Jueves, 03 de Diciembre de 2020

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A mano y a máquina

Escribimos cada vez menos y peor, en el fondo y en la forma. La buena caligrafía también está en peligro de extinción por culpa del abuso de los teclados y las pantallas. Neurólogos y psicopedagogos recomiendan combinar nuevas tecnologías, papel y bolígrafo. Tomen nota.

Nuestra letra es personal e intransferible, ajena a las estadísticas y reacia a los tópicos. No todos los médicos tienen una letra ilegible, no todas las chicas dibujan un círculo como punto de las íes, no todos los que estudian más años de carrera destrozan su caligrafía, no todos nuestros mayores conservan un trazo perfecto por haber escrito menos años a máquina.

Sí es cierto que, “comparada con la de hace medio siglo, nuestra caligrafía es mucho peor, pero no hay que dramatizar. La caligrafía es importante, pero en nuestro tiempos ha adquirido una limitada utilidad diaria”. Así de tajante se muestra Enrique Castillejo, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Pedagogos y Psicopedagogos de España. “Vivimos tiempos en los que parece que la novedad tiene que anular lo anterior. En este mundo tecnológico, la escritura tradicional ha dejado de tener sentido, ya que el nuevo medio natural es digital”.

Una buena caligrafía aporta un elemento diferenciador de nuestra personalidad. Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología, nos explica que “se han realizado experimentos que han permitido demostrar que, mientras escribimos a mano, estamos realizando una actividad en la que se activan muchas áreas de nuestro cerebro, relacionadas con el sonido, la comprensión y la ortografía”. Está comprobado que la actividad neuronal en estos campos es menor cuando escribimos con el teclado.

La escritura tradicional sirve para organizar mejor las ideas, incluso ayuda a expresar sentimientos, pero hemos llegado a un punto en el que escribimos a mano a toda velocidad, para tomar notas o ideas sueltas. Unas prisas que han acabado con la buena ortografía y presentación de los textos, hasta el punto de que –cada vez en más ocasiones—ni siquiera entendemos nuestra propia letra.

Si es su caso y va a peor, primero hay que descartar que no sufra un tipo de lesión cerebral que afecta a una estructura denominada cuerpo calloso posterior. Estos pacientes son capaces de escribir al dictado pero luego no pueden leer lo que han escrito. Son víctimas del llamado síndrome de la alexia sin agrafia, aunque no es lo habitual, no hay que alarmarse, como concluye el doctor Tejero: “la mayoría de las veces que no podemos leer lo que hemos escrito la culpa la tenemos nosotros mismos, por no prestar demasiada atención a las letras que estamos dejando sobre el papel”.

Aquí también importa el fondo y la forma. No es una buena idea escribir cartas de amor a máquina, como tampoco miramos bien que nos den la factura de un restaurante o una entrada de cine escrita a mano. Los expertos consultados por La SER coinciden en la idea de combinar ambos métodos para conseguir un esfuerzo paralelo entre la buena escritura y la habilidad digital. Escribir a mano estimula el cerebro y facilita la comprensión lectora, es obligatorio desde nuestra Educación Primaria y es muy saludable cuanto más mayores somos.

Y agradezcan que el autor no haya tenido que escribir a mano estas líneas. De la mala caligrafía también se libran los periodistas que trabajan en la radio y publican en internet.

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