Cuídame como un padre, plántame cara como un oso y fóllame como un animal

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Madrid
Quiero aprender a jugar al billar. Quiero que me enseñen la técnica, que alguno tenga la santa paciencia de ilustrarme y poder ver más allá de golpear la bola con el taco y estamparla contra dos más. Eso ya sé hacerlo. Llevo toda la vida tropezando con muchos, desplazando a alguno y quedándome justo al lado de cualquiera que pasaba por ahí.
¿No se juega así?
Bolas coloreadas o rayadas todas a nuestra disposición.
Los que buscas y los que encuentras. Los que pasan como una exhalación. Los que te meten mano por la calle, apasionados de ida pero también sin vuelta. Sexo del bueno por lo efímero, por empotrarme aunque sea una única vez en un hotel a mitad de camino del trabajo de los tres. ¿De los tres? Sí, de los tres. Juguemos también al billar francés. Que menos que en estas uno de los dos tenga la santa decencia de saber follar también con mucho amor.
Así comparas. Así decides. Así eliges qué tipo de polvos quieres. Válidos todos, incluso los de la sonrisa inmensa si la noche lo merece o los del rictus hierático de las vírgenes si el infeliz fue un patán.
Decide hasta dónde quieres llegar y qué quieres sentir. Aférrate a todas las buenas vergas, escala hasta las tetas más altas, besa, chupa, lame amando y odiando en la misma desbordante proporción. No pudiste ser solo la amante de los que eran tan listos, tan buenos y tan perfectos como para los quisieras para ti; mezclaste las estrategias hasta llegar a una única conclusión: Cuídame como un padre, plántame cara como un oso y fóllame como un animal.
Así haremos carambola.




