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Viernes, 22 de Noviembre de 2019

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La conversación entre Nelson Mandela y el pianista salvaje del jazz

El año que Mandela entró en prisión Bill Evans grabó un disco clave en la historia del jazz, un disco que daría nombre a las memorias del político

Nelson Mandela es recibido por sus seguidos en Durban en abril de 1994 /

En junio de 1964, Nelson Mandela fue condenado a cadena perpetua por su pertenencia al brazo armado del CNA. Ya estaba en prisión cuando recibió la sentencia y entre rejas pasó los siguientes veintisiete años. Su lucha contra el apartheid lo llevó a la cárcel, a perder media vida aislado del mundo, de su familia y sus amigos.

El mismo año que Mandela escuchó su condena, Bill Evans recibió el Grammy por 'Conversations with myself', uno de los trabajos más impresionantes de la historia del jazz. El disco del pianista y la condena del futuro presidente de Sudáfrica están unidos por el tiempo y el contexto. Mandela, como Evans, mantuvo durante su largo encierro infinitas conversaciones consigo mismo. Durante aquellos largos años, Madiba se replanteó muchas cosas. Pensó sobre el capitalismo, el racismo, la superación de los conflictos y buscó soluciones a los profundos traumas de su tierra. Bill Evans, a su manera, hizo algo parecido. De un modo más mundano, más íntimo.

El triste pianista, que no canta en ninguna de las canciones del álbum, reflexiona acariciando las teclas, buscando soluciones a sus males, consuelo a sus pesares. Si Mandela hubiera tenido la oportunidad de escuchar música durante su encierro, el de Evans hubiera sido un gran compañero, una banda sonora para todas aquellas conversaciones en soledad, las conversaciones que a su salida de prisión acabarían con el apartheid, con ese último bastión de la segregación entre blancos y negros. La música de aquel disco hubiera dado consuelo a Mandela, le hubiera hecho compañía en las horas más oscuras de aquellos largos años.

El 11 de febrero de 1990, Nelson Mandela salió de prisión entre bailes y cantos. Bill Evans había muerto en 1980, su condena fueron las drogas. El pianista peleó durante décadas contra las adicciones. Su vida fue descrita por un amigo como el suicidio más largo de la historia. Evans tenía 50 años y dejó un inmenso legado musical. Mandela, por su parte, todavía no había comenzado su gran obra política. En los siguientes años apenas paró. Se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica y unió al país antes de dejar el gobierno tras cuatro años. Acabó con el apartheid y recibió el premio Nobel de la paz. Mandela se convirtió en un símbolo, en una leyenda viva.

En 2010, Mandela recuperó su historia, revivió su pasado en un libro de memorias, curiosamente se tituló 'Conversations with myself', igual que el álbum que Bill Evans compuso cuando el sudafricano entraba en prisión, un disco que unió ambas condenas, la del pianista drogadicto y la del político encerrado durante décadas.

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