Lunes, 18 de Octubre de 2021

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ROAD TO MILÁN. CAPÍTULO IV

Soldado de Mourinho

En una plantilla en la que militan futbolistas de la talla Hazard, Cesc o Diego Costa, es Willian el que está salvando los muebles del Chelsea

Willian celebra un gol con el Chelsea

Willian celebra un gol con el Chelsea / Andrew Couldridge (REUTERS)

"Prefiero perder a ganar para Mourinho". Durísima, la supuesta confesión de un jugador del Chelsea a Garry Richardson, periodista de la BBC que la revelaba el domingo pasado sin llegar a dar el nombre del autor de la frase. No sabemos si la confesión existió o no, pero podemos poner la mano en el fuego para aseverar que el brasileño Willian Borges no dijo semejante tontería (la frase en sí revela una falta de profesionalidad infinita, la diga quien la diga). Willian está tirando del Chelsea. En una plantilla en la que militan futbolistas de la talla (y el precio) de Eden Hazard, Cesc Fàbregas o Diego Costa, es el brasileño de pelo ensortijado el que está salvando los muebles para un Chelsea cuyo funcionamiento colectivo sigue siendo deficiente. Willian tiene un golpeo de balón extraordinario, un cambio de ritmo bestial que le permite desbordar con mucha facilidad a sus marcadores, una calidad asociativa más que aceptable y ganas. Coraje. Con él no funciona el cliché de que las estrellitas brasileñas nunca corren hacia atrás. Willian no tendrá el talento de Neymar, Ronaldo o Romario, pero siendo claramente el mejor del inicio de temporada del Chelsea no se ha relajado ni un ápice. Su compromiso defensivo sigue intacto, quizá más vivo que nunca. Es el que decide (golazo de falta cuando se acercaba el final) y el primero que corre a presionar. Oro para el Chelsea. Un soldado de Mourinho.

188 centímetros de talento escondido

Se le presentaba a Adrien Rabiot un complicado reto el martes por la noche. A eso de las 21:00 su compañero Marco Verratti se lesionaba. Con Javier Pastore en París, pasando un proceso gripal, la mirada de Laurent Blanc se plantó en el joven centrocampista francés. "Allez Adrien", o algo así me pareció leer en los labios de Blanc cuando se dirigía a su banquillo, alertado por la lesión de Verratti. Todavía no había disputado ni un minuto en esta Champions Rabiot y lo iba a hacer en el Santiago Bernabéu y con el peso de sustituir a un crack. A muchos, aún dotados de gran calidad, se les habría comido el escenario. Pero no fue el caso de Rabiot. Me advirtió de la calidad del medio francés mi amigo José David López (enorme conocedor del fútbol francés) ya hace años. Pero no sabía que de carácter también iba sobrado. Jugó en el estadio que más Copas de Europa alberga como lo hubiera hecho en el patio de su casa. No dudó en pedir el balón, lo repartió con maestría, se asomó a las posiciones de peligro y, tácticamente, entendió que tenía que dejar espacio por dentro para que apareciera Di María (MVP del partido el argentino, sin duda). La carta de presentación de Rabiot ante el gran público fue un regalo. Tipo desgarbado, de 1'88. De tez paliducha y barba incipiente, como de adolescencia tardía. Y es que el chico tiene sólo 20 años. Tiene talento, pero está demasiado opacado por los Motta, Matuidi, Pastore y Verratti. Con unos pantalones vaqueros estilo pitillo y una chupa de cuero, con ese pelo rizado de rebelde sin causa, colaría perfectamente como estrella de Pop-Rock. Viéndole la pinta, si me dicen que es el bajista de los Arctic Monkeys me lo creo sin dudar. Pero resulta que el chico juega a fútbol y bastante bien, además.

Gigante ruso, goles a pares

Si nos limitamos a mirar los resultados, el mejor equipo de lo que llevamos de Champions League es el Zenit de San Petersburgo. Los rusos, dirigidos por André Villas-Boas, son los únicos lo han ganado todo. Cuatro victorias en cuatro partidos. Y cuatro es también el número de goles que acumula en esta competición el gigante ruso, Artem Dzyuba. Sólo le supera Cristiano Ronaldo que lleva 5 tantos. Ha explotado algo tarde. Tiene ya 27 años pero es uno de los delanteros más en forma del continente. Se acaba de ganar la titularidad en la selección rusa (desde la llegada de Slutsky es un fijo) a fuerza de goles, de arrastrar centrales y de saber jugar de espaldas a portería. Ha marcado los goles más decisivos para que Rusia haya remontado y, ya sin Fabio Capello, haya sacado billete para estar en junio en Francia. Le veremos en la Eurocopa si no pasa nada raro. Ha marcado 13 goles en los últimos 13 partidos que ha disputado. Al gigante ruso (mide 1'94) se le caen los goles de los bolsillos.

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