dos a uno en favor de uno de los grandes. Y esas provincias son fundamentales para superar los cien escaños. Hasta ahora. Como señala uno de los sociólogos que trabaja en este país con datos estadísticos solventes, todo está cambiando. Durante años, las dos primeras fuerzas se repartían más del 60% de los votos, y la tercera en liza nunca superaba el 11% del escrutinio.

Matemáticamente, los resultados eran muy previsibles. Más allá del 30%, cada punto porcentual equivalía a cuatro escaños. Por debajo del 11%, un punto equivalía únicamente a un escaño. Todo ha cambiado ahora.

Podemos, y especialmente Ciudadanos, aspiran a estar cerca del 20% y enfrentar a la Ley D'Hondt, la norma de reparto proporcional aplicada en España desde el principio de la democracia, a un territorio desconocido en el que el resultado de las provincias más pequeñas pueda ser uno-uno-uno, o incluso que el dos a uno dé el tercer escaño a una fuerza nueva.

Por eso el PP repite el mismo mantra. Solo puede formar gobierno la lista más votada. Porque saben que en una situación de empate técnico a tres o cuatro bandas, la nueva política puede hacer estallar las viejas reglas. Como ha ocurrido en Portugal. Y por eso Ciudadanos, la fuerza más deseada ante posibles coaliciones, pactos de gobierno o pactos de legislatura, sugiere que, llegado el momento, tomará la decisión en función de los resultados concretos y del margen de diferencia entre unos y otros.

Y por eso también el PSOE, más allá de repetir su convencimiento de que serán los más votados, no se quiere atar las manos ni caer en la trampa de admitir que debe formar gobierno el partido que obtenga al menos un voto más que su rival más cercano.

La vieja vacuna frente a la izquiera o la derecha

El rival que más miedo da se llama Ciudadanos. Hasta ahora, la sabiduría convencional establece que el partido de Albert Rivera hace más daño al PP que al PSOE. Pero ambos saben que el peligro está en los dos lados.

"Ciudadanos no es la marca blanca del PP", admitía esta semana un miembro de la dirección del Partido Popular. "Es la marca premium de la nueva política, la que más atractiva resulta para los votantes". "En Cataluña, Ciudadanos simbolizó mejor que nadie el voto del no frente al voto del sí de los independentistas, y de ahí su éxito.

Y en general Albert Rivera aparece como la nueva derecha, y eso perjudica más al PP. Pero es cierto que hay un tercer escenario en el que Ciudadanos es lo nuevo y fresco frente a la vieja política, y eso nos perjudica a todos”, admiten desde la dirección del PSOE.

Pedro Sánchez no descuidó la oportunidad de arremeter contra la propuesta de Ciudadanos-retirada y desmentida inmediatamente por la nueva formación-de establecer el copago en la sanidad y en la educación. Un modo de situar claramente a la formación naranja en el bando de la derecha de los recortes. Y el PP aprovecha cualquier ocasión para recordar el apoyo de Ciudadanos al gobierno socialista andaluz y colocarles en el bando de la izquierda dispuesta a saltarse las reglas con tal de desbancar al más votado.

Y como recordaba hace poco un experto electoral que fue imprescindible para González, Zapatero y Rubalcaba, “no hay antídoto para la fiebre de Ciudadanos. Cada uno de los dos grandes lo empuja al otro lado de la frontera, pero hacen sus cuentas con él como futuro socio; y él se expande en ambas direcciones”.

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